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    sábado, 30 de enero de 2021

    La pandemia del hambre es peor que la del virus


    Teología sin Censura | José María Castillo



    Castillo: "La pandemia del hambre es peor que la del virus. Y no aguantamos que nos cierren los bares y los hoteles. ¿Qué nos pasa?"


    Descubrimiento es manifestación de lo que estaba oculto o era desconocido (RAE). Por eso en Europa hablamos – sirva de ejemplo – del descubrimiento de América o de tantas y tantas cosas ocultas de las que cada día nos enteramos.


    Pues bien, la pandemia que sufrimos, además de una desgracia, es también un descubrimiento. En efecto, esta epidemia mundial nos está descubriendo más cosas de las que podíamos imaginar. Con una particularidad de enorme importancia. Como somos muchos los millones de ciudadanos que nos vemos confinados, en el aislamiento y la soledad que nos tienen incomunicados, en rincones íntimos de nuestra vida, a los que no puede llegar la tecnología con los medios de comunicación que tenemos.


    En un mundo en el que mueren cada día cientos de miles de seres humanos. ¿Por causa del virus? No. Por causa del hambre y la miseria. Esa es la pandemia más cruel. Que no tendrá vacuna


    En la soledad de la pandemia, seguramente sin darnos cuenta, estamos descubriendo cosas que no imaginábamos. Ante todo – si somos sinceros – cosas que cada cual vive en sí mismo. Como nos han cerrado casi todas las puertas, tenemos menos escapatorias. Y nos vemos obligados a pensar lo que vivimos en nuestra intimidad. En esas zonas profundas en las que quizá no nos atrevemos a pensar. Quizá por miedo. O puede ser por vergüenza. Sea lo que sea, si somos sinceros, quizá tenemos que reconocer que llevamos dentro lo que jamás habíamos pensado. 


    No digo estas cosas para que sospechemos de los demás. Vamos a sospechar de nosotros mismos. Cada cual, de sí mismo. Yo me suelo despertar temprano. Y antes del amanecer, empiezo a dar vueltas a alguna idea. Lo más frecuente es que piense en lo que tengo que hacer cada día. Pero, claro está, como paso mucho tiempo ante la pantalla del ordenador, lo más frecuente es que piense en lo que tengo que redactar. Esto ha creado en mí una costumbre, que me centra y me concentra en las ideas. Y eso me lleva mucho tiempo.


    Lo cual, me parece a mí, es importante. Pero tiene el peligro de centrarse y concentrarse en las ideas que explican lo que pasa. Y prestar menos atención o interés a las decisiones de lo que urge hacer, para que cambie lo que tiene que cambiar.


    Concretando más. Quienes me conocen, saben que yo he sido jesuita y profesor de Teología. Esto me ha llevado a centrarme en los grandes problemas del cristianismo. Yo pienso ahora en tres, sobre todo: Dios, Jesús la Religión. Es importante pensar en estos grandes temas, por supuesto. Pero ¿no es más apremiante hacer lo que sea necesario para que la crisis religiosa tenga, cuanto antes, un camino de solución que sea eficaz?

    Mientras dure la pandemia, medio mundo estará bloqueado, detenido, aislado. Una cosa podemos hacer: pensar. Y la tarea de pensar ha sido un descubrimiento. El gran descubrimiento que todos teníamos que hacer. El descubrimiento del valor que tiene el pensamiento. Que nos lleva a caer en la cuenta de la locura que es centrar la vida en la importancia del dinero, del poder, de la fama, de la buena vida, la juerga y el botellón. Y todo esto, en un mundo en el que mueren cada día cientos de miles de seres humanos. ¿Por causa del virus? No. Por causa del hambre y la miseria. Esa es la pandemia más cruel. Que no tendrá vacuna. 


    No cabe duda: la pandemia ha sido el gran descubrimiento de la locura de mundo que hemos organizado, cuando estábamos “sanos”. Ha tenido que venir la pandemia para que nos demos cuenta de la locura de mundo en que hemos desembocado los que nos creíamos sanos. Es elocuente que, a un mundo en el que no paran de morir los infectados por la epidemia, no paren de llegar los que vienen de África. Todo lo contrario. No paran de venirse a Europa los que están peor que nosotros. La pandemia del hambre es peor que la del virus. Y no aguantamos que nos cierren los bares y los hoteles. ¿Qué nos pasa?


    Publicado en www.religiondigital.org.  


       

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