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    Homilía Mons. Ozoria: Ordenaciones 10 sacerdotes

    Eclesiales | Ordenaciones


    HOMILÍA DE MONS.  FRANCISCO OZORIA
     EN LA ORDENACIÓN DE 10 SACERDOTES
    EN LA CATEDRAL PRIMADA DE AMÉRICA   
    30 DE JUNIO DE 2018

    Muy queridos hermanos y hermanos:
    1.     Alegría por la Ordenación de 10 Presbíteros
    Estamos congregados aquí, llenos de gozo, llenos de alegría, por la vocación de éstos 10 jóvenes, a quienes el Señor ha llamado, y quienes han respondido. Como nos relata la Primera Lectura de Jeremías, han sido llamados. Creemos en esa vocación. Han sido llamados desde el seno de sus madres, desde antes de nacer, para una misión. La Misión de pastorear al pueblo de Dios.
    Jesucristo interroga a Pedro, a quien constituye como cabeza de los Apóstoles y a él le encomienda el pastoreo. A él y a todos los Apóstoles en él. Hablar de Pedro es hablar de toda la Iglesia, a quien encomienda pastorear a las ovejas. Es la misión de todo sacerdote. Es la misión que el Señor le encomienda a estos hermanos nuestros que hoy serán ordenados: Pastorear al pueblo de Dios.
    No nos cansamos de dar gloria a Dios por la vocación. Por la vocación sacerdotal de todos nosotros, la vocación de estos diez jóvenes que han tenido el valor de responder al llamado de Dios. Por la vocación de los religiosos y religiosas. Y por la vocación los laicos y laicas que están respondiendo al Señor y se mantienen fieles a su vocación cristiana, que le viene por el Bautismo.
    Hoy es día de recoger la cosecha. Damos gracias a Dios por la cosecha de este año.
    Decir que llegan 9 sacerdotes nuevos a la Arquidiócesis de Santo Domingo (9 porque entre los 10 hay uno, Félix Jonás, que es de la Diócesis Castrense), eso suena bonito, muy bueno y lo es. Por ello nos alegramos y cantamos: “Demos gracias al Señor, demos gracias…” Vamos a cantarlo otra vez…
    Pero estos que llegan y los que están  no son suficientes. Todavía hay sacerdotes que pastorean, sin la ayuda de otro presbítero, una parroquia grande; sacerdotes que pastorean dos parroquias y hay parroquias sin sacerdotes. Por eso deben atendidas por un sacerdote vecino, por eso debemos seguir orando por las vocaciones, promoviendo las vocaciones sacerdotales y religiosas y también colaborando para la formación de los futuros sacerdotes. Es una tarea permanente para todos nosotros, orar por las vocaciones, colaborar con las vocaciones.
    Hago un paréntesis para decir que en este preciso momento estamos reparando el Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino, algo que era urgente, porque se estaba cayendo a pedazos. Es una tarea de la Arquidiócesis la colaboración con el Seminario, con los seminaristas.
    2.     El Presbiterio en la Iglesia Particular
    Al decir que se incorporan 9 sacerdotes más a la Arquidiócesis, quiere decir que crece el “Presbiterio” de esta Iglesia Arquidiocesana. Y de esto quiero profundizar:
    ¿Qué es el Presbiterio en una Diócesis?
    La palabra Presbiterio se refiere a un lugar. El espacio junto al altar. “Es parte de un templo en torno al altar”. Es el significado principal.
    Pero hay otra connotación del término “Presbiterio”: “Reunión de los Presbíteros con el Obispo”
    “Presbiterio es un término que se usa para referirse al conjunto de sacerdotes que se encuentran en una Diócesis o Iglesia particular y bajo la autoridad de un Obispo propio”.
    Sobre estos dos significados, viene al caso de ¿cuál fue primero? Indiscutiblemente el Presbiterio como espacio junto al altar, es significativo viene porque en ese lugar se reúnen los Presbíteros. Es el espacio para los Presbíteros, por eso se llama Presbiterio.
    Lo más importante es el conjunto de sacerdotes, que son los colaboradores inmediatos del Obispo diocesano, para el pastoreo de una Iglesia particular.
    En este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica habla de la Colegialidad Episcopal y la comunión eclesial:
    “Todo Obispo ejerce su ministerio en el seno del Colegio Episcopal, en comunión con el Obispo de Roma, sucesor de San Pedro y jefe del Colegio; los Presbíteros ejercen su ministerio en el seno del Presbiterio de la Diócesis, bajo la dirección de su Obispo” (CIC 877).
    3-     Características del Presbiterio.
    El Código de Derecho Canónico en el Canon 275, refiriéndose a los Clérigos, entre ellos los Presbíteros, da un elemento importante:
    “Los Clérigos… estén unidos entre sí con el vínculo de la fraternidad y la oración y fomenten la mutua cooperación”. (C. 277).
    El código de Derecho Canónico nos da el sentido grande de lo que es el Presbiterio. Estén unidos entre sí, con el vínculo de la fraternidad.
    En la eclesiología del Concilio Vaticano II, “Eclesiología de comunión”, se subraya una verdadera comunión entre el Obispo Diocesano y los Presbíteros, que colaboran con él en el ejercicio del Ministerio Pastoral dentro de su Diócesis.
    La relación del Obispo y sus Sacerdotes debe entenderse en el marco de la doctrina del cuerpo místico de Cristo.
    Lo mismo decimos de la relación de los Presbíteros entre sí. Ellos forman parte de un mismo cuerpo, participan del sacerdocio de Cristo y de su triple misión: santificar, enseñar y pastorear. Por ello, la identidad del Presbiterio de una Diócesis o Arquidiócesis tendrá que ser la fraternidad, la comunión y la corresponsabilidad.
    Así, del Presbiterio de una Diócesis se puede decir francamente que es como una “familia” donde el Obispo es el padre, el papá.
    El sentido de la unión del Obispo con un Presbiterio puede notarse más claramente en la celebración conjunta de los distintos sacramentos, especialmente la Eucaristía: todos los sacerdotes participan de la misma acción litúrgica de la Iglesia católica y el Obispo está a la cabeza de todos: Concelebrantes y pueblo fiel.
    La mayor expresión de comunión del Presbiterio se realiza en la “Misa Crismal”. La Iglesia entera celebra su fe: El obispo con su Presbiterio y con todo el rebaño.
    4-     Comunión afectiva y efectiva.
    Este ideal de comunión en la Iglesia no puede quedarse en bonitas palabras, ni en un ideal que no aterriza. Tenemos grandes obstáculos y amenazas contra ese ideal:
    Ø  El individualismo imperante en la sociedad moderna. En ese individualismo caemos, somos víctima también los sacerdotes, es una amenaza al presbiterio.
    Ø  El tecnicismo creciente que nos va separando cada día más. Muchas veces estamos en una celebración o en una casa y los medios nos distraen y obstaculiza  que haya una relación personal.
    Ø  El materialismo práctico que nos lleva a atesorar bienes personales. Llegamos a trabajar en la Iglesia  y a veces hay este empeño por acaparar bienes.
    Ø  La falta de una actitud de trabajar en equipo. Eso dificulta la comunión.
    Ø  Una visión muy limitada de “Iglesia”. Pensar que “mi Parroquia o mi comunidad o mi grupo es la Iglesia”.
    Esta celebración conjunta, esta ordenación sacerdotal, es un signo de la comunión eclesial que deseamos. Queremos dar pasos concretos hacia la unidad. No queremos oír frases como estas:
    Ø  “Esta Parroquia es carismática”. Porque quizás hay muchos carismáticos allí.
    Ø  “Esta Parroquia es catecúmena”. Estoy cansado de oír esta frase.
    Ø  “Este Padre es catecúmeno”, “este Padre es Diocesano”.
    El Presbiterio de nuestra Arquidiócesis es uno solo Presbiterio. Queremos formar esta comunión entre nosotros y que se vea. ¡Que se entienda que hay un solo presbiterio!
    El Apóstol Pablo reprocha las divisiones internas en la Iglesia: “mientras uno dice yo soy de Pablo y el otro, yo soy de Apolo” (1 Cor. 3, 4). No está dividido Cristo, y la Iglesia no puede dar señales de división interna. Y tenemos que empezar por ahí nosotros.
    El presbiterio en nuestra Arquidiócesis, tiene que ser un signo de unidad, como lo pide Jesús en su oración sacerdotal:
    “Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros”. (Jn. 17, 21).
    Caminemos con María la Madre de los Apóstoles, Madre de la Iglesia, hacia los tiempos nuevos, hacia la unidad. Qué Dios nos bendiga y bendiga a estos hermanos que se unen a esta Iglesia y a la Iglesia castrense.
    ¡Ave María Purísima!

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