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    viernes, 25 de diciembre de 2020

    Los dos lobos y el canasto

    Casa de Luz | Juan Rafael Pacheco


    Los dos lobos y el canasto de carbón

    Esta historia nos transporta al Medio Oeste americano, a una tribu de indios Cherokee, en la que el viejo jefe contaba a su nieto la batalla que tiene lugar permanentemente en el interior del hombre.

    “La batalla es entre dos lobos que todos tenemos adentro.”

    Uno es malvado.  Es ira, envidia, celos, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, rencor, autocompasión, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y egoísmo.

    El otro es bueno.  Es alegría, paz, amor, esperanza, comprensión, acogida, serenidad, humildad, bondad, benevolencia, generosidad, verdad, compasión y fe.”

    El nieto preguntó: “¿Y cuál gana?”

    El viejo Cherokee, con su sabiduría de siglos, respondió: “Gana el que tú alimentes.”

    Y como estamos contando cuentos, nos vamos a las montañas de Kentucky, donde otro anciano vivía en una granja con su nieto.

    Mañana por mañana, bien tempranito, el abuelo, sentado en la cocina, leía su vieja Biblia, las páginas arrugadas y llenas de notas.

    El nieto quería ser como el abuelo, y lo imitaba, pero un día le dijo: “He tratado de leer la Biblia. Me doy cuenta que me gusta, pero no la entiendo, y lo poco que entiendo se me olvida rápidamente. ¿De qué me sirve leer la Biblia?”

    El abuelo dejó de echar carbón en la vieja estufa y le dijo: “Termina tú de echar ese carbón, luego vete con el canasto al río y tráemelo lleno de agua.”

    Así lo hizo el muchacho, aunque toda el agua se salió del canasto antes que pudiera llegar a la casa.

    “Bueno, mi hijo” –le dijo el abuelo sonriendo—“vuelve al río, pero esta vez tendrás que moverte más rápidamente para poder traerme el canasto lleno de agua”.

    “Abuelo, es imposible cargar agua en un canasto,” y fue a buscar un balde.

    “No, no, no te he pedido un balde de agua.  Lo que quiero es un canasto de agua. Estoy seguro que podrás lograrlo.  Para mí que no estás haciendo el esfuerzo necesario.”

    Ya en este momento, el muchacho sabía que no iba a poder hacer lo que le pedía el abuelo, pero quería demostrarle que por mucho que corriera, el agua siempre se iba a salir antes de llegar a la casa.

    Y efectivamente así mismo fue. “¡Mira abuelo, es inútil!” le dijo sin apenas poder respirar.

    "¿Por qué piensas que es inútil? Mira bien el canasto.”

    Así lo hizo. Comprendió que el canasto ya no era el mismo. Había cambiado radicalmente.  En lugar de un viejo canasto carbonero sucio y tintado de negro, el canasto estaba limpio, casi parecía nuevo.

    "Hijo --dijo el abuelo--, esto es lo que sucede cuando lees la Biblia. Tal vez no entiendas ni recuerdes todo lo que has leído, pero tan sólo con leerla tu interior cambia.”

    Esa es la obra de Dios en nuestras vidas: cambiarnos desde adentro y lentamente transformarnos en la imagen de Su Hijo.

    "Ciertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos.  Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta tus sentimientos y pensamientos del corazón." (Hb 4,12).

    Dos lobos… Un canasto de carbón… El mejor alimento la Palabra de Dios.

    “¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!  Por tus ordenanzas, cobro inteligencia, por eso odio toda senda de mentira.  Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero.” (Sal 119, 103-105).

    Bendiciones y paz. ADH 848

    Mis cuentos aparecen publicados en Catholic.net

    Este cuento aparece publicado en la página 147 de mi libro “¡Descúbrete! Historias y cuentos para ser feliz”. Disponible en Papelería Villa Olga, teléfono 809 583 4165, Santiago; Librerías Paulinas, La Sirena y Librería Cuesta.

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