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    lunes, 5 de abril de 2021

    A propósito de la Eutanasia


    Bioética | Jahuil Doroteo Pereyra, MSC




    A propósito de la Eutanasia

     

    El teólogo Niceto Blázquez, siguiendo a Juan Pablo II, afirma que la eutanasia es uno de los síntomas más alarmantes de la cultura de la muerte. Ella tuvo diferentes acepciones, en España por ejemplo, un grupo de humanistas la proponía para aliviar los sufrimientos físicos y psíquicos; en Canadá la llamaban suicidio asistido, y fue propuesta en Holanda como remedio para los enfermos no terminales con sufrimiento psíquico. En este sentido, Australia fue el país donde se aprobó el derecho a ser matado por un médico en nombre de una muerte más digna, pero un año después su legalidad fue anulada. Por ende, se utilizan razones desvinculadas de la realidad para no respetar la dignidad humana.

     

    Blázquez expresa algunas consideraciones a tener en cuenta, tales como que eutanasia significa muerte buena sin sufrimiento, la cual es practicada a pacientes para que dejen de sufrir y mueran sin dolor, se clasifica en agónica o lenitiva; cuando este proceso es realizado en base a fármacos. Desde la víctima a ella se le conoce como voluntaria o involuntaria.

     

    En relación a las personas que la practican, se llama activa cuando la muerte es provocada por intervenciones directas y la pasiva; trata sobre la omisión de acciones sobre el enfermo que llevan a la muerte (retirar la medicación del paciente o la alimentación). De igual manera si su finalidad es buscar la muerte del paciente se llama directa, si no lo es, entonces es indirecta.

     

    Tenemos también los términos distanasia, ortotanasia, cacotanasia y muerte clínica. El primer término trata del retraso de la muerte lo más que se pueda, el segundo significa dejar morir al paciente sin practicarle eutanasia o distanasia, el tercero es utilizado cuando el paciente recibe la muerte de parte del doctor sin su consentimiento y el cuarto expresa la no actividad cerebral ni cardio-vascular en la persona, es de corte médico y se utiliza en muchos casos para aplicar la eutanasia. Ante esto tenemos que, el juramento hipocrático está en contra de la misma, al hacer opción por el respeto de la vida, lo cual se ve reflejado en la Gaudium et spes 27, donde el Concilio Vaticano II la declara como crimen contra la vida.

     

    Nuestro autor citado, siguiendo la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la fe sobre la eutanasia, expresa que ella se sitúa en el nivel de las intenciones y métodos usados con el fin de eliminar el dolor. Incluye los estados de ánimos y el dolor insoportable que puede llevar a una persona a creer en la muerte como salida de su sufrimiento. En contraparte se habla del derecho a morir con toda serenidad y dignidad humana, aceptando los procedimientos médicos necesarios sin recurrir a la eutanasia. De esta manera las posturas no cristianas frente al dolor pueden caer en la tentación de ver la muerte como la salida, pero la Iglesia propone ver el dolor, cuya culminación es la muerte desde Cristo.

     

    Referencia: Blázquez, N., Bioética, La nueva ciencia de la vida, Madrid, 2000, pp. 325-338.



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