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    Yo pecador, Dios misericordioso

    Biblia | P. William Arias 

    Yo pecador, Dios misericordioso 


    La Biblia está  llena del pecado de muchos hombres, vamos a detenernos en uno de ellos que es modélico para los demás y ver la hermosa realidad de la misericordia de Dios para con nosotros, a pesar de nuestros hechos pecaminosos.

    Es el pecado del Rey David con Betsabeth  la mujer de Urías el hitita (2Sam 11). David era el gran Rey de Israel, es uno de los personajes mejor presentado de todo el Antiguo Testamento,  es nombrado en el Nuevo  en los evangelios e incluso por Pablo; esto se debió a que en tiempos de David el reino de Israel llegó a su punto máximo, ya que Israel se convirtió prácticamente en el imperio de la zona, pues David logró dominar a sus enemigos y entabló durante 40 años un reino de paz, justicia y comida, pues al aplastar a los demás pueblos había tiempo para las cosechas y por lo tanto abundancia, además, David logró conquistar Jerusalén y la hizo su capital, de esa grandeza es que surge la expectativa mesiánica, de que un día Dios volvería a restaurar el Antiguo reino de Israel, con el envió de un nuevo rey, semejante y del linaje de David.

    En el texto en cuestión todo comienza cuando David ve a Betsabeth desnuda, bañándose, y ahí comienza la cadena de pecado, pues no solo comete un solo pecado, sino que tras uno viene el otro, pero todo comienza por la tentación experimentada al ver aquella mujer en semejante situación: no todo debe verse, San Bernardo decía que todo pecado comienza por una curiosidad, y así llegó el rey David a pecar.

    Como decíamos, David no comete un solo pecado, sino una salta de pecados, tales como: voyerista, fornicador, corrupto-corruptor, adultero, intrigante, asesino, mentiroso y cínico. Lo interesante es qué como nosotros, David trata de hacer las cosa muy bien ante los ojos de los demás, pero no es así ante Dios; en 2 Samuel 12,1-12 aparece el profeta Natán, quien le dice que Dios sabe de su pecado y le anuncia la consecuencia de su pecado, que se verá en la desazón y el desenlace de la familia de David, pues su hijo Amón violará a su hermana Tamar, Abasalón hermano de Tamar matará a Amón, y luego se revelará y perseguirá a su padre David, y también desgracias para el pueblo, pues nuestro pecado tiene consecuencias familiares y sociales, los demás sufren nuestras culpas (2Sam 24,12-15). El pecado victimiza a los inocentes. En un mundo individualista, los demás no importan, pero ¡Cómo lo hacemos sufrir!, somos corresponsables de los demás, por eso ellos sufren nuestros pecados, nos sentimos reyes de nuestra vida, para pasar por encima de los demás, e incluso de Dios. El pecado es desorden, vida desordenada, destruye lo bueno que hay en nosotros y a la gente buena que hay a nuestro alrededor.

    Pero David reconoce su pecado y se arrepiente (2Sam 12,1-13), hombre no es aquel que nunca ha caído, sino que al caer sabe levantarse, y lo primero es reconocer que fallo, ¡Cuánto nos cuesta decir que nos hemos equivocado!, es una frase difícil en nuestro vocabulario; David acepta que falló y su arrepentimiento queda inmortalizado en el conocido Salmo 51, él lo hace porque sabe que Dios es misericordioso (2Sam 12,13b), y recibe misericordia de él, pues el pecado mata, pero la misericordia de Dios engendra vida. Ante dicha misericordia, solo podemos estar agradecido, siendo misericordiosos con los otros; quienes fueron víctimas de nuestro pecado, deben ser ahora los destinatarios de nuestra misericordia, siendo ´´misericordioso como el Padre´´. Adh 820

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