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    lunes, 1 de febrero de 2021

    El valor de la Justicia

    Valores | P. Juan Tomás García, MSC

     


    El valor de la Justicia

     

    Febrero es un mes “corto” pero en esta ocasión se nos invita a promover un valor grande y fundamental: La Justicia. La justicia se suele definir como “darle a cada uno lo que le pertenece”. En realidad, hay demasiada gente que parece no pertenecerle nada, no cuentan con nada para vivir, para responder a sus necesidades básicas. ¿Cómo entender, entonces, la justicia? Todos tenemos las mismas necesidades esenciales que satisfacer. ¿Y entonces? Aquí entra la propuesta experiencial de Jesús, para él, lo justo es dar a cada cual lo que necesita para vivir, para responder a sus necesidades inmediatas. Garantizar el acceso a la realización digna como seres humanos.

     

    En nuestro mundo se observa una gran sed de justicia a nivel global. Ha sido tal el crecimiento y la generalización de las injusticias que da vergüenza al grado que hemos llegado de impunidad, desigualdad, descaro y cinismo. La corrupción ha arropado a un gran número de instituciones, provocando escándalos tras escándalos hasta en las instituciones religiosas. El escepticismo nos invade a la hora de escuchar planes y proyectos de lucha contra las injusticias por parte de quienes están encargados de administrar justicia.  La justicia es una realidad universalmente anhelada, pero difícilmente alcanzada para la mayoría de los habitantes del planeta. En la era de la globalización y la comunicación, las violaciones a la dignidad humana, lejos de ser erradicadas, crecen de manera exponencial como consecuencia de unos sistemas sociales y económicos injustos.

     

    Nosotros desde nuestras comunidades cristianas seguimos creyendo en la justicia y en la posibilidad de avanzar en su práctica en general. La opción por la justicia es constitutivo del Evangelio de Jesús. Prueba de ello son sus gestos llenos de compasión y amor por los marginados. Es un don de Dios la obra de la justicia que fundamenta la plenitud de la vocación humana a la felicidad y anticipa la plenitud escatológica. Los seguidores de Jesús, una vez vivido un encuentro profundo y transformador con él, abrazamos la justicia como un estandarte fraterno que posibilita la convivencia justa que muestra la presencia del Reino. Tanto nuestras estructuras eclesiales y comunitarias como nuestra disposición personal, han de estar orientadas hacia la práctica de la justicia integral. Tenemos un compromiso claro frente a los millones de personas víctimas de múltiples violaciones y necesidades.

     

    Trabajar por instaurar la justicia, en un ambiente donde se caricaturizan los procesos judiciales, cual si fueran irrelevantes, conlleva una gran sensibilidad y perseverancia. Nada fácil, el tema se politiza y se apuesta a la recuperación del tema a través de opiniones interesadas que dilatan las discusiones y hacen perder el interés y hasta la paciencia, a la hora de impulsar procesos revocadores de injusticias. Creemos que el mundo es “creación de Dios”, creemos que tanto el hombre como la mujer son “imagen y semejanza de Dios”; creemos en el Dios de Jesús que entró en nuestra historia, que se hizo humano, enseñándonos a humanizar. Esto nos impulsa y obliga en nombre del Evangelio, a traducir nuestra misión comunitaria en compromisos concretos orientados a la promoción de la justicia, para que toda persona alcance una vida digna.

     

    La Biblia está llena de referencia al valor de la justicia, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento. La revelación de Dios como justo, le dio a las personas la conciencia de buscar y practicar la justicia sin desfallecer. En todos los bloques de libros de la Biblia encontramos alusiones concretas a favor de la justicia y del derecho. En el Pentateuco se fijan los fundamentos d la justicia, se describen los lineamientos a seguir para vivir en justicia y santidad. Los más radicales e insistentes son los profetas de la época de la monarquía, del exilio y post-exilio, quienes en nombre de Dios, enseñan, denuncian y exigen justicia para todos, especialmente para los pobres, acusando a los poderosos de todo tipo de maltratos hacia los dominados.

     

    El Nuevo Testamento, no es menos interesado en el tema de la justicia. Los evangelios muestran una comprensión de la justicia divina muy marcada por la bondad, la misericordia y la compasión de Dios. Las parábolas de Jesús muestran una justicia rica en generosidad hacia los necesitados de todo género. La parábola de la viuda y el juez sin escrúpulos es, una llamada a orar sin desanimarse, pero es también una invitación a confiar que Dios hará justicia a quienes le gritan día y noche.   Lo que pide la mujer no es un capricho. Sólo reclama justicia. Ésta es su protesta repetida con firmeza ante el juez: «Hazme justicia». Su petición es la de todos los oprimidos injustamente. Un grito que está en la línea de lo que decía Jesús a los suyos: “Buscad el reino de Dios y su justicia”. Otra parábola que nos anuncia la justicia de Dios es la de los trabajadores que van a trabajar en distintos horarios del día y que sin embargo, todos cobran la misma paga. Jesús introduce la comprensión de la justicia como “darle a cada uno lo que necesita para vivir”.

     

    Lo mismo pasa con nosotros en nuestras comunidades y en los ambientes donde nos movemos, escuchamos miles de clamores por justicia y derecho. Hoy asistimos al resquebrajamiento de las instituciones, la pandemia ha empeorado la situación de los más vulnerables de la sociedad, miles de personas han quedado sin empleo para ganar aunque sea la sobrevivencia. ¿Qué podemos hacer nosotros como comunidades cristianas para acompañar a nuestra gente en estas circunstancias? La respuesta tenemos que buscarla en conjunto, en comunidad, dialogando, sugiriendo y comprometiéndonos. Sabemos que también tenemos deberes, nos toca vivir nuestra parte, hacer nuestro aporte para que la cotidianidad sea llevadera para todos. El lema del mes nos invita a comenzar nosotros. No dice exijan, sino “practica la justicia y el derecho”.    

    Aunque tenemos la promesa de la justicia de Dios, no podemos cerrar los ojos y dejarle a él la tarea de nuestra justicia. Él hará justicia a quienes le gritan día y noche, pero esta esperanza ha de hacerse activa para nosotros hoy. Somos los seguidores de Jesús quienes tenemos que ir respondiendo hoy a las necesidades de nuestros hermanos, mientras se completa el Reino de Dios. Jesús nos ha dicho, “denles ustedes de comer”, eso quiere decir que tenemos la tarea de afrontar nuestra realidad, buscándole salidas a las situaciones inhumanas que nos agobian. Organicémonos cada día mejor para orar, exigir y practicar la justicia, personalmente y en comunidad. ADH 853.

     

     

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