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    La Biblia y el Periódico

    Fe y Vida | Juan Manuel Pérez.  
    Con la Biblia y el periódico debajo del brazo.  
    Nos decía un maestro en el periodo de formación que el predicador del evangelio tiene que andar con la Biblia debajo de un brazo y con el periódico debajo del otro, porque la predicación no un adoctrinamiento sobre verdades reveladas, sino el anuncio del amor de Dios a todos los hombres y mujeres y la gente tiene que percibir la predicación como buena noticia ante los problemas y dificultades que encuentran en la vida.

    Tenemos una idea negativa de la salvación: no ser condenados, no caer en el infierno. Pero la salvación cristiana tiene un sentido eminentemente positivo: llegar a la plenitud de vida. Cada hombre y mujer debe considerar la vida como un caminar hacia la perfección, desarrollando las capacidades de la naturaleza humana que, para un creyente en Jesucristo, consiste en participar de la vida divina. Esto quiere decir que uno se salva, o mejor dicho, que uno está en el camino de la salvación, cuando vive su existencia siguiendo los pasos de Jesús de Nazaret, modelo de todo ser humano según proyecto de Dios. La salvación no es evitar la condenación, sino llegar a la vida eterna.

    Debemos dar por supuesto que la fe no nos saca del mundo y que tendremos que enfrentar los mismos problemas que todos los hombres y mujeres, tengan fe o no. Sería estar soñando si creyéramos que, por confiar en la providencia divina, Dios nos va a librar de todos los peligros y males. La fe señala el camino a seguir, pero no nos libra de la lucha.

    Con el periódico debajo del brazo. Estar informados es una necesidad que siente toda persona, sea o no creyente. Basta ver las diligencias que hacen los que se dedican a los negocios, los financieros y también los que juegan a la lotería o gastan dinero en casas de apuestas. Antes de hacer la compra o antes de apostar por un número o por un equipo sopesan las posibilidades y los riesgos que corren. El evangelio alaba la astucia del administrador infiel y dice que los de este mundo, los que se dedican a los negocios, son más diligentes en sus asuntos que los hijos de la luz (cf Lc 16,8).

    El periódico, a pesar de que hoy disponemos de otros medios de información más rápidos y eficaces (radio, televisión, internet), sigue siendo el símbolo de la información de lo que pasa en un mundo marcado por la violencia, la marginación y la negación sistemática de la condición humana de muchos grupos humanos. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que los medios de comunicación, salvo algunos casos, informan de lo que pasa en el mundo interpretado por la ideología del periodista. Hablando en general, la información que nos ofrecen los medios de comunicación social nos deja insensibles, porque no va con nosotros. La información que llega a tocar nuestra sensibilidad es el contacto personal con la gente, sentir sus problemas y dificultades como si fueran nuestros y, de manera especial, compartir su experiencia.

    La salvación es iniciativa de Dios, pero exige nuestra responsabilidad. Por eso no basta conocer el proyecto de Dios (creer en la revelación), sino que es necesario ponerlo en práctica en nuestra manera de actuar y para eso debemos saber que está pasando en nuestro ambiente. La preocupación por discernir los signos de los tiempos entró en la iglesia con el papa Juan XXIII al convocar el Concilio Vaticano II viendo en los signos de los tiempos las señales de la presencia o de la ausencia de Dios en los acontecimientos. Y el papa Francisco ha emprendido la renovación (reforma) de la curia del Vaticano viendo las señales del desvío de misión propia de la iglesia en la manera de actuar de altos funcionarios de la Curia de Roma.

    Velar (estar atentos) es una exigencia de la vida cristiana. Jesús insiste continuamente en ello y criticó con dureza a los fariseos porque saben interpretar los aspectos del cielo, pero no saben discernir los signos de los tiempos (cf Mt 16, 1-4). Y san Pablo insiste en lo mismo: No vivan como tontos, dice a los cristianos de Éfeso, sino como gente responsable; sepan aprovechar el momento presente, porque los tiempos que corren son malos. Por eso no se dejen estar, sino traten de comprender cuál es la voluntad del Señor (cf Ef 5, 15-17).

    Tenemos que estar atentos no sólo a lo que pasa en el mundo, sino también a la situación y a las circunstancias concretas de nuestra vida personal y del entorno en el que podemos influir para que no nos pase lo que pasó en tiempos de Noé: comían, bebían, se casaban y no se daban cuenta de lo que venía hasta que llegó el diluvio y se los llevó a todos (cf Gen. 6).

    Llevar la Biblia debajo del otro brazo significa andar por la vida teniendo la Palabra de Dios como guía cuando tomamos una decisión importante. La Biblia afirma, es verdad, que todo lo que se refiere a la salvación de la humanidad es iniciativa de Dios, pero esto no excluye nuestra responsabilidad. Dios es providente y nos protege, pero lo hace respetando nuestra libertad, motivando nuestra responsabilidad. No somos marionetas manejadas desde fuera por una mano invisible, ni estamos sometidos fatalmente a un ciego destino o a la suerte; somos personas y, por lo tanto, tenemos capacidad para distinguir entre lo que es conveniente y lo que no lo es, entre lo bueno y lo malo y podemos optar por lo que creemos más oportuno. Sin embargo, corremos el peligro de dejarnos arrastrar por la corriente o la tendencia que está de moda y que la promoción y propagada, través de medios de comunicación, nos la presenta de forma tan atractiva y convincente que llegamos seguir la corriente es una necesidad vital. San Pablo advierte de este peligro: no se acomoden el mundo presente y cambien su manera de pensar si quieren conocer la voluntad de Dios, es decir lo que es bueno, agradable y perfecto (cf Rom 12. 2).

    No podemos vivir a tientas como los ciegos, a lo que salga. La fe en Jesucristo como salvador es como una luz que nos señala los puntos de referencia que dan sentido a nuestra vida como seres humanos y como creyentes, llamados a participar en la vida divina. Pero tenemos que estar atentos, porque habrá momentos en que hay que luchar y resistir.

    Por otra parte, la Biblia dice expresamente y con toda claridad que el proyecto de salvación no es para unos cuantos privilegiados, sino para todos los hombres y mujeres sin distinción de ninguna clase. Ante una calamidad que afecta a una persona o a una familia, se oye comentar: menos mal que no me tocó a mí. Lo que podría interpretarse que sólo nos preocupamos por lo que nos afecta directamente a nosotros o a los nuestros, pero nos tiene sin cuidado lo que le pase al otro. Jesús llama “benditos de mi Padre” a los que sintieron compasión por los necesitados y los socorrieron. Tuve hambre y ustedes me dieron de comer… (cf Mt 25, 31-46). No completamos la cita, porque la sabemos de memoria.

    Con el periódico debajo del brazo nos enterarnos de la marcha del mundo, de la situación en que vive mucha gente (también cerca de nosotros) que, más que vivir, se arrastran por la vida y, por otra parte, la Biblia nos da los criterios válidos para discernir, entre tantas informaciones, lo que va en la línea del reino de Dios y lo que impide su llegada y, de ese modo, podemos orientar nuestra vida como personas creyentes. adh 776.

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