La Escuela Económica | Esteban Delgado (@estebandelgadoq)
La economía de RD: entorno
internacional, ¿y el nacional?
Veamos. Durante el pasado año 2025 la economía
dominicana sufrió una notable desaceleración, con un crecimiento de apenas
2.1%, muy por debajo de su potencial, que se estima en 5%, el cual ha sido, en
promedio, su crecimiento de las últimas décadas.
Sin embargo, cuando las autoridades monetarias
explican las posibles razones de esa desaceleración, se enfocan mucho en el
“entorno internacional de incertidumbre” o “desafiante”, sin poner énfasis en
los posibles efectos del “entorno nacional” que pudieron afectar ese
crecimiento.
En su más reciente informe sobre el crecimiento
favorable de la inversión extranjera directa (IED), el Banco Central dominicano
(BC) destacó los fundamentos macroeconómicos del país, “que combina una paz
social sostenida, estabilidad económica y social, y seguridad jurídica”, lo
cual se une a un entorno de negocios atractivo, con incentivos fiscales y
modernas estructuras.
Hasta ahí, se pudiera pensar que, ciertamente, la
desaceleración de la economía pudo ser por el “entorno internacional de
incertidumbre”. Pero, resulta que ese entorno internacional, en lugar de
perjudicar la economía local, lo que hizo fue beneficiarla, por lo que debió
traducirse en un mayor crecimiento.
Volvamos a ver. Primero está el tema del petróleo del
oeste de Texas (WTI), el de referencia para el país, cuyo precio promedio
durante el 2025 fue de unos favorables US$65 por barril. Muy por debajo de
aquellos niveles superiores a los US$85 que provocaron las alzas de los precios
de los combustibles locales, que todavía siguen a esos niveles, pese a la baja
del petróleo.
A ese “alivio fiscal”, de no bajar los precios de los
combustibles pese a la baja del crudo internacional, también se suma el alivio
que debió representar en lo relativo a la reducción de los precios de los
combustibles para generación eléctrica, aunque eso evidentemente no se
aprovechó, debido a la ineficiencia administrativa en las empresas
distribuidoras (EDE) que siguen con altas pérdidas.
Pero también están los sectores generadores de
divisas, el llamado “sector externo”, cuyo crecimiento fue notable: las
exportaciones sumaron en 2025 un total de US$15,930.6 millones (14.4% de
crecimiento), favorecido por el oro, que llegó a precios récords
internacionales de US$3,500 la onza troy, muy conveniente para República
Dominicana.
También las remesas, cuyo crecimiento fue de un 10.3%
con la entrada de US$11,866.3 millones, mientras que la inversión extranjera se
ubicó en un histórico de US$5,032.3 millones, para un crecimiento de 11.3%.
A eso se suma la generación de divisas por el turismo,
que si bien solo crecieron 3.2% en 2025, en términos numéricos son US$11,318.5
millones; a los que se suman US$3,152.3 millones correspondientes a “otras
exportaciones de servicios”.
Lo anterior indica que la generación de divisas,
influida por el entorno internacional actual, sumó US$47,300 millones el año
pasado, con un crecimiento de 7.7%.
Entonces, uno se pregunta: ¿por qué la economía se
desaceleró tanto, si la incertidumbre del entorno internacional, en lugar de
perjudicarnos, nos benefició grandemente, a juzgar por los indicadores del
sector externo?
Obviamente, la respuesta no la puede dar el Banco
Central, cuyas autoridades hicieron todo lo posible con medidas de política
monetaria acertadas para contener la inflación, evitar más devaluación y
motivar más consumo interno.
La respuesta está en la “política fiscal”, del
Gobierno. Una gestión concentrada en el incremento del gasto corriente y la
reducción constante del gasto de capital, es decir, de la inversión en obras de
infraestructura que no solo dinamizan la economía, sino que, además, tienen una
elevada tasa de retorno en el tiempo.
El Gobierno ha triplicado su gasto en subsidio al
sector eléctrico, lleva un descontrol exagerado y poco regulado en el gasto de
“asistencia social” y ha hecho poco por reducir la evasión fiscal y la
informalidad productiva.
A eso se suman los aumentos constantes en los precios
de productos de la canasta básica tanto alimenticia como no alimenticia, una
desaceleración en la generación de empleos en el sector privado y una reducción
de la demanda interna de bienes y servicios, lo cual también se reflejó en una
desaceleración de la cartera de crédito del sistema financiero.
La ralentización de la economía no parece haber sido
por el “entorno internacional”, sino por el “entorno nacional”, el cual es
controlado por las autoridades locales. Ahí es donde se requiere acción para
que el 2026 sea de recuperación.


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