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    jueves, 18 de febrero de 2021

    Mensaje del Episcopado Dominicano


    Mensaje | CED




    MENSAJE

     

    “Y al mundo mostremos que somos hermanos”

    (Juan Pablo Duarte)

     

    La Conferencia del Episcopado Dominicano se ha dirigido a todo el pueblo dominicano en su acostumbrado Mensaje con motivo de la conmemoración de la Independencia Nacional. La cita del patricio Juan Pablo Duarte, “Y al mundo mostremos que somos hermanos”, anuncia el tema: la fraternidad. Y una interrogante nos abre el camino de la reflexión: ¿qué significa construir la fraternidad en suelo dominicano hoy?

     

    “Sería lo mismo que preguntarnos por el modelo de sociedad que nos debe regir y disponernos a dialogar sobre cómo entender la Independencia Nacional, en esta segunda década del siglo XXI que iniciamos sacudidos por una pandemia global”, reflexionan los obispos.

     

    El Mensaje da pistas para abordar esa pregunta y el diálogo correspondiente, partiendo de la encíclica Fratelli Tutti, de la cual nuestros obispos retoman algunos puntos que a su entender, “pueden encontrar más eco en la realidad que vivimos y compartimos”.

     

     

    Conferencia del Episcopado Dominicano

     

    MENSAJE

     

    “Y al mundo mostremos que somos hermanos”

    (Juan Pablo Duarte)

     

     

    27 DE FEBRERO DE 2021

     

    A nuestro querido pueblo dominicano:

     

     

    1. Forma parte de la tradición de la Conferencia del Episcopado Dominicano dirigir un mensaje al querido pueblo dominicano con motivo de la conmemoración de nuestra Independencia Nacional. Se trata de echar una mirada a la situación del País, intentando iluminarla desde la fe, sobre todo a partir de la doctrina social de la Iglesia.

     

    2. Precisamente este año, a pesar de la pandemia, tenemos la alegría de poder contar con un nuevo documento de esta doctrina social de la Iglesia, que nos ha entregado el Papa Francisco. La nueva encíclica social lleva por título Fratelli tutti («hermanos todos»), y como otros documentos del Santo Padre, se inspira en san Francisco de Asís. La encíclica fue firmada junto a la tumba del santo, el 3 de octubre de 2020, vigilia de su memoria en el santoral.

     

     

     

    3. De acuerdo con lo ya expresado, queremos preguntarnos ahora: ¿qué significa construir la fraternidad en suelo dominicano hoy? Sería lo mismo que preguntarnos por el modelo de sociedad que nos debe regir y disponernos a dialogar sobre cómo entender la Independencia Nacional, en esta segunda década del siglo XXI que iniciamos sacudidos por una pandemia global. Pretendemos responder a esta pregunta retomando algunos puntos de la referida encíclica que, a nuestro entender, pueden encontrar más eco en la realidad que vivimos y compartimos.

     

     

    A.  El espíritu fraterno se construye en el hogar

     

    4. El cuidado de sí mismo implica especialmente un cuidado del ámbito familiar. La fraternidad, igual que otros valores, se aprende en casa. Cada uno debe procurar construir el espíritu fraterno en el hogar que le ha tocado vivir, independientemente de cómo esté compuesto. Y quienes no hayan tenido la gracia de crecer en una familia estable podrían ser acogidos por familias bien constituidas, con padres y madres que les hagan experimentar el gozo de ser amados personalmente, paso imprescindible para experimentar la alegría de la fraternidad universal.

     

    5. El Papa entiende que forma parte del compromiso social el crear las condiciones para establecer familias estables. Sus palabras mezclan sabiamente un tono desafiante con un tono alentador: «Algunos nacen en familias de buena posición económica, reciben buena educación, crecen bien alimentados, o poseen naturalmente capacidades destacadas. Ellos seguramente no necesitarán un Estado activo y solo reclamarán libertad. Pero evidentemente no cabe la misma regla para una persona con discapacidad, para alguien que nació en un hogar extremadamente pobre, para alguien que creció con una educación de baja calidad y con escasas posibilidades de curar adecuadamente sus enfermedades. Si la sociedad se rige primariamente por los criterios de la libertad de mercado y de la eficiencia, no hay lugar para ellos, y la fraternidad será una expresión romántica más»[1]. Inspirados en estas palabras del Papa, quisiéramos invitar a la Pastoral Familiar, a través de nuestras Universidades, a un simposio abierto para plantear las bases de una auténtica política pública familiar para la sociedad dominicana.

     

    B.  La fraternidad se muestra en el cuidado de la vida. No a la legalización del aborto.

     

    6. Es en este contexto en el que se inserta nuestra conocida posición en contra de la legalización del aborto. Lamentamos que algunos tilden la postura de la Iglesia Católica de oscurantista, enemiga de la ciencia y producto de una actitud medieval (dicho sea de paso: una interpretación superficial de la cultura medieval, típica de la Ilustración eurocéntrica). En realidad, la oposición a la legalización del aborto es un grito de alerta junto a otros en contra de una sociedad que se organiza predominantemente sobre valores utilitaristas. El Papa Francisco viene denominando, desde hace varios años, «sociedad del descarte» al modo imperante de organizar el mundo actual globalizado, que se basa en el siguiente presupuesto inmoral: «Partes de la humanidad parecen sacrificables en beneficio de una selección que favorece a un sector humano digno de vivir sin límites. En el fondo “no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si ‘todavía no son útiles’ —como los no nacidos—, o si ‘ya no sirven’ —como los ancianos—. Nos hemos hecho insensibles a cualquier forma de despilfarro, comenzando por el de los alimentos, que es uno de los más vergonzosos”»[2].

     

    C. Fraternidad universal

     

    7. La encíclica entiende el cuidado de las relaciones familiares como un punto de partida, no como un punto de llegada. En este orden, urge cultivar un sentido de nación que no se contradiga con un sentir universal, cosmopolita. La nación se interpreta espontáneamente como la familia extendida, como una comunidad que comparte los mismos ancestros, los mismos valores y el mismo destino. Por eso, se debe estar atento para no cultivar un sentimiento nacional exacerbado, que acabe por excluir al extranjero o al diferente, mucho menos en nombre de la fe cristiana.

     

    8. El Papa nos instruye de manera clara sobre este punto con las siguientes palabras: «Todavía hay quienes parecen sentirse alentados o al menos autorizados por su fe para sostener diversas formas de nacionalismos cerrados y violentos, actitudes xenófobas, desprecios e incluso maltratos hacia los que son diferentes. La fe, con el humanismo que encierra, debe mantener vivo un sentido crítico frente a estas tendencias, y ayudar a reaccionar rápidamente cuando comienzan a insinuarse. Para ello es importante que la catequesis y la predicación incluyan de modo más directo y claro el sentido social de la existencia, la dimensión fraterna de la espiritualidad, la convicción sobre la inalienable dignidad de cada persona y las motivaciones para amar y acoger a todos»[3].

     

    9. Una convivencia socialmente sana, impregnada por la fraternidad, se manifiesta en el modo justo y solidario en que se trata a las personas migrantes. No cabe duda, la migración es un signo de nuestro tiempo: muchas personas, en diversas partes del planeta, se ven forzadas a dejar la tierra que las vio nacer. Como reacción a la llegada masiva de inmigrantes, muchas sociedades de recepción sienten amenazado su nivel de vida. El Papa reconoce lo delicado de la situación, pero no por ello deja de invitar a practicar la virtud de la hospitalidad con el extranjero, tan característica de la Biblia.

     

    10. También nos invita a abordar fraternalmente el desafío de las migraciones con palabras bien cálidas: «Comprendo que ante las personas migrantes algunos tengan dudas y sientan temores. Lo entiendo como parte del instinto natural de autodefensa. Pero también es verdad que una persona y un pueblo solo son fecundos si saben integrar creativamente en su interior la apertura a los otros. Invito a ir más allá de esas reacciones primarias, porque “el problema es cuando esas dudas y esos miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar hasta el punto de convertirnos en seres intolerantes, cerrados y quizá, sin darnos cuenta, incluso racistas. El miedo nos priva así del deseo y de la capacidad de encuentro con el otro”»[4].

     

    11. Nosotros, Obispos dominicanos, hemos abordado este tema en mensajes anteriores en términos muy similares a los empleados por el Papa Francisco. Así lo hicimos en nuestro Mensaje de 2005[5], y más recientemente, en nuestro Mensaje de febrero de 2015, reflexionábamos de esta manera: «Crea tensión entre nosotros la problemática de la inmigración que requiere una posición racional y justa para su solución. La población inmigrante es quizá la más vulnerable en todos los rincones del mundo globalizado»[6].

     

    D.  La corrupción rompe la fraternidad como nación.

     

    12. Se impone también hacernos eco del tema que ha movilizado a la sociedad civil dominicana en los últimos años: la corrupción pública. Quisiéramos que esta indignación contra algunos políticos se vea acompañada por una revisión de vida personal en todos los niveles y en todos los ambientes, para no caer en aquella mala práctica de solo ver la paja en el ojo ajeno (Cf. Mt 7, 3-4). La denuncia de la corrupción en el Estado pone de manifiesto el sentido de justicia que emana de la dignidad humana. Ciertamente, como lo confirma la regla de oro que se encuentra en todas las culturas y religiones, se debe tratar al otro como uno quiere ser tratado (Cf. Mt 7, 12). La corrupción estatal hiere esta sensibilidad universal que reclama un trato igualitario para todo ser humano y atenta directamente contra la integridad de toda la sociedad, pues desvía los fondos necesarios para implementar las políticas sociales.

     

    E. «…Y al mundo mostremos que somos hermanos».

     

    13. En torno a 1863, poco después de iniciarse la lucha contra la Anexión a España, Juan Pablo Duarte escribió uno de sus poemas más citados, el que lleva por título «El criollo». Sus versos denunciaban el abuso de poder, la corrupción y la falta de humanidad que ensombrecían aquel proceso político neocolonial plagado de intereses mezquinos. De ese poema hemos tomado la expresión que encabeza nuestro mensaje:

     

    «…Y al mundo mostremos que somos hermanos»[7].

     

    14. Hoy, como ayer, la independencia sigue siendo una tarea que ha de realizarse paciente y valientemente desde el derecho que asiste a todos los pueblos. Ya Duarte veía que ese trabajo solo puede fundamentarse sobre la base de un espíritu de fraternidad universal, reconociendo a todos los seres humanos en pie de igual dignidad. El derecho no basta; hacen falta emociones políticas universalizables que den sabor, tacto y estímulo al compromiso político[8]. Queremos concluir subrayando la importancia de la fraternidad universal como sentimiento fundamental para un compromiso político renovado.

     

    15. El Papa sistematiza en esta encíclica una nueva categoría en la doctrina social de la Iglesia. Se trata de una novedosa actitud política que debemos cultivar para dotar de espíritu humano el compromiso que debemos asumir por el bien común. La denomina amistad social, es la base de la fraternidad universal, que se reconoce en un conjunto de actitudes bien diversas. «No implica solamente el acercamiento entre grupos sociales distanciados a partir de algún período conflictivo de la historia, sino también la búsqueda de un reencuentro con los sectores más empobrecidos y vulnerables. La paz “no solo es ausencia de guerra sino el compromiso incansable —especialmente de aquellos que ocupamos un cargo de más amplia responsabilidad— de reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros, para que puedan sentirse los principales protagonistas del destino de su nación”»[9]. En cuanto a nosotros, cabe destacar que en nuestro mensaje del 27 de febrero de 2018 señalábamos que la convivencia fraterna constituía uno de los valores fundamentales de la sociedad dominicana[10].

     

    16. La alegría, la acogida y la hospitalidad se encuentran entre las características más destacadas del pueblo dominicano. Ciertamente, podemos aplicar a muchos lugares urbanos y rurales, campos y barrios lo que describe el Santo Padre: «… Todavía se vive el espíritu del vecindario, donde cada uno siente espontáneamente el deber de acompañar y ayudar al vecino. En estos lugares que conservan esos valores comunitarios, se viven las relaciones de cercanía con notas de gratuidad, solidaridad y reciprocidad, a partir del sentido de un nosotros»[11]. En este mismo orden, en reiteradas ocasiones, los Obispos dominicanos hemos destacado individual y colectivamente este gran espíritu solidario, acrecentado especialmente con ocasión de la pandemia.

     

    17. La encíclica Fratelli tutti no pudo ignorar el fenómeno que ha afectado a toda la humanidad, iniciado el pasado año 2020: la pandemia de Covid-19. Sobre este punto crucial, el Papa Francisco explica lo siguiente: «Cuando estaba redactando esta carta, irrumpió de manera inesperada la pandemia de Covid-19 que dejó al descubierto nuestras falsas seguridades. Más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente. A pesar de estar hiperconectados, existía una fragmentación que volvía más difícil resolver los problemas que nos afectan a todos. Si alguien cree que solo se trataba de hacer funcionar mejor lo que ya hacíamos, o que el único mensaje es que debemos mejorar los sistemas y las reglas ya existentes, está negando la realidad»[12].

     

    18. La pandemia se esparció vertiginosamente gracias a los medios de transporte modernos, pero sobre todo profundizó su carga viral a través de los medios de comunicación digitales, que por su instantaneidad transmiten otro virus quizá peor: la infodemia de fake news (noticias falsas). Debido a la infodemia, podemos sentirnos más frágiles de lo que en realidad somos, y vernos proyectados a buscar soluciones desesperadas e irracionales que atenten contra las medidas sensatas de salud pública. Las noticias falsas virales infectan de individualismo y agresividad a una velocidad inusitada, planteando de nuevo la necesidad de un compromiso más decidido por la verdad. No podremos combatir la pandemia de Covid-19 sin esta toma de postura fundamental, que nos debe llevar a cuestionar el uso responsable de las redes sociales.

     

    19. Tenemos que seguir asumiendo de manera más profunda esta idea central: lo que afecta a todos, solo se puede solucionar en conjunto. Es, pues, necesaria la colaboración de cada ciudadano o ciudadana. La pandemia nos golpea a todos: hemos perdido seres queridos, son palpables los perjuicios económicos, nos vemos constreñidos por las medidas sanitarias... Pero la fe nos invita a cultivar una sana esperanza ante la dolorosa situación. Como ya expresamos, aun en medio del sufrimiento, debemos saber agradecer tanta solidaridad, entrega, amor fraterno, ayuda privada y pública. Esto revela el mejor rostro de nuestro pueblo, por lo que podemos afirmar que en nuestros corazones hemos acogido la invitación del insigne patricio Juan Pablo Duarte: «…Y al mundo mostremos que somos hermanos».

     

    Dios bendiga siempre al pueblo dominicano. 

     

    Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez,

    Arzobispo emérito de Santo Domingo

     

    X Freddy Antonio de Jesús Bretón Martínez,

    Arzobispo Metropolitano de Santiago de los Caballeros

    Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

     

    X Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez, M.S.C.,

    Obispo de La Vega

    Vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

     

    X Francisco Ozoria Acosta,

    Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo

    Primado de América

     

    X Diómedes Espinal De León,

    Obispo de Mao-Montecristi

     

    X Julio César Corniel Amaro,

    Obispo de Puerto Plata

     

    X Víctor Emilio Masalles Pere,

    Obispo de Baní

     

    X Fausto Ramón Mejía Vallejo,

    Obispo de San Francisco de Macorís

     

    X Andrés Napoleón Romero Cárdenas,

    Obispo de Barahona

     

    X Santiago Rodríguez Rodríguez,

    Obispo de San Pedro de Macorís

     

    X Jesús Castro Marte,

    Obispo de Nuestra Señora de La Altagracia, Higüey

     

    X Tomás Alejo Concepción,

    Obispo de San Juan de la Maguana

     

    X Carlos Tomás Morel Diplán,

    Obispo Auxiliar de Santiago de los Caballeros

     

    X Ramón Benito Ángeles Fernández,

    Obispo Auxiliar de Santo Domingo

     

     

    X Faustino Burgos Brisman, C.M.,

    Obispo Auxiliar de Santo Domingo

    Secretario General de la Conferencia del Episcopado Dominicano

     

    X José Amable Durán Tineo

    Obispo Auxiliar de Santo Domingo

     

    X Ramón Benito De La Rosa y Carpio,

    Arzobispo emérito de Santiago de los Caballeros

     

    X Jesús María De Jesús Moya,

    Obispo emérito de San Francisco de Macorís

     

    X José Dolores Grullón Estrella,

    Obispo emérito de San Juan de la Maguana

     

    X Antonio Camilo González,

    Obispo emérito de La Vega

     

    X Gregorio Nicanor Peña Rodríguez,

    Obispo emérito de Nuestra Señora de La Altagracia, Higüey

     

    X Rafael L. Felipe Núñez,

    Obispo emérito de Barahona

     

    X Valentín Reynoso Hidalgo, M.S.C.,

    Obispo Auxiliar emérito de Santiago de los Caballeros

     



    [1] Fratelli tutti, n. 109.

    [2] Ibid., n. 18. El Papa cita aquí su Discurso al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede (11 de enero   de 2016).

    [3] Ibid., n. 86.

    [4] Ibid., n. 41.

    [5]  Conferencia del Episcopado Dominicano, Mensaje del 27 de febrero de 2005. «Ante la creciente inmigración haitiana».

    [6] Conferencia del Episcopado Dominicano, Mensaje del 27 de febrero de 2015. «Que la justicia y la paz se encuentren», n. 48.

     

    [7] Apuntes de Rosa Duarte. Archivo de Duarte y versos de Juan Pablo Duarte, Santo Domingo: Editora del Caribe,

           2009, pp. 305-306.

    [8] Véase Martha C. Nussbaum, Emociones políticas. ¿Por qué el amor es importante para la justicia?, Barcelona: Paidós, 2014.

     [9] Fratelli tutti, n. 233. El Papa cita en esta ocasión su Discurso a las autoridades, la sociedad civil y el Cuerpo diplomático, Maputo, Mozambique (5 de septiembre de 2019).

    [10] Conferencia del Episcopado Dominicano, Mensaje del 27 de febrero de 2018, n. 4.7.

    [11] Fratelli tutti, n. 152

    [12] Ibid., n. 7



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