Nuestra Fe | Patricia Ynestroza
Catequesis de León XIV:
"Custodiar el depósito de la fe y transmitirla con fidelidad"
El Papa León
XIV habló en la audiencia general sobre la Constitución conciliar Dei Verbum,
destacando tres pilares de la fe cristiana: la acción del Espíritu Santo, la
unidad entre Sagrada Escritura y Tradición, y la responsabilidad de la Iglesia
como custodio del “depósito” de la fe. El Pontífice recordó que la Palabra de
Dios no está estática, sino viva, y que la Iglesia tiene la misión de
custodiarla, interpretarla y transmitirla íntegra a las generaciones presentes
y futuras
Esta mañana,
el Papa León XIV ha continuado su catequesis sobre la Constitución
conciliar Dei Verbum, uno de los textos fundamentales del Concilio
Vaticano II. En su alocución se ha centrado en tres ideas que iluminan la
comprensión católica de la Revelación Divina: la acción permanente del Espíritu
Santo, la unidad inseparable entre Sagrada Escritura y Tradición, y la
responsabilidad de la Iglesia como custodio del “depósito” de la fe.
La fe cristiana, presencia viva
El Papa
recordó el papel decisivo del Espíritu Santo en la transmisión de la
Revelación. A partir de las palabras de Jesús en el Cenáculo, León XIV subrayó
que la fe cristiana no se apoya en un recuerdo estático del pasado, sino en una
presencia viva que guía a la Iglesia “hacia la verdad completa”.
El Pontífice
recordó que el Espíritu no añade una nueva revelación, pero sí hace posible una
comprensión cada vez más profunda de la Palabra de Cristo a lo largo de la
historia. Gracias a su acción, la enseñanza de Jesús permanece actual, capaz de
iluminar contextos culturales, sociales y humanos muy distintos a los del siglo
I. De este modo, la Iglesia no repite mecánicamente, sino que actualiza
fielmente el Evangelio.
Escritura y Tradición: una unidad inseparable
Al abordar la
relación entre la Sagrada Escritura y la Tradición, el Papa citó directamente
la Dei Verbum, insistiendo en que ambas proceden de una misma
fuente divina y forman un único todo orientado al mismo fin: la salvación de
las almas.
“La Tradición
eclesial se ramifica a lo largo de la historia a través de la Iglesia, que
custodia, interpreta y encarna la Palabra de Dios. El Catecismo de la Iglesia
Católica (cf. n. 113) remite, a este respecto, a un lema de los Padres de la
Iglesia: «La Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes
que en instrumentos materiales», es decir, en el texto sagrado.”
Lejos de
presentarlas como realidades opuestas, el Papa explicó que la Escritura vive
dentro de la Tradición de la Iglesia, que la custodia, la interpreta y la
encarna. En este sentido, evocó la enseñanza de los Padres de la Iglesia según
la cual la Palabra de Dios fue “escrita primero en el corazón de la Iglesia”
antes de quedar fijada en textos. Esta visión subraya que la Biblia no es un
libro aislado, sino el libro de un pueblo creyente.
La palabra de Dios no está "fosilizada"
Además, el
Pontífice destacó el carácter dinámico de esta relación, recordando que la
Palabra de Dios no está “fosilizada”, sino que crece y se desarrolla en la vida
de la comunidad cristiana, tal como afirmaron san Gregorio Magno y san Agustín.
Sobre el
“depósito de la fe”, confiado a la Iglesia, el Santo Padre retomó la
exhortación de san Pablo a Timoteo, explicando que este depósito —la Palabra de
Dios transmitida en la Escritura y la Tradición— debe ser conservado íntegro y
transmitido fielmente.
Custodiar no significa inmovilizar
El Papa León
XIV subrayó que custodiar no significa inmovilizar. Inspirándose en John Henry
Newman, recordó que la doctrina cristiana se desarrolla como una semilla que
crece desde dentro, sin perder su identidad. El Magisterio de la Iglesia,
ejercido en nombre de Jesucristo, tiene la misión de garantizar esta fidelidad,
evitando tanto la ruptura con la tradición apostólica como una lectura rígida
incapaz de dialogar con la historia.
Sugestivo, en
esta línea, es lo que proponía el santo Doctor de la Iglesia John Henry Newman,
en su obra titulada El desarrollo de la doctrina cristiana.
Afirmaba que el cristianismo, tanto como experiencia comunitaria como doctrina,
es una realidad dinámica, tal y como indicó el mismo Jesús con las parábolas de
la semilla (cf. Mc 4,26-29): una realidad viva que se
desarrolla gracias a una fuerza vital interior.
Custodiar el depósito de la fe
En este
contexto, el Pontífice apeló a la responsabilidad de todos los fieles: obispos,
sacerdotes, religiosos y laicos, llamados a custodiar el depósito de la fe como
una “estrella polar” en medio de la complejidad del mundo actual.
Concluyendo su
catequesis, el Papa León XIV recordó que Escritura y Tradición, unidas bajo la
acción del Espíritu Santo, no solo conservan la memoria del pasado, sino que
hacen posible una fe viva, capaz de responder a los desafíos del presente. Una
enseñanza que reafirma la actualidad del Concilio Vaticano II y su valor como
brújula para la Iglesia del siglo XXI.


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