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    Necesitados de buenas noticias

    No es lo mismo ni es igual | Pablo Mella, Instituto Filosófico Pedro F. Bonó. 
    NECESITADOS DE BUENAS NOTICIAS 
    En la misa de medianoche de la fiesta de Navidad, la liturgia de la Iglesia católica medita el capítulo 2, versículos 1-14, del Evangelio de Lucas. En el versículo 10, concretamente, aparece un verbo que resume lo que implica la llegada del Mesías al mundo para la fe cristiana. Se encuentra en el momento en que el ángel comunica a los pastores la voluntad de Dios. El mensajero de Dios comunica que viene a “anunciar una buena noticia” (evangelízomai); o traducido literalmente (pues se trata de un verbo) el mensajero de Dios “evangeliza”.
    Durante el mes de noviembre, sobre todo a raíz de la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional que despojó de la nacionalidad a miles de dominicanos, la prensa nacional se ha llenado de “malas noticias”, especialmente en los medios de comunicación que han optado por apoyar sin matices el contenido de la sentencia. Se puede incluso tener la impresión de que la práctica periodística dominicana se nutre y crece con “malas noticias”.
    En esta reflexión de fin de año de nuestra columna “No es lo mismo ni es igual” queremos aprovechar el sentido evangélico de la Navidad para meditar sobre la necesidad que todos tenemos de “buenas noticias”. Para eso puede ayudar entender la práctica noticiosa como una “acción comunicativa” y de esta categoría derivar una serie de cualidades propias del acto de “anunciar buenas noticias”.
    1) La práctica periodística como acción comunicativa
    Ya que “evangelizar” es un verbo conviene considerar la práctica periodística en su condición de acción. En este sentido, el servicio de información veraz, justa y honesta, que constituye el núcleo de la práctica periodística, debe entenderse como una “acción comunicativa”. Así, esta categoría sociológica podría ayudar a explicar la faceta social de la “evangelización”.
    Siguiendo libremente las reflexiones del filósofo alemán Jürgen Habermas, puede entenderse una “acción comunicativa” como una conducta racional y social. En cuanto conducta racional, ella implica una búsqueda consciente de la validez de lo que dice. Es decir, una acción (en este caso, la noticia periodística) no puede ser formulada de tal manera que su destinatario quede preso de la noticia, o dicho en otros términos, que se vea manipulado por una información servida de manera tramposa. Por el contrario, una acción comunicativa ofrece la información de tal manera que el destinatario pueda juzgar su contenido y actuar a su vez responsablemente de acuerdo con su conciencia. Como acción comunicativa, una noticia sugiere planes de acción razonables para quienes la reciben. Esto nos lleva a la segunda característica de una acción comunicativa: ella es social.
    Decimos que una acción comunicativa es “social” porque tiene la capacidad de coordinar las acciones de las personas sin exclusión ni violencia. Es decir, una acción comunicativa construye los vínculos sociales de manera razonable. Por eso, en un primer momento puede adquirir un tono crítico o de denuncia. Este matiz crítico consiste en señalar todo aquello que produce dominio y exclusión, o lo que es lo mismo, la imposición forzada de una persona o grupo humano sobre la voluntad razonable de otros. En pocas palabras, la noticia como acción comunicativa milita contra toda forma de abuso y manipulación.
    En el caso del anuncio del ángel, hay una invitación muy concreta a los pastores: se les instruye ir a visitar a una familia nazarena migrante que viene a registrarse siguiendo el ordenamiento legal del Imperio romano. Esta familia se encuentra en una situación muy precaria: la madre da a luz fuera de su tierra, sin el apoyo del colectivo social. A su hijo no se le reconoció su condición de pertenecer al “linaje de David”, pues ni las leyes romanas ni las leyes judías vigentes, que beneficiaban a la élite religiosa y política de la capital, protegían la dignidad de familias como esa, porque no gozaban la condición de “ciudadanas romanas” o de “pureza nacional de acuerdo a las leyes del Templo”. Por ser “galilea”, proveniente de “tierra de gentiles”, la familia del Hijo de Dios padece un trato excluyente y el niño recién nacido ha de ser acostado en un pesebre, pues para gente como él “no había lugar en el albergue”.
    Esta estructura mental de menosprecio social denunciada por el Evangelio de Lucas fue reproducida y alimentada por una infeliz noticia publicada sensacionalistamente en el periódico “Hoy digital” el 12 de noviembre pasado. Ella “informaba” que una “Haitiana se orina y defeca en la bandera nacional dominicana; también duerme sobre ella”. Esta noticia fue acompañada por un video que fue colgado nuevamente por decenas y decenas de dominicanos nacionalistas en sus blogs y “facebooks”. Estas personas patriotas, preocupadas únicamente por “la bandera”, fueron incapaces de mirar a una extranjera enajenada, a una hija de Dios, padeciendo los estragos de la pobreza ,la enfermedad y la indiferencia social. Por ejemplo, nadie se preguntó de dónde pudo haber venido la bandera. Las frases de odio que engendró esta noticia invalidan, dados sus efectos, su condición de “acción comunicativa”. El periódico “Hoy” quitó la noticia escrita de la página web, pero dejó el video colgado (http://hoy.com.do/videos/todos/haitiana-se-orina-y-defeca-en-la-bandera-nacional-dominicana-tambien-duerme-sobre-ella/), enmendando solo parcialmente su error. ¿Permitirían los dueños del periódico, los directores o el periodista que la escribió que saquen a su madre enajenada defecando, en medio de su desorden mental, en el patio del vecino? ¿Es esto una “buena noticia”? La regla de oro, adoptada por el nazareno Jesús, muestra su sensatez una vez más: “no le hagas a otro, lo que no quieres que te hagan”.
    2) Cualidades de una buena noticia
    La necesidad que tenemos de contar con “buenas noticias” invita a meditar sobre sus cualidades específicas. Siguiendo la idea de que el dar una buena noticia constituye una “acción comunicativa”, se pueden inferir las siguientes cualidades de toda buena noticia.
    2.1 Veracidad. La noticia servida tiene que estar al servicio de la verdad. Las acciones humanas son complejas, por eso las noticias no han de escribirse de manera unilateral ni ficticiamente dramatizadas. En la medida de lo posible, una buena noticia se esfuerza en contextualizar el acontecimiento, mostrando las diversas facetas que implica el acontecimiento para que este no se vea convertido en “mercancía noticiosa”, es decir, en “algo que vende” y sube el rating o la circulación del medio de comunicación.
    2.2 Moralidad. La noticia servida debe reforzar normas y valores que mejoren a las personas, haciéndolas más reflexivas. Las noticias deben crear disposición a la solidaridad, al respeto ajeno, a la escucha del punto de vista del otro. Por el contrario, debe evaluarse negativamente una noticia si ella siembra odio y división. Las buenas noticias deben apuntar a reforzar el Estado de derecho y a través de este, la resolución razonable de los conflictos.
    2.3 Honestidad. La noticia debe ser honesta; esto se mide por el tacto en el momento de servir la información. No puede responder a sentimientos no discernidos del periodista o al propósito de “impactar” a los lectores o a la audiencia. No puede ser que la práctica noticiosa oculte determinados documentos con vistas a crear “un malo de la película” que concite el odio de la opinión pública. Fue la experiencia que tuve el mes pasado en el caso de una noticia sensacionalista sobre un centro de salud al que se le quería hacer daño. El programa prefirió seguir la mentira para ganar dramatismo, y poner en la pantalla de televisión a familiares llorosos de pacientes afectados, es decir, prefirió convertir en mercancía noticiosa el dolor ajeno. El fingimiento y el exhibicionismo militan contra la buena práctica periodística.
    2.4 Claridad educativa. En un mundo complejo, y en un país con unos niveles de educación formal tan pobres, la “buena noticia” debe ser un instrumento educativo. El que anuncia ha de preguntarse, por ejemplo: ¿qué será capaz de hacer la persona que lea o escuche esta noticia? ¿Comprenderá mejor los aspectos implicados en el hecho? Por eso, una primera pregunta que se debe de hacer el que sirve una noticia es: ¿ha quedado clara? ¿Es comprensible para el destinatario que se supone tendrá acceso al medio? Y una segunda pregunta sería: ¿quedará mejor formada su conciencia al finalizar la lectura o la emisión?
    2.5 Libertad e imparcialidad. En fin, una noticia bien servida solo puede nacer de una profunda libertad, pues ella garantiza la imparcialidad. Es sensato considerar que ningún ser humano es totalmente libre; por esta razón, los servidores de noticias deben considerar su libertad como una conquista progresiva. Es racional reconocer lo nefasto que resulta para la vida democrática una sociedad donde la libertad de prensa está prohibida o profundamente limitada. Pero este hecho no debe de dar pie a una cierta idea de “libertad infinita e irresponsable”, que muchas veces se ve reflejada en los productos noticiosos dominicanos. Por un lado, existen noticias “aduladoras”, que cantan las maravillas de los sectores de poder que poseen los medios de comunicación, o de los sectores políticos o sociales coludidos con ellos. Por otro lado, existen noticias “denostadoras”, que barren con la reputación de cualquiera sin el menor escrúpulo, sin que nadie se haga responsable de los efectos perjudiciales. En este sentido, se podrá tener como indicio de libertad la imparcialidad o el equilibrio de juicio que publicita la noticia.
    3) Les traigo una buena noticia
    La Navidad converge, pues, en el anuncio de una buena noticia. Desde el margen del poder, se reconoce la dignidad de todas las personas más allá de cualquier división creada por los intereses humanos y se dan pistas sencillas y lúcidas para mejorar la vida humana. El evangelio implica cancelación de toda exclusión social. Por eso desde el cielo, según la narración de Lucas, “una legión celestial” canta en el mismo tono del misterio revelado en el pesebre de Belén: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace” (v. 14). ¿Y quiénes son esos “hombres en quien Dios se complace” promoviendo la paz, el Shalom judío sinónimo de vida digna? Sencillamente, todos los seres humanos, sin exclusión (v. 10), que necesitan de buenas noticias para poder vivir en plenitud.

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