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    Un llamado a la juventud

    Vocacionales | P. Osiris Núñez, msc 


    Un llamado a la juventud

    El papa Francisco en su reciente Exhortación Apostólica Christus Vivit, nos habla de la juventud, a partir del Sínodo sobre los jóvenes celebrado el año pasado y de la jornada mundial de la juventud, celebrada en Panamá a inicio de este año en curso. Es un documento sin desperdicio, con un lenguaje sencillo, pero muy profundo que nos ilumina, especialmente en la etapa de la juventud, en una época donde quizás no se le presta tanta atención.

    El papa nos pide que miremos a Jesús, eternamente joven, que quiere regalarnos un corazón siempre joven. El tener un corazón siempre joven es revestirse de una serie de actitudes y cualidades que nos hacen joven: tener entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre paciencia, soportándose unos a otros y perdonándose unos a otros. Esto significa que la juventud verdadera es tener un corazón capaz de amar incondicionalmente (n.13). Esto implica tener un corazón desprendido de las riquezas y comodidades y dispuesto a buscar nuevos horizontes y desafíos en la vida.

    La iluminación a los jóvenes, desde el ámbito de la fe, no llega desde fuera, sino desde la cercanía del mismo Jesús, que comparte nuestra juventud. En él se pueden reconocer una actitud siempre jovial y comprometida con la misión que encomendada por su Padre, caminando siempre firme hacía el cumplimiento de la misma, con un horizonte bien claro y decidido. En él, los jóvenes debemos reconocernos.

    Luego en los siguientes números el papa nos va guiando sabiamente por una reflexión profunda, hasta llegar a una petición fundamental a la juventud: reconocer que ser joven no es sólo la búsqueda de placeres pasajeros y de éxitos superficiales. Para cumplir con la finalidad que tiene el recorrido de nuestra vida, debemos vivir la juventud como un tiempo de entrega generosa, de ofrenda sincera, de sacrificios que duelen pero que nos vuelven fecundos (n.108). Teniendo en cuenta, que la juventud es una fase del desarrollo de la personalidad, que está marcada profundamente por sueños que van tomando forma, por relaciones que adquieren cada día más consistencia y equilibrio, por intentos y experimentaciones, por elecciones que van construyendo gradualmente un proyecto de vida. Es el periodo de la vida, donde la persona está llamada a proyectarse hacia adelante sin cortar con sus raíces, a construir autonomía, pero no en solitario.

    Y nos hace la invitación a vivir una vida con sentido. Por eso nos invita a que no aceptemos que se use nuestra juventud para fomentar una vida superficial, qu confunde la belleza con la apariencia. Nos invita a que encontremos la hermosura y el sentido de la vida en el hombre y mujer honrados que buscan el pan de cada día con amor y sacrificio; encontrar la belleza de la vida en la comunión familiar a pesar de las limitaciones económicas; descubrir la belleza en el amor fiel hasta el final de la vida; descubrir la en sentido y felicidad de la vida en cada hombre y en cada mujer que viven con amor su vocación personal, en el servicio desinteresado por la comunidad, por la patria, en el trabajo generoso por la felicidad de la familia, comprometidos en el arduo trabajo anónimo y gratuito de restaurar la amistad social. Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza, que se parece a la de Cristo en la cruz, es poner los cimientos de la verdadera solidaridad social y de la cultura del encuentro. ADH 836.

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