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    jueves, 27 de mayo de 2021

    La «juventud» de Jesús (II)


    Evangelio | Giuseppe De Rosa





    Los años «oscuros» de Jesús en Nazaret
    La «juventud» de Jesús (II)

     

    Jesús pasó los años de su adolescencia y juventud en Nazaret, donde, viviendo el clima espiritual del «judaísmo del segundo Templo». ¿Pero qué podemos decir sobre estos largos años de Jesús pasados en Nazaret? Aparte del episodio en que se «pierde» en el Templo, narrado por Lucas (2,41-50), los Evangelios han callado al respecto.

     

    Educación de Jesús

    ¿Qué tipo de educación recibía un niño en tiempos de Jesús? La primera educación la recibía de la madre y del padre, y consistía en los elementos esenciales y más simples de la fe judía. Si en el pueblo había una sinagoga, esta hacía también las veces de una escuela básica, en la que los niños aprendían a leer la Torâ bajo la guía de un maestro, que podía bien ser el jefe de la sinagoga o un servidor. Lucas (4,16) nos informa que en Nazaret había una sinagoga que Jesús solía frecuentar los sábados: se trataba de la participación en el culto sinagogal de la mañana y del resto de las grandes fiestas religiosas.

     

    Este servicio litúrgico sinagogal consistía en recitar algunas oraciones: el šema‘, precedido y seguido por bendiciones; la profesión de fe judía; el ruego de las «Dieciocho Bendiciones» (šemôneh‘ esrŁh) incluida la bendición del sacerdote. Seguía la liturgia de la Palabra real y propia con la lectura de la Torâ dividida en más partes y realizada por al menos cinco o siete personas; al final de la lectura del texto hebreo, que no todos comprendían, se hacía una paráfrasis en arameo, que era la lengua hablada por el pueblo. Luego se leía una perícopa profética – llamada haftarah – y se hacía una homilía para explicarla. Las lecturas se hacían de pie, desde un ambón sobre un podio de madera, mientras que las explicaciones del texto profético se realizaban desde el podio sentados.

     

    Durante todo el tiempo pasado en Nazaret, Jesús frecuentó cada sábado la sinagoga del pueblo: así no solo aprendió a leer, además adquirió un buen conocimiento de la Torâ, de los Salmos y de los libros proféticos, como muestran sus discusiones con los escribas y los fariseos durante su vida pública.

     

    Pero aquí se instalan dos preguntas: ¿qué lengua hablaba Jesús? Si sabía leer, ¿sabía también escribir?

     

    ¿Qué lengua hablaba Jesús?

    Para responder a esta pregunta – partiendo del supuesto de que Jesús se hacía entender por sus oyentes – debemos decir que hablaba la lengua que sus auditores hebreos entendían. ¿Cuál era esta lengua? Eran cuatro las lenguas que los hebreos del siglo I hubieran podido hablar: latín, griego, hebreo y arameo. Ahora bien, el latín era la lengua de los dominadores y la usaban casi exclusivamente los oficiales romanos entre ellos. Por esto, el latín se hablaba en los lugares del poder, como en Cesarea Marítima, sede del prefecto romano que gobernaba Judea, pero era desconocido en un pequeño pueblo galileo. No hay ninguna razón para que Jesús haya hablado, y mucho menos leído, el latín.

     

    En cuanto al griego, sin duda Palestina fue influida por la cultura y la lengua griega, por lo que el judaísmo palestino era un judaísmo helenístico. La lengua y la cultura griega se difundieron en ambientes cultos de Jerusalén y entre los hebreos que vivían en ciudades helenizadas de la costa mediterránea, como Gaza, Tolemaida y, sobre todo, Cesarea. En cambio, la lengua griega no parece que se haya difundido en Galilea. Esto no quita que, siendo el griego la lengua franca en tiempos de Jesús, «En su taller de carpintería, Jesús pudo tener ocasión de aprender el suficiente griego para apalabrar los encargos y escribir las facturas. Las peregrinaciones regulares de su familia a la santa – aunque helenizada – ciudad de Jerusalén pudieron ser ocasión de que el joven Jesús recibiera numerosas dosis de cultura griega y del griego hablado en los espacios públicos. Naturalmente, aunque recibidos de manera ocasional, esos conocimientos de griego podrían haber sido suficientes para manejarse en las necesidades profesionales corrientes como las antes señaladas. […] Pero, sin una educación formal en esa lengua, resulta muy inverosímil que conociera a fondo la lengua griega, ni siquiera que tuviera bastante dominio y fluidez para enseñar en griego con su asombroso arte de la palabra». Por esto, es bastante dudoso que algunas frases de Jesús hayan existido desde el inicio en griego y que no hayan tenido necesidad de ser traducidas cuando pasaron a los Evangelios escritos en griego.

     

    En cuanto al hebreo – que era la lengua sagrada de los judíos – después del exilio babilónico y el regreso a Palestina, decayó como lengua hablada en su uso popular y fue suplantado por el arameo, que era la lengua franca del Oriente Próximo. De hecho, los libros sagrados escritos después del exilio, como los libros de Esdras y Daniel, contienen capítulos enteros escritos en arameo (en Daniel, cerca de seis capítulos sobre doce). En realidad, el hebreo clásico siempre se ha hablado en Palestina, y las obras teológicas, como muestran los rollos de Qumrán, estaban en su mayor parte escritas en hebreo; pero esto no quiere decir que el hebreo fuera la lengua de la gente común. Esto explica por qué, cuando en las sinagogas se leía la Biblia hebrea, se acudía a los targumîn, que eran traducciones en arameo de un texto hebreo que ya no era comprensible para el común de los hebreos. En cuanto a Jesús, la costumbre de frecuentar las sinagogas y de discutir con los escribas y fariseos sobre puntos de la Sagrada Escritura escritos en hebreo, sobre el sábado y las reglas de pureza, hacen verosímil la hipótesis de que Jesús estuviera en condiciones de leer y comentar el hebreo bíblico. Los judíos que lo escuchan en Jerusalén mientras enseña en el Templo se asombran de su conocimiento de las Sagradas Escrituras y se preguntan: «¿Cómo conoce las Escrituras sin haber estudiado?» (Jn 7,15). El hecho, además, de que a Jesús se le haya dado en público el título de rabbi (maestro) muestra que se consideraba a Jesús una persona culta, capaz de enseñar y de discutir con los rabbi (escribas) y con los fariseos[5].

     

    Y luego está la perícopa evangélica en la que se dice que Jesús «lee» un pasaje del profeta Isaías (Lc 4,16-19) que luego explica a los presentes; pero muchos exégetas consideran que esta perícopa es un aporte de Lucas y que no se trata de un hecho que haya realmente sucedido. En cualquier caso, si bien existen buenos motivos para afirmar que Jesús estaba en condiciones de leer y de comentar la Sagrada Escritura hebrea, no podemos decir que estuviese en condiciones de hablar hebreo de forma fluida y habitual.

     

    Por último, el arameo – una lengua muy similar al hebreo – era una lengua común, cotidiana, hablada por el hebreo medio del siglo I d.C. También la lengua hablada corrientemente por Jesús era el arameo. Lo que se desprende, además, del hecho de que los dichos de Jesús conservados en griego a menudo toman una nueva fuerza poética e incluso una mayor claridad de sentido cuando se retraducen al arameo. Algunos dichos de Jesús contienen expresiones idiomáticas en arameo, ajenas al griego y al hebreo. También existe, entre los estudiosos, consenso de que buena parte de la tradición de los dichos de Jesús se apoya en un sustrato arameo.

     

    Además, el hecho de que las poquísimas palabras de Jesús que nos han llegado de su lengua hablada sean arameas muestra que hablaba y enseñaba en esa lengua. Palabras como talitha kum (muchacha, levántate) que Jesús dirige a la niña muerta hija de Jairo (Mc 5,41); ephphatha (ábrate), dirigido a un sordo (Mc 7,34) y el ‘abbâ’ de la oración en de Jesús en el Huerto de los Olivos (Mc 14,16). En arameo exclama, también, con un grito Jesús en la cruz elôì, elôì, lamà, sabachthanì (Mc 15,34).

     

    En conclusión: 1) no hay razones para creer que Jesús hablara latín, que era la lengua de los conquistadores; 2) es probable que conociera y utilizara algo de griego en el ámbito del trabajo y por el contacto con personas de Galilea que lo hablaban; 3) Jesús sabía seguramente el hebreo y era capaz de leerlo y de interpretarlo, e incluso de sostener una discusión con escribas y fariseos sobre textos hebreos de la Sagrada Escritura; pero no frecuentó una escuela regular, como los escribas, y había aprendido a leer y entender el hebreo oyendo las lecturas de las reuniones del sábado en la sinagoga de Nazaret, a la que asistía «según su costumbre». Sin embargo, pareciera que no hablaba hebreo habitualmente; 4) es seguro que la lengua que hablaba corrientemente o en la que enseñó y predicó fue el arameo. Las únicas palabras que nos quedan de la lengua hablada habitualmente por Jesús son arameas.

     

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