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    Primavera y la situación alimenticia

    Ecología Integral   | Jovanny Kranwinkel



    Primavera y la situación alimenticia
    En mayo se manifiesta la primavera, estación del año donde la vida se abre paso en la naturaleza, especialmente en la flora, renovándose y generando alimento para las demás especies.
    La Madre tierra se embellece en este tiempo con flores y frutos que nos dan alimento. La fecundidad en estas especies asegura a todos los seres vivos poder seguir viviendo en nuestro planeta.  Como cristianos estamos llamados a contemplar, respetar y cuidar que la naturaleza pueda realizar la función para lo que fue creada.
    Hablando sobre San Francisco de Asís el Papa Francisco en la encíclica Laudato Sí expresa: “Su testimonio nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores «invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón».” (LS11).
    En este tiempo también celebramos la fiesta de Pentecostés, originalmente, se trataba de una fiesta agrícola de ofrenda de las primicias de las cosechas a Yahveh. Levítico 23,15-16 dice: “A partir del día siguiente al sábado, esto es, del día en que hayan ofrecido las espigas con el rito del balanceo, contarán siete semanas completas. Contarán cincuenta días hasta el día siguiente al séptimo sábado, y entonces ofrecerán a Yahveh una ofrenda de granos nuevos”. De ahí el nombre hebreo de fiesta de las “semanas” (shabuot) y el nombre griego de “Pentecostés” que significa “cincuenta”. Es durante esta fiesta que ya celebraban los judíos que llega el Espíritu Santo a los Apóstoles.
    Por lo tanto, no podemos perder de vista esta función tan importante de la naturaleza en generar frutos para nuestra alimentación, porque de ello depende incluso nuestra vida, es un “derecho humano de supervivencia” como lo expresa el artículo 25 de la Declaración de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, etc.”
    Nuestro criterio de cuidado de los frutos de la tierra como cristianos debe tender al buen manejo de esos recursos para que estén disponibles siempre, también para las siguientes generaciones.
    “simplemente se trata de redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso
    El Papa Emérito Benedicto XVI en su Encíclica “Caritas in Veritate” expresó sobre esto en el no. 27: “El derecho a la alimentación y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones.”
    Y agrega en el mismo numeral: “El problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos, que se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo. Todo eso ha de llevarse a cabo implicando a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo.”
    Pero estamos viviendo situaciones descontroladas en la alteración de las estructuras naturales como lo expresa el Papa Francisco: “El reemplazo de la flora silvestre por áreas forestadas con árboles, que generalmente son monocultivos, tampoco suele ser objeto de un adecuado análisis. Porque puede afectar gravemente a una biodiversidad que no es albergada por las nuevas especies que se implantan.” (LS 39).
    La situación de manejo del agua también debe ser tomada en cuenta ya que: “Una mayor escasez de agua provocará el aumento del costo de los alimentos y de distintos productos que dependen de su uso. Algunos estudios han alertado sobre la posibilidad de sufrir una escasez aguda de agua dentro de pocas décadas si no se actúa con urgencia”. (LS31).
    Tenemos en nuestras manos poder cambiar algunas cosas y solicitar que el mundo se ponga de acuerdo y como propone el Santo Padre Francisco: “simplemente se trata de redefinir el progreso. Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso. Por otra parte, muchas veces la calidad real de la vida de las personas disminuye –por el deterioro del ambiente, la baja calidad de los mismos productos alimenticios o el agotamiento de algunos recursos– en el contexto de un crecimiento de la economía”. (LS194). ADH 823
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    Quien suscribe es el Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Pastoral de Ecología y Medio Ambiente de la Conferencia del Episcopado Dominicano.


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