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    Mensaje Comunicaciones Sociales

    Jornada Comunicaciones Sociales | Santa Sede: Comunicar la familia: ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor 
    Mensaje del papa Francisco en 30 reflexiones 
    "El tema de la familia está en el centro de una profunda reflexión eclesial y de un proceso sinodal que prevé dos sínodos, uno extraordinario –apenas celebrado– y otro ordinario, convocado para el próximo mes de octubre. En este contexto, he considerado oportuno que el tema de la próxima Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales tuviera como punto de referencia la familia. En efecto, la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar."
    1. Podemos dejarnos inspirar por el episodio evangélico de la visita de María a Isabel (cf. Lc 1,39-56), que nos muestra ante todo la comunicación como un diálogo que se entrelaza con el lenguaje del cuerpo.
    2. Exultar por la alegría del encuentro es, en cierto sentido, el arquetipo y el símbolo de cualquier otra comunicación que aprendemos incluso antes de venir al mundo.
    3. El seno materno que nos acoge es la primera «escuela» de comunicación, hecha de escucha y de contacto corpóreo, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo externo en un ambiente prote-gido y con el sonido tranquilizador del palpitar del corazón de la mamá.
    4. Después de llegar al mundo, permanecemos en un «seno», que es la familia. Un seno hecho de personas diversas en relación; la familia es el «lugar donde se aprende a convivir en la diferencia».
    5. Nosotros no inventamos las palabras: las podemos usar porque las hemos recibido. En la familia se aprende a hablar la lengua materna, es decir, la lengua de nuestros antepasados.
    6. En la familia se percibe que otros nos han precedido, y nos han puesto en condiciones de existir y de poder, también nosotros, generar vida y hacer algo bueno y hermoso.
    7. Podemos dar porque hemos recibido, y este círculo virtuoso está en el corazón de la capacidad de la familia de comunicarse y de comunicar; y, más en general, es el paradigma de toda comunica-ción.
    8. La experiencia del vínculo que nos «precede» hace que la familia sea también el contexto en el que se transmite esa forma fundamental de comunicación que es la oración.
    9. Así, la mayor parte de nosotros ha aprendido en la familia la dimensión religiosa de la comuni-cación, que en el cristianismo está impregnada de amor, el amor de Dios que se nos da y que nosotros ofrecemos a los demás.
    10.
    Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como des-cubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reír y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras.
    11. Reducir las distancias, saliendo los unos al encuentro de los otros y acogiéndose, es motivo de gratitud y alegría: del saludo de María y del salto del niño brota la bendición de Isabel, a la que sigue el bellísimo canto del Magnificat, en el que María alaba el plan de amor de Dios sobre ella y su pueblo.
    12. «Visitar» comporta abrir las puertas, no encerrarse en uno mismo, salir, ir hacia el otro. Tam-bién la familia está viva si respira abriéndose más allá de sí misma, y las familias que hacen esto pue-den comunicar su mensaje de vida y de comunión, pueden dar consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias.
    13. La familia es, más que ningún otro, el lugar en el que, viviendo juntos la cotidianidad, se expe-rimentan los límites propios y ajenos, los pequeños y grandes problemas de la convivencia, del ponerse de acuerdo.
    14. No existe la familia perfecta, pero no hay que tener miedo a la imperfección, a la fragilidad, ni siquiera a los conflictos; hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva.
    15. La familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón. El perdón es una dinámica de comunicación: una comunicación que se desgasta, se rompe y que, mediante el arrepentimiento expresado y acogido, se puede reanudar y acrecentar.
    16. Un niño que aprende en la familia a escuchar a los demás, a hablar de modo respetuoso, ex-presando su propio punto de vista sin negar el de los demás, será un constructor de diálogo y reconci-liación en la sociedad.
    17. Las familias con hijos afectados por una o más discapacidades, gracias al amor de los padres, de los hermanos y de otras personas amigas, es un estímulo para abrirse, compartir, comunicar de modo inclusivo; y puede ayudar a la escuela, la parroquia, las asociaciones, a que sean más acogedoras con todos, a que no excluyan a nadie.
    18. En un mundo donde tan a menudo se maldice, se habla mal, se siembra cizaña, se contamina nuestro ambiente humano con las habladurías, la familia puede ser una escuela de comunicación como bendición.
    19. El único modo para romper la espiral del mal, para testimoniar que el bien es siempre posible, para educar a los hijos en la fraternidad, es en realidad bendecir en lugar de maldecir, visitar en vez de rechazar, acoger en lugar de combatir.
    20. Los medios de comunicación más modernos pueden obstaculizar la familia si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier mo-mento de silencio y de espera.
    21. Los medios pueden favorecer la familia si ayudan a contar y compartir, a permanecer en con-tacto con quienes están lejos, a agradecer y a pedir perdón, a hacer posible una y otra vez el encuentro.
    22. Redescubriendo cotidianamente este centro vital que es el encuentro, este «inicio vivo», sa-bremos orientar nuestra relación con las tecnologías, en lugar de ser guiados por ellas.
    23. La comunidad cristiana está llamada a ayudar a los padres, primeros educadores, para vivir en el mundo de la comunicación según los criterios de la dignidad de la persona humana y del bien común.
    24. El desafío que hoy se nos propone es, por tanto, volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información.
    25. La familia, en conclusión, no es un campo en el que se comunican opiniones, o un terreno en el que se combaten batallas ideológicas, sino un ambiente en el que se aprende a comunicar en la proximidad y un sujeto que comunica, una «comunidad comunicante».
    26. Es posible restablecer una mirada capaz de reconocer que la familia sigue siendo un gran re-curso, y no sólo un problema o una institución en crisis.
    27. Los medios de comunicación tienden en ocasiones a presentar la familia como si fuera un mo-delo abstracto que hay que defender o atacar, en lugar de una realidad concreta que se ha de vivir.
    28. Narrar significa más bien comprender que nuestras vidas están entrelazadas en una trama uni-taria, que las voces son múltiples y que cada una es insustituible.
    29. La familia más hermosa, protagonista y no problema, es la que sabe comunicar, partiendo del testimonio, la belleza y la riqueza de la relación entre hombre y mujer, y entre padres e hijos.
    30. No luchamos para defender el pasado, sino que trabajamos con paciencia y confianza, en todos los ambientes en que vivimos cotidianamente, para construir el futuro.
    Del Mensaje del papa Francisco para la 49ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

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