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    Cadenas de WhatsApp. Una reflexión para madurar nuestra fe

    Redes Sociales | Ariel Beramendi/Riial

     

    Cadenas de WhatsApp. Una reflexión para madurar nuestra fe  

    A todos nos pasa de recibir mensajitos de WhatsApp con mensajes que terminan con ciertas amenazas o condicionantes, sobre todo para reenviar los mensajes a otras diez personas. Estas cadenas de WhatsApp llegan a nuestros celulares muchas veces de quien menos te lo esperas, y así pensamos si esta persona tan seria lo hace “¿Por qué yo no?” y así las famosas cadenas de WhatsApp o cadenas de San Antonio continúan.
    Las cadenas de oración que circulan por WhatsApp y que terminan con amenazas solapadas del tipo: “sino envías esto a diez personas te sucederá todo lo contrario”, son una expresión de la inmadurez en nuestra fe, y lo único que pretenden es manipular la Providencia de Dios, que actúa libremente y que, ciertamente, no se condicionará por los mensajes de WhatsApp.
    Compartir por WhatsApp oraciones y reflexiones que ayudan en nuestra fe es algo positivo y si son enviados en el momento indicado pueden ser como una caricia a una persona que sufre, o un mensaje de aliento en un momento de tribulación. Sin embargo, estos mensajes corren el riesgo de deformarse cuando terminan con amenazas y condicionantes que alimenta una relación “comercial” con el Señor, llegamos a pensar que él es un distribuidor de favores sólo para aquellos que realizan una acción mecánica de copiar y pegar.
    La fe en la Divina providencia va más allá de las cadenas de oración que corren por WhatsApp. En este tiempo de redes sociales asistimos a la creación de falsos rumores que pueden crear pánicos colectivos, ondas de odio racial, “burbujas” en la que solo hablamos con los que piensas igual. Como personas de fe podríamos aportar a nuestro contexto social cortando estas formas de comunicación viciadas por el rumor y las medias verdades.
    Nuestro entorno no cambiará por las cadenas de WhatsApp, sino por nuestro testimonio de fe en Dios rico de misericordia y de amor, es decir “en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él”.

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