Nuestra Fe | Mons. Jesús Castro Marte
Solemnidad de Nuestra Señora de la Altagracia
Homilía
Basílica-Catedral Nuestra Señora de la
Altagracia
21 de
enero de 2026, Salvaleón de Higüey, R. D.
Saludos
- Excelentísimo Señor Presidente de la República Lic.
Luis Rodolfo Abinader Corona y su distinguida esposa, Primera Dama, Doña Raquel
Arbaje de Abinader.
- Ing. Hipólito Mejía Domínguez, expresidente de la
República.
- Honorable Señora Alcaldesa de Salvaleón de Higüey,
Karina Aristy.
- Honorable Senador de La Altagracia, Rafael Barón
Duluc Rijo, y con él a todos los legisladores de nuestras provincias, aquí
presentes.
- Sra. Carolina Mejía Gómez, Honorable Alcaldesa del
Distrito Nacional.
- Autoridades civiles y militares.
- Miembros del cuerpo diplomático
- Amigos y amigas de la prensa
- Hermanos sacerdotes, diáconos, queridas religiosas,
hermanos y hermanas, todos en el Señor:
Celebramos en este día la Solemnidad de Nuestra Señora
de la Altagracia, Protectora del Pueblo Dominicano. Esta es una fiesta de
profunda alegría y gran regocijo para este pueblo creyente y para otras
naciones del mundo donde están dispersos muchos dominicanos y dominicanas.
Llegue también hasta ellos nuestros mejores deseos de paz y de prosperidad.
El culto a la Virgen de la Altagracia, y la devoción
mariana en general, forman parte del conjunto de valores simbólicos a la base
de la formación histórica, religiosa y cultural de la dominicanidad. No se
puede hablar con propiedad de los pilares que constituyen a esta gran nación
sin una referencia a las maravillas que, por mediación de nuestra Madre y
Señora, el Señor ha tenido a bien dispensarnos.
Como expresaron los obispos dominicanos en la Carta
Pastoral del 21 de enero de 2021: “Nuestro país ha sido y es bendecido por
Dios, y así lo creemos, por haberse plantado en nuestro suelo, por primera vez
en el continente americano, la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, y por dejarnos
a María, su Madre, como Protectora de los dominicanos”.
Los dominicanos de todos los tiempos han hecho del
Santuario de Higüey un lugar de peregrinación, cuya cifra supera el millón de
visitantes por año. Como sucede con otras primicias con que cuenta esta
bendecida nación, el primer santuario mariano edificado en América fue el de
nuestra venerable Iglesia de San Dionisio, hace más de 500 años, en esta Villa
de Salvaleón de Higüey, allí «donde floreció el naranjo», como escribió el
insigne primer obispo de esta diócesis, Monseñor Juan Félix Pepén.
Dentro del marco de esta solemne celebración hemos
escuchado tres lecturas:
En la Primera, del capítulo 7 del
profeta Isaías, el
contexto histórico es el siglo octavo antes de Cristo (VIII A.C.). El Señor,
por medio del Profeta Isaías, requiere al rey Acaz pedir una señal, dentro del
marco de una guerra entre el reino del Norte (Israel y Siria) y el reino de
Judá o del Sur, con su capital Jerusalén. El rey Acaz pudo haber pedido paz
para su pueblo, bienestar para su gente; no obstante, su autosuficiencia lo
llevó a rechazar la petición del profeta porque su mente estaba en otra cosa;
le importaban más las alianzas militares y las soluciones terrenales conforme a
un criterio humano (poder, unificación con otros reinos, etcétera). El profeta,
en cambio, inspirado por el Espíritu de Dios le dice: “El Señor mismo va a
darte una señal: He aquí que una Virgen está encinta y va a dar a luz un hijo y
le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros”. La señal de
que hace eco el profeta Isaías era la de la presencia de Dios, que se hace
palpable en el mundo trámite la encarnación del Verbo, dentro de una permanente
alusión al misterio de la Navidad que se refleja en el cuadro de la Virgen de
La Altagracia.
En el Evangelio de san Lucas podemos destacar dos dimensiones
claramente identificadas en María, la llena de gracia.
1. La dimensión humana de la Santísima Virgen María
que, ante el asombro por el anuncio del ángel de que sería la elegida como
madre de Jesús, pregunta cómo será eso posible si no se ha unido a un varón.
2. La dimensión sobrenatural: cuando ángel le aclara
que El Espíritu Santo descenderá sobre ella y el poder del Altísimo la cubrirá
con su sombra, por lo que el niño será llamado Hijo de Dios, responde a esta
especial llamada a colaborar en el plan de redención con toda humildad «He aquí
la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Esto denota un profundo
acto de fe y de obediencia digno de imitar en los momentos más inciertos de
nuestras vidas como ciudadanos y como conglomerado colectivo pues «para Dios no
hay nada imposible»
En la santa Madre de Dios encontramos elementos para
un humanismo integral que podemos vislumbrar en los aspectos siguientes:
a. Mujer
solidaria: María, luego del anuncio del ángel, visita a su prima Isabel para
cuidarla en sus tres meses de embarazo
b. El
espíritu solidario de la Virgen Madre lo podemos imitar poniendo atención a los
gritos del pobre; solidarizándonos con los marginados de este mundo, los
enfermos, las mujeres maltratadas, los jóvenes desorientados y sin
oportunidades, los envejecientes, las personas con problemas de salud mental,
etc.
Otro momento culminante en que interviene
decisivamente la Madre fue las Bodas de Caná, cuando se acabó el vino y ella
acude a su Hijo.
Aquí traemos a colación la palabra servicio, valor que forma parte de la
idiosincrasia del pueblo dominicano. Podemos ser buenos servidores como padres
de familia, como servidores públicos, obrando con transparencia y pulcritud en
el manejo del patrimonio.
Podemos ser buenos servidores de la Patria cumpliendo y aplicando la Ley y el Orden con rectitud y respetando los derechos humanos. Fijando el horizonte de nuestras acciones como hombres y mujeres públicos en el bienestar general de la nación y no en el interés particular de personas o de grupos.
A los pies de la Virgen rogamos al Todopoderoso su
fortaleza y bendición para abrir caminos tendientes a una lucha constante por
la disminución de la pobreza en tantos hermanos, acortando la brecha existente
entre ricos y pobres, entre la opulencia y la periferia existencial.
Pidamos a Ntra. Sra. de la Altagracia, para que todos
los servidores públicos, en cualquier lugar donde desarrollen sus funciones,
sea en el ámbito judicial, en la educación, en la salud o quienes opten por una
participación militante en la política tengan bien claro las metas, los
propósitos, el alcance y también los límites de un ejercicio marcado por la
dignidad y la transparencia.
Es importante que la gestión pública recuerde siempre
que su fin es buscar el bien común, servir, especialmente a los más débiles de
cualquier condición u origen que necesitan la protección del Estado, y vencer
el peligro de que, en nombre de la eficiencia, y los números engañosos de las
estadísticas grandes, se tenga el complejo de equiparar la función pública con
los propósitos o fines del sector privado o empresarial, que es el lucro. Los servidores públicos son para servir al
país, no para buscar lucro de ningún tipo.
Esto vale también para los profesionales de todas las ramas, para el sector privado, la clase empresarial y para nosotros mismos que, como Iglesia inserta en la realidad de nuestro tiempo, hemos de testimoniar, con palabras y con hechos el llamado de Jesús quien «no vino a ser servido, sino a servir». Porque también las empresas han de recordar su vocación social, cumpliendo con lo mínimo que se le pide como son las protecciones sociales que prevé la ley, salarios justos y participaciones o compensaciones con las que se comparten las riquezas producidas.
Las empresas para los empresarios, el Estado un
garante de la vida nacional, no un competidor empresarial. Por el contrario, siguiendo el ideario de
Juna Pablo Duarte, el Estado debe destacarse por su firmeza y garantía de
justicia. Hace falta un mayor apoyo a
nuestras autoridades. Imperan muchas
acciones de orden público que son un franco y elocuente desafío a la autoridad,
que siempre terminan trayendo luto y vergüenza a nuestras familias y a la vida
nacional.
Accidentes de tránsito, fiestas callejeras, operación
de negocios y servicios de todo tipo sin licencias ni supervisión ninguna,
actividades criminales, robos, asaltaos, estafas inmobiliarias, falsificación
de documentos, tráfico personas y mercancías, difamación por medios digitales,
y un largo etcétera de agresiones que se ocultan en la normalización cotidiana
del vacío de autoridad por un lado y el comportamiento delictivo de quienes
tienen como norma el desacato a la ley y a la autoridad. Tienen que haber consecuencias.
La frase que tantas veces hemos escuchado «quien no
vive para servir no sirve para vivir», subraya que en el servicio a los demás
encontramos la grandeza de una vida con sentido. La vida auténtica se
desarrolla en el compromiso con el prójimo y en el amor que impregna nuestras
acciones cotidianas. El mayor liderazgo que demanda nuestra sociedad es el del
servicio que procura del bien común. La frase del libro de Los Hechos de los
Apóstoles «Hay más felicidad en dar que en recibir» cobra mayor vigencia, fuerza
y significado, porque el país necesita para su crecimiento y desarrollo el
vigor y el coraje de una verdadera Comunidad de Servicio.
Al salir de los resistentes muros de la Basílica
Catedral, no olviden esta expresión: “SERVICIO Y BIEN COMÚN”; ambas coordenadas
resumen la vocación de entrega, la abnegación y el sacrificio de la Santísima
Virgen María, en cuyo honor celebramos esta fiesta.
De manera especial pedimos a Nuestra Señora de la
Altagracia:
-Por el fortalecimiento de la familia dominicana: para
que se pueda estructurar en todos sus niveles y para que en cada núcleo
familiar se haga una buena siembra de los valores, las creencias y las
costumbres que conservamos como reserva frente al imperio de ideologías
foráneas que luchan por imponerse a toda costa.
- Por nuestros políticos y por las agrupaciones
políticas para que sus actividades no se reduzcan a un crudo mercantilismo,
sino que aporten todo lo bueno que tienen al servicio de un genuino proyecto de
nación.
- Por los privados de libertad, para que mejoren las
condiciones físicas y humanas de los internos que están en nuestras cárceles,
de modo especial por los presos preventivos que esperan un debido proceso
judicial, para que las autoridades encuentren el camino de soluciones justas
siempre del marco de la normativa jurídica, en línea con lo que señalo el papa
León XIV en su Homilía con motivo del Jubileo de las cárceles el pasado 14 de
diciembre: “La cárcel es un entorno difícil y hasta las mejores intenciones
pueden encontrar muchos obstáculos. Precisamente por eso, no hay que cansarse,
desanimarse o retroceder, sino seguir adelante con tenacidad, valentía y
espíritu de colaboración”. “Son muchos los que aún no comprenden que hay que
levantarse de toda caída, que ningún ser humano coincide con lo que ha hecho y
que la justicia es siempre un proceso de reparación y reconciliación”. “sólo
hay una cosa importante: que nadie se pierda y que todos se salven”.
- Como Obispo de esta Diócesis de la Altagracia,
valoro los esfuerzos del Poder Ejecutivo, el Poder Judicial y el Ministerio
Público, para mejorar las condiciones del Sistema Penitenciario Dominicano;
continuemos unificando criterio con todas las instituciones que intervienen a
los fines de pagar la deuda que tiene la República Dominicana con la cantidad
asombrosa de presos preventivos, realidad que obstruye el avance del sistema
penitenciario.
- Urge trabajar por una cultura institucional
cimentada en la honestidad, la transparencia, y en la distribución justa y
equitativa de los recursos públicos.
Que Dios y María Santísima, Nuestra de la Altagracia,
den a nuestras autoridades civiles y militares, a todo el liderazgo nacional, a
todo el pueblo dominicano, y a los más de 10 millones de visitantes que se
hospedan esta tierra en el curso de todo el año, amparo, protección, sabiduría,
fe y esperanza en el porvenir de sus vidas.
Dios les bendiga a todos.
Amén


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