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    "Tenemos una buena y hermosa misión." (T. Verbist)

    Apuntes Misioneros | Pedro   RUQUOY, cicm 

    "Tenemos una buena y hermosa misión." (T. Verbist)


    Tenemos una buena y hermosa misión”: fueron las palabras de Teófilo Verbist, fundador de la Congregación del Inmaculado Corazón de María (CICM), al ver los primeros frutos de la misión en China, poco tiempo antes de fallecer hace ahora 150 años. Para realizar esta misión, el padre Verbist tuvo que entusiasmar a otros para que sean misioneros como él y para formar lo que llamamos una Congregación misionera religiosa. Esa congregación de la cual soy miembro, fue fundada en 1862, llegó a la República Dominicana en 1958 y se estableció primero en Tamayo y en otras parroquias de la parte sur de la diócesis de San Juan de la Maguana que, el 24 de abril de 1976, fue erigida diócesis de Barahona por el papa Pablo VI.
    Como nuestra congregación misionera, muchas otras nacieron en el siglo XIX. Es el caso de los Misioneros del Sagrado Corazón (MSC) (1854), los Combonianos (1850), los Espiritanos (1848), los Oblatos de María Inmaculada (1816), los Misioneros de Nuestra Señora de Africa (1868) y varias otras.

    El padre Teófilo Verbist
    Teófilo Verbist era un sacerdote diocesano belga quien, junto con unos cuantos compañeros dejó su país y su cultura para irse a la inmensa y desconocida China. Lleno de entusiasmo y de fe, Verbist empezó a anunciar el Evangelio en esas tierras lejanas pero, desgraciadamente, después de menos de tres años de trabajo, él se enfermó de tifus y falleció; era el domingo 23 de febrero de 1868. Este gran misionero tenía dos grandes ejes de trabajo: la evangelización del pueblo chino y la acogida de los huérfanos. En 1866, es decir sólo un año después de la llegada de Verbist a China, nuestra congregación había fundado cinco orfanatos donde vivían más de 400 huérfanos, especialmente muchachitas. Además, poco tiempo antes de su muerte el Padre Verbist expresó el deseo de establecer escuelas para los niños pobres y abandonados en cada pueblito. O sea, la acogida de las niñas y de los niños abandonados y marginados era una parte prioritaria y fundamental del carisma de los primeros misioneros del Inmaculado Corazón de María (CICM).

    Una opción más global
    Pero, a lo largo del tiempo, nuestra Congregación dejó de lado esa línea muy específica del fundador y la transformó en algo más general y englobante: “la opción por los pobres”. Por ejemplo, en el artículo 2 de las constituciones CICM se puede leer:
    “Somos enviados a las naciones para anunciar la Buena Nueva allá donde nuestra presencia es más necesaria, especialmente donde el Evangelio no es conocido o no es vivido. Dejamos nuestro país para proclamar la salvación como el gran don de Dios quien libera de toda opresión y división. Siguiendo a Jesús, nos dirigimos primeramente a los pobres, destinatarios privilegiados del Reino de Dios.”
    Este texto clave para el trabajo misionero de los CICM habla claramente de la evangelización, es decir el anuncio de la Buena Nueva o el Evangelio y de la opción preferencial por los pobres. Si bien los huérfanos y las huérfanas son pobres, no se los menciona concretamente en ninguna parte de nuestros documentos. Para decir la verdad, yo descubrí ese aspecto de la vida misionera de nuestro fundador cuando me tocó acoger en mi casa del Batey 5 del ingenio Barahona, una pequeña docena de huérfanos y huérfanas haitianos quienes habían sobrevivido a las terribles inundaciones que destruyeron la ciudad de Jimaní en mayo del 2004.

    Con los huérfanos
    Aquí en Zambia, me di cuenta de que 25% de los niños habían perdido sus padres y encontré absolutamente normal acoger a esos pequeños y pequeñas que yo encontraba en mi camino. Convencido de que mi Congregación no estaba interesada en trabajar con huérfanos, empecé a buscar una fórmula para garantizar la continuidad de nuestro centro, tomando en cuenta la enfermedad de Parkinson que me limita cada día más y me llama a asumir menos responsabilidades. Entonces ustedes se pueden imaginar mi sorpresa cuando recibí las actas de la última gran asamblea de la Congregación (el décimo quinto Capítulo general) que tuvo lugar en Roma en junio del año pasado. En ese documento oficial, por primera vez desde hace decenas de años, los huérfanos son mencionados como parte del gran sueño de nuestra familia misionera:
    Como nuestro fundador escribió en sus cartas: “Tenemos una buena y hermosa misión.” Este sueño fue retomado en varios momentos… Una buena cantidad de compañeros que trabajan entre los niños abandonados nos recuerdan que la predilección de Verbist para los niños abandonados de China es una dimensión constitutiva de la misión de la Congregación”.
    Si bien este documento habla de “una buena cantidad” la verdad es que, por el mundo entero, tenemos sólo cuatro centros de acogida de niños abandonados: Uno en Manila en las Islas Filipinas, otro en Mongolia, el tercero en Hong Kong y el último aquí en la sabana de Zambia. Por lo tanto, pensé que, de repente, “la Familia de las Flores de Sol” (Sunflowers Family Children Centre) tomaba un lugar importante en la misión de la Congregación y tenía mayores posibilidades de sobrevivir y de crecer.

    Las dos opciones
    Además me puse a reflexionar sobre el por qué de las dos opciones de nuestro fundador: la evangelización y la acogida de los huérfanos. Parecen dos actividades muy distintas. Para el padre Verbist, ¿cuál era el elemento que unía esas dos actividades? Leyendo y reflexionando sobre esa pregunta, llegué a la conclusión siguiente: el bautismo era la bisagra que unía las dos actividades misioneras de nuestros primeros compañeros. Para ellos, el bautismo era el primer paso de la evangelización y la puerta para entrar en el proyecto de Dios; por lo tanto, sentían la necesidad absoluta de bautizar. La acogida de los huérfanos permitía a esos niños y niñas pobres entrar en una nueva familia cuya puerta de entrada era el bautismo: lo primero que hacían los misioneros era bautizar a los huérfanos y huérfanas que llegaban a sus centros.
    Hoy en día, el bautismo sigue siendo un elemento esencial para ser cristiano, sin embargo, se insiste mucho sobre la preparación que, muchas veces es muy larga. Aquí en Zambia se trata de un proceso de por lo menos dos años. Con esto, se tiende a olvidar que el bautismo es un regalo gratuito de Dios, un signo de su amor que nadie merece. Y es ese amor tierno de Dios que nos toca anunciar con nuestras palabras y nuestras acciones; entre esas acciones se encuentra la acogida de los huérfanos y huérfanas, amigos predilectos de Dios. ADH 821





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