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    jueves, 22 de enero de 2026

    Solemnidad de Nuestra Señora de la Altagracia


    Nuestra Fe | Mons. Jesús Castro Marte

     


    Solemnidad de Nuestra Señora de la Altagracia

    Homilía Basílica-Catedral Nuestra Señora de la Altagracia

    21 de enero de 2026, Salvaleón de Higüey, R. D.

     

    Saludos

    - Excelentísimo Señor Presidente de la República Lic. Luis Rodolfo Abinader Corona y su distinguida esposa, Primera Dama, Doña Raquel Arbaje de Abinader.

    - Ing. Hipólito Mejía Domínguez, expresidente de la República.

    - Honorable Señora Alcaldesa de Salvaleón de Higüey, Karina Aristy.

    - Honorable Senador de La Altagracia, Rafael Barón Duluc Rijo, y con él a todos los legisladores de nuestras provincias, aquí presentes.

    - Sra. Carolina Mejía Gómez, Honorable Alcaldesa del Distrito Nacional. 

    - Autoridades civiles y militares.

    - Miembros del cuerpo diplomático

    - Amigos y amigas de la prensa

    - Hermanos sacerdotes, diáconos, queridas religiosas, hermanos y hermanas, todos en el Señor:

     


    Celebramos en este día la Solemnidad de Nuestra Señora de la Altagracia, Protectora del Pueblo Dominicano. Esta es una fiesta de profunda alegría y gran regocijo para este pueblo creyente y para otras naciones del mundo donde están dispersos muchos dominicanos y dominicanas. Llegue también hasta ellos nuestros mejores deseos de paz y de prosperidad.

     

    El culto a la Virgen de la Altagracia, y la devoción mariana en general, forman parte del conjunto de valores simbólicos a la base de la formación histórica, religiosa y cultural de la dominicanidad. No se puede hablar con propiedad de los pilares que constituyen a esta gran nación sin una referencia a las maravillas que, por mediación de nuestra Madre y Señora, el Señor ha tenido a bien dispensarnos.

     

    Como expresaron los obispos dominicanos en la Carta Pastoral del 21 de enero de 2021: “Nuestro país ha sido y es bendecido por Dios, y así lo creemos, por haberse plantado en nuestro suelo, por primera vez en el continente americano, la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, y por dejarnos a María, su Madre, como Protectora de los dominicanos”.

     

    Los dominicanos de todos los tiempos han hecho del Santuario de Higüey un lugar de peregrinación, cuya cifra supera el millón de visitantes por año. Como sucede con otras primicias con que cuenta esta bendecida nación, el primer santuario mariano edificado en América fue el de nuestra venerable Iglesia de San Dionisio, hace más de 500 años, en esta Villa de Salvaleón de Higüey, allí «donde floreció el naranjo», como escribió el insigne primer obispo de esta diócesis, Monseñor Juan Félix Pepén.

     

    Dentro del marco de esta solemne celebración hemos escuchado tres lecturas:

    En la Primera, del capítulo 7 del profeta Isaías, el contexto histórico es el siglo octavo antes de Cristo (VIII A.C.). El Señor, por medio del Profeta Isaías, requiere al rey Acaz pedir una señal, dentro del marco de una guerra entre el reino del Norte (Israel y Siria) y el reino de Judá o del Sur, con su capital Jerusalén. El rey Acaz pudo haber pedido paz para su pueblo, bienestar para su gente; no obstante, su autosuficiencia lo llevó a rechazar la petición del profeta porque su mente estaba en otra cosa; le importaban más las alianzas militares y las soluciones terrenales conforme a un criterio humano (poder, unificación con otros reinos, etcétera). El profeta, en cambio, inspirado por el Espíritu de Dios le dice: “El Señor mismo va a darte una señal: He aquí que una Virgen está encinta y va a dar a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros”. La señal de que hace eco el profeta Isaías era la de la presencia de Dios, que se hace palpable en el mundo trámite la encarnación del Verbo, dentro de una permanente alusión al misterio de la Navidad que se refleja en el cuadro de la Virgen de La Altagracia.

     

    En el Evangelio de san Lucas podemos destacar dos dimensiones claramente identificadas en María, la llena de gracia.

    1. La dimensión humana de la Santísima Virgen María que, ante el asombro por el anuncio del ángel de que sería la elegida como madre de Jesús, pregunta cómo será eso posible si no se ha unido a un varón.

     

    2. La dimensión sobrenatural: cuando ángel le aclara que El Espíritu Santo descenderá sobre ella y el poder del Altísimo la cubrirá con su sombra, por lo que el niño será llamado Hijo de Dios, responde a esta especial llamada a colaborar en el plan de redención con toda humildad «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Esto denota un profundo acto de fe y de obediencia digno de imitar en los momentos más inciertos de nuestras vidas como ciudadanos y como conglomerado colectivo pues «para Dios no hay nada imposible»

     

    En la santa Madre de Dios encontramos elementos para un humanismo integral que podemos vislumbrar en los aspectos siguientes:

    a. Mujer solidaria: María, luego del anuncio del ángel, visita a su prima Isabel para cuidarla en sus tres meses de embarazo

     

    b. El espíritu solidario de la Virgen Madre lo podemos imitar poniendo atención a los gritos del pobre; solidarizándonos con los marginados de este mundo, los enfermos, las mujeres maltratadas, los jóvenes desorientados y sin oportunidades, los envejecientes, las personas con problemas de salud mental, etc.

     

    Otro momento culminante en que interviene decisivamente la Madre fue las Bodas de Caná, cuando se acabó el vino y ella acude a su Hijo.

     

    Aquí traemos a colación la palabra servicio, valor que forma parte de la idiosincrasia del pueblo dominicano. Podemos ser buenos servidores como padres de familia, como servidores públicos, obrando con transparencia y pulcritud en el manejo del patrimonio. 

     

    Podemos ser buenos servidores de la Patria cumpliendo y aplicando la Ley y el Orden con rectitud y respetando los derechos humanos. Fijando el horizonte de nuestras acciones como hombres y mujeres públicos en el bienestar general de la nación y no en el interés particular de personas o de grupos.

     


    A los pies de la Virgen rogamos al Todopoderoso su fortaleza y bendición para abrir caminos tendientes a una lucha constante por la disminución de la pobreza en tantos hermanos, acortando la brecha existente entre ricos y pobres, entre la opulencia y la periferia existencial.

     

    Pidamos a Ntra. Sra. de la Altagracia, para que todos los servidores públicos, en cualquier lugar donde desarrollen sus funciones, sea en el ámbito judicial, en la educación, en la salud o quienes opten por una participación militante en la política tengan bien claro las metas, los propósitos, el alcance y también los límites de un ejercicio marcado por la dignidad y la transparencia. 

     

    Es importante que la gestión pública recuerde siempre que su fin es buscar el bien común, servir, especialmente a los más débiles de cualquier condición u origen que necesitan la protección del Estado, y vencer el peligro de que, en nombre de la eficiencia, y los números engañosos de las estadísticas grandes, se tenga el complejo de equiparar la función pública con los propósitos o fines del sector privado o empresarial, que es el lucro.  Los servidores públicos son para servir al país, no para buscar lucro de ningún tipo.

     

    Esto vale también para los profesionales de todas las ramas, para el sector privado, la clase empresarial y para nosotros mismos que, como Iglesia inserta en la realidad de nuestro tiempo, hemos de testimoniar, con palabras y con hechos el llamado de Jesús quien «no vino a ser servido, sino a servir».  Porque también las empresas han de recordar su vocación social, cumpliendo con lo mínimo que se le pide como son las protecciones sociales que prevé la ley, salarios justos y participaciones o compensaciones con las que se comparten las riquezas producidas.

     

    Las empresas para los empresarios, el Estado un garante de la vida nacional, no un competidor empresarial.  Por el contrario, siguiendo el ideario de Juna Pablo Duarte, el Estado debe destacarse por su firmeza y garantía de justicia.  Hace falta un mayor apoyo a nuestras autoridades.  Imperan muchas acciones de orden público que son un franco y elocuente desafío a la autoridad, que siempre terminan trayendo luto y vergüenza a nuestras familias y a la vida nacional.

     

    Accidentes de tránsito, fiestas callejeras, operación de negocios y servicios de todo tipo sin licencias ni supervisión ninguna, actividades criminales, robos, asaltaos, estafas inmobiliarias, falsificación de documentos, tráfico personas y mercancías, difamación por medios digitales, y un largo etcétera de agresiones que se ocultan en la normalización cotidiana del vacío de autoridad por un lado y el comportamiento delictivo de quienes tienen como norma el desacato a la ley y a la autoridad.  Tienen que haber consecuencias.

     

    La frase que tantas veces hemos escuchado «quien no vive para servir no sirve para vivir», subraya que en el servicio a los demás encontramos la grandeza de una vida con sentido. La vida auténtica se desarrolla en el compromiso con el prójimo y en el amor que impregna nuestras acciones cotidianas. El mayor liderazgo que demanda nuestra sociedad es el del servicio que procura del bien común. La frase del libro de Los Hechos de los Apóstoles «Hay más felicidad en dar que en recibir» cobra mayor vigencia, fuerza y significado, porque el país necesita para su crecimiento y desarrollo el vigor y el coraje de una verdadera Comunidad de Servicio.

     

    Al salir de los resistentes muros de la Basílica Catedral, no olviden esta expresión: “SERVICIO Y BIEN COMÚN”; ambas coordenadas resumen la vocación de entrega, la abnegación y el sacrificio de la Santísima Virgen María, en cuyo honor celebramos esta fiesta. 

     

    De manera especial pedimos a Nuestra Señora de la Altagracia:

    -Por el fortalecimiento de la familia dominicana: para que se pueda estructurar en todos sus niveles y para que en cada núcleo familiar se haga una buena siembra de los valores, las creencias y las costumbres que conservamos como reserva frente al imperio de ideologías foráneas que luchan por imponerse a toda costa.

     

    - Por nuestros políticos y por las agrupaciones políticas para que sus actividades no se reduzcan a un crudo mercantilismo, sino que aporten todo lo bueno que tienen al servicio de un genuino proyecto de nación.

     

    - Por los privados de libertad, para que mejoren las condiciones físicas y humanas de los internos que están en nuestras cárceles, de modo especial por los presos preventivos que esperan un debido proceso judicial, para que las autoridades encuentren el camino de soluciones justas siempre del marco de la normativa jurídica, en línea con lo que señalo el papa León XIV en su Homilía con motivo del Jubileo de las cárceles el pasado 14 de diciembre: “La cárcel es un entorno difícil y hasta las mejores intenciones pueden encontrar muchos obstáculos. Precisamente por eso, no hay que cansarse, desanimarse o retroceder, sino seguir adelante con tenacidad, valentía y espíritu de colaboración”. “Son muchos los que aún no comprenden que hay que levantarse de toda caída, que ningún ser humano coincide con lo que ha hecho y que la justicia es siempre un proceso de reparación y reconciliación”. “sólo hay una cosa importante: que nadie se pierda y que todos se salven”. 

     

    - Como Obispo de esta Diócesis de la Altagracia, valoro los esfuerzos del Poder Ejecutivo, el Poder Judicial y el Ministerio Público, para mejorar las condiciones del Sistema Penitenciario Dominicano; continuemos unificando criterio con todas las instituciones que intervienen a los fines de pagar la deuda que tiene la República Dominicana con la cantidad asombrosa de presos preventivos, realidad que obstruye el avance del sistema penitenciario.

     

    - Urge trabajar por una cultura institucional cimentada en la honestidad, la transparencia, y en la distribución justa y equitativa de los recursos públicos.

     

    Que Dios y María Santísima, Nuestra de la Altagracia, den a nuestras autoridades civiles y militares, a todo el liderazgo nacional, a todo el pueblo dominicano, y a los más de 10 millones de visitantes que se hospedan esta tierra en el curso de todo el año, amparo, protección, sabiduría, fe y esperanza en el porvenir de sus vidas.

     

    Dios les bendiga a todos.

     

    Amén







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