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    miércoles, 22 de abril de 2020

    El adiós en la pandemia

    Para Vivir Mejor | Miguelina Justo


    El adiós en la pandemia

    Pieter Bruegel, el Viejo, pintó su famoso cuadro El triunfo de la muerte entre los años 1562 y 1563. En él, se puede observar a la Muerte, hoz en mano, comandando un ejército que conquista todo a su paso.  No hay escapatoria.  Reyes y campesinos, soldados y niños, peces y bueyes, todos morirán.   

    El gran pintor flamenco recogió en este cuadro una perspectiva de la muerte.  La presenta como la ve, como algo ineludible y avasallante.  Las personas que representa en sus cuadros le temen, huyen en vano.  Solo una pareja de enamorados permanece en aparente paz frente a su destino.  Ocupan su tiempo que les queda alimentando el amor que les une.

    La muerte era parte de la vida en la Europa de entonces.  Quizás aún sus habitantes recordaban la terrible pandemia de peste bubónica, que había exterminado al 60 por ciento de sus habitantes (Fernández, 2010).  Podían reconocer que la muerte ocupaba un lugar en la casa, en la sociedad.  El cuerpo era preparado en la casa, por familiares y amigos.

    En la actualidad, la visión de la muerte ha cambiado.  Parecería ser algo extraño y extraordinario, para bien o para mal, ha dejado de ser normal.  La muerte está escondida, disfrazada por eufemismos, maquillada y medicalizada.  La persona no muere, reposa, descansa, parte a una mejor vida.  La muerte cada vez más ocurre en ambientes hospitalarios, no en la casa.  En ocasiones, los protocolos que se deben seguir impiden, y en el mejor de los casos, dificultan que los familiares tengan contacto con el moribundo. 

    Otro aspecto importante sobre esta relación con la muerte es la aparente simplificación de los ritos funerarios, “la vida debe seguir”.  Por ejemplo, la costumbre, antes muy arraigada en la República Dominicana populares de celebrar nueve eucaristías luego del enterramiento del difunto, ha pasado a ser una, a penas.  “El luto se lleva en el corazón”, por lo tanto, el uso de ropa negra termina en el funeral.  Puede que esto tenga que ver con la secularización y la asunción de nuevos credos religiosos; sin embargo, tal parece que, poco a poco, la sociedad se está quedando sin ritos.  Es del interés de los profesionales de salud identificar las implicaciones de estos cambios en los procesos de elaboración del duelo.

    A esta situación general, se le suma la actual pandemia del COVID-19.  Las muertes reportadas son asumidas por unos como una evidencia de la seriedad de la situación, por otros con horror, como si se estuviera recibiendo la visita de un extraño.  La muerte se presenta como escándalo.  La pandemia ha forzado la modificación de los ritos funerarios.

    En un esfuerzo por frenar la expansión del virus, el Ministerio de Salud Pública de RD ha prohibido los velatorios de las personas que hayan muerto a causa del virus o cuando se tenga la sospecha de que así haya sido.  Los funerales, en general, se han de realizar solo con los familiares más cercanos y en un breve lapso de tiempo.  El entierro se realizará con prontitud.  El contacto con ese cuerpo que se amó queda restringido, antes y después de la muerte.  Estas circunstancias podrían dificultar el proceso de asimilación de la pérdida.

    Llevar a cabo lo poco que quedaba de los ritos de antaño es ahora imposible.  La reunión con amigos, el abrazo silente que dice “estoy contigo” deben ser sustituidos.  De otras maneras, por otras vías se comunica y se recibe el apoyo de otros, que tan importante cuando se enfrenta la muerte de alguien que se ha querido.  Las redes sociales constituyen, sin duda, una de estas vías.  Mensajes que sirven de consuelo a los vivos, se publican, por ejemplo, en las páginas de los difuntos.  El abrazo tiene que convertirse en palabra.  La presencia física en una más profunda, en una compañía emocional, que escucha y respeta.

    La pandemia del COVID-19 ha alterado la realidad, la vida como la conocemos y ello incluye las circunstancias de la muerte y los ritos alrededor de la misma, y esto no es una experiencia personal, es social, colectiva.  Esta puede ser una excelente oportunidad para seguir revisando lo que hemos hecho hasta el momento y lo que necesitamos hacer para facilitar como comunidad el proceso del duelo.  Quizás nos lleve a revalorizar viejos ritos y a crear otros, no porque las ceremonias sean importantes en sí mismas, pero porque nos ayudan a caminar, a materializar el amor y el dolor.  ADH 844

    Referencias
    Fernández, J. (2010).  La muerte negra. La catástrofe más grande de todos los tiempos. 
    Estudios Históricos.  Uruguay. Recuperado de https://www.academia.edu/28251155/Benedictow_Peste_Negra
    Ministerio de Salud Pública (2020). Directrices para el manejo, traslado y disposición final de cadáveres por COVID-19 República Dominicana.  Recuperado de:  http://digepisalud.gob.do/docs/vigilancia%20epidemiologica/Alertas%20epidemiologicas/Coronavirus/Nacional/Directrices%20para%20el%20manejo%2C%20traslado%20y%20disposicion%20final%20de%20cadaveres%20por%20COVID-19.pdf

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