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    viernes, 6 de marzo de 2026

    Irán, si ni siquiera la muerte de más de 150 niñas es noticia


    In Memoriam | Guglielmo Gallone

     


    Irán, si ni siquiera la muerte de más de 150 niñas es noticia

     

    Es doloroso constatar que la noticia del asesinato de al menos 150 alumnas en la escuela primaria Shajareh Tayyebeh de Minab haya recibido tan poca atención. Sin embargo, en los conflictos de todo el mundo, los niños siempre se encuentran entre las primeras víctimas, a pesar de las convenciones internacionales que imponen su tutela y protección.

     

    Han pasado seis días desde el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán. Es doloroso constatar que la noticia de la muerte de al menos 150 niñas, alumnas de la escuela primaria Shajareh Tayyebeh de Minab, en el sur de Irán, víctimas de la ofensiva el primer día, haya recibido tan poca atención.

     

    La reconstrucción de los hechos

    Sin embargo, tras ser difundida inicialmente solo por las autoridades iraníes, la noticia fue analizada y retomada también por fuentes internacionales de prestigio como «The Guardian», «Washington Post», «Le Monde» y NBC News. En particular, el diario británico «The Guardian» analizó la dinámica de lo ocurrido cruzando vídeos verificados, imágenes geolocalizadas y fotografías satelitales, en un intento por reconstruir uno de los episodios más graves en términos de víctimas civiles desde el inicio de la ofensiva. Según la reconstrucción, el ataque tuvo lugar el sábado por la mañana, mientras se impartían clases. En Irán, la semana escolar va de sábado a jueves y, alrededor de las 10 de la mañana, cuando la primera oleada de bombardeos estadounidenses e israelíes alcanzó varios objetivos en el país, los estudiantes estaban normalmente en clase. Entre las 10:00 y las 10:45, un misil impactó directamente en el edificio de la escuela Shajareh Tayyebeh, demoliendo la estructura de hormigón armado y arrasando las aulas donde se encontraban niñas de entre siete y doce años.

     

    Las historias más allá de los números

    Las imágenes procedentes del lugar del atentado muestran ventanas destrozadas por la explosión, paredes ennegrecidas por el humo y un parque infantil devastado, con sillas para niños esparcidas entre los escombros y mochilas cubiertas de polvo y sangre. Según la reconstrucción publicada por The Guardian, muchos cadáveres fueron recuperados bajo los escombros del edificio derrumbado, mientras los equipos de rescate excavaban con sus propias manos entre las ruinas. El número de víctimas sigue siendo difícil de verificar de forma independiente, en parte debido a las restricciones al trabajo de los periodistas y a los cortes de Internet que siguen siendo habituales en el país. Los medios de comunicación estatales iraníes hablan de 168 muertos y al menos 95 heridos, cifras que los medios internacionales citan con cautela, pero que, en cualquier caso, describen el episodio como el más grave con víctimas civiles masivas desde el inicio del ataque. A las cifras se suman los dramáticos relatos de quienes vivieron ese momento. Una madre, comadrona en la ciudad, contó a «NBC News» que recibió una llamada urgente de la escuela invitándola a recoger a su hijo porque «había comenzado la guerra». Sin embargo, cuando llegó al edificio, ya era demasiado tarde: los ataques aéreos habían alcanzado la escuela, provocando su derrumbe sobre las aulas. «Cuando llegamos», contó, «toda la escuela se había derrumbado sobre los niños». Según las verificaciones realizadas por The Guardian, el edificio escolar se encontraba en las inmediaciones de un complejo de los Guardianes de la Revolución (IRGC), que incluye instalaciones de apoyo como una clínica y otros edificios administrativos. Sin embargo, no hay indicios de que la escuela se utilizara con fines militares: el patio y las aulas estaban separados y vallados del resto del complejo; además, el centro también era frecuentado por muchos niños de la comunidad local, a menudo procedentes de familias que no podían permitirse las tasas de las escuelas privadas. La secuencia temporal del ataque también sigue siendo objeto de interrogantes. Las autoridades iraníes comenzaron a ordenar el cierre de las escuelas poco después del inicio de los bombardeos, pero según fuentes del sindicato de docentes citadas por The Guardian, el tiempo transcurrido entre el anuncio del cierre y la explosión fue demasiado breve para que los padres pudieran llegar a la escuela y llevarse a sus hijos.

     

    Las reacciones de Estados Unidos e Israel

    Mientras tanto, mientras se celebraba el funeral colectivo de las víctimas en la ciudad costera de Minab, ninguna de las partes implicadas reivindicó directamente la autoría del ataque. Ante las declaraciones del presidente iraní, Masoud Pezeshkian, que calificó el acto de «salvaje» e «inhumano», Washington afirmó estar al tanto de las denuncias de víctimas civiles y de haber iniciado una investigación sobre lo sucedido, reiterando que las fuerzas estadounidenses «no atacarían deliberadamente una escuela». «Somos conscientes de los reportes sobre daños a civiles como resultado de las operaciones militares en curso. Nos tomamos estos reportes muy en serio y los estamos investigando», declaró inicialmente el capitán Tim Hawkins, del Comando Central de Estados Unidos (Centcom), que supervisa las operaciones estadounidenses en la región, y luego añadió: «La protección de los civiles es de vital importancia y seguiremos tomando todas las precauciones posibles para minimizar el riesgo de daños no intencionados». Más tarde, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, declaró a los periodistas que el Pentágono está examinando las denuncias sobre lo ocurrido: «Todo lo que sé es que estamos investigando lo sucedido. Por supuesto, nunca atacamos a civiles, pero estamos examinando el asunto y llevando a cabo verificaciones». El secretario de Estado, Marco Rubio, también afirmó que Estados Unidos «no atacaría deliberadamente una escuela», y añadió que el Departamento de Defensa «investigará si se trata de un ataque nuestro». Nadav Shoshani, portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF), declaró ayer que el ejército israelí «no tiene conocimiento de ninguna operación de las IDF en esa zona» donde se encuentra la escuela. En las últimas horas, la agencia Reuters, citando a dos funcionarios estadounidenses, informó que los investigadores militares estadounidenses consideran «probable» que el ataque a la escuela haya sido llevado a cabo por fuerzas estadounidenses, aunque precisaron que la investigación aún está en curso y que no se ha llegado a una conclusión definitiva.

     

    El drama de los niños asesinados en la guerra

    Sin embargo, es precisamente esta zona gris —una estructura civil situada junto a un objetivo potencialmente militar— lo que hace que el episodio de Minab sea emblemático de las guerras contemporáneas. En los conflictos de alta intensidad, especialmente cuando se llevan a cabo campañas de bombardeos a gran escala, la distinción entre objetivos militares y espacios civiles es cada vez más frágil. Las escuelas, los hospitales y los barrios residenciales suelen encontrarse en las inmediaciones de infraestructuras estratégicas, lo que convierte la geografía urbana en un campo de batalla indistinto. Esto es lo que ocurrió en Gaza: en los 23 meses de guerra que causaron la muerte de más de 50 000 niños (datos de Unicef), en abril de 2025 un ataque aéreo israelí alcanzó la escuela Yaffa de la ciudad de Gaza, donde se habían refugiado familias desplazadas. En mayo de 2025 le tocó el turno a la Fahmi AlJarjaoui, en el barrio de Aldaraj de la ciudad de Gaza, que acogía a un centenar de desplazados, 30 de los cuales —entre ellos algunos niños— murieron en el ataque, que también causó unos 60 heridos. Situaciones similares se han producido también en la guerra de Ucrania. Según un informe de UNICEF, más de 1300 escuelas han sido destruidas o gravemente dañadas desde el inicio de la invasión rusa en 2022, mientras que las Naciones Unidas han documentado cientos de ataques contra escuelas y hospitales y numerosos casos de niños muertos o mutilados durante el conflicto. También en Sudán, donde desde 2023 se está produciendo la crisis humanitaria más grave del mundo causada por una guerra civil entre el ejército regular y las Fuerzas de Apoyo Rápido (Rsf), la Organización Mundial de la Salud informó de que en diciembre de 2025 un ataque que afectó a una guardería mató a más de cien personas, entre ellas 63 niños, en el estado de Kordofán del Sur.

     


    No hay muertos de serie A y de serie B

    ¿Por qué? ¿Qué tienen que ver los niños con la guerra? Si es cierto que a menudo los terroristas o el enemigo eligen cobardemente escuelas u hospitales como refugio, ¿es posible que no exista una lógica moral y humana para evitar bombardear esos lugares? En la era de la inteligencia artificial, la geolocalización, los drones y los misiles balísticos, ¿qué ha sido de los ojos, humanos y solo humanos, que deben evaluar y autorizar operaciones de este tipo? «No hay muertos de serie A y de serie B, ni personas que tengan más derecho a vivir que otras solo por haber nacido en un continente u otro o en un país determinado», dijo en una entrevista con los medios de comunicación vaticanos el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, recordando luego «la importancia del derecho internacional humanitario, cuyo respeto no puede depender de las circunstancias y de los intereses militares y estratégicos».

     

    Una vergüenza para la humanidad

    Palabras que se suman a las pronunciadas por el papa León XIV desde el inicio de su pontificado y bien representadas en su discurso a los participantes en la asamblea plenaria de la reunión de obras de ayuda a las Iglesias orientales (Roaco), en el que dijo que «esto es indigno del ser humano, es vergonzoso para la humanidad y para los responsables de las naciones. ¿Cómo se puede creer, después de siglos de historia, que las acciones bélicas traen la paz y no se vuelven contra quienes las han llevado a cabo? ¿Cómo se puede pensar en sentar las bases del mañana sin cohesión, sin una visión de conjunto animada por el bien común? ¿Cómo se puede seguir traicionando los deseos de paz de los pueblos con la falsa propaganda del rearme, en la vana ilusión de que la supremacía resuelve los problemas en lugar de alimentar el odio y la venganza? La gente es cada vez más consciente de la cantidad de dinero que va a parar a los bolsillos de los mercaderes de la muerte y con el que se podrían construir hospitales y escuelas; ¡y en cambio se destruyen los que ya están construidos!».

     

    La sombra de un abismo irreparable

    Sin embargo, al igual que la tragedia de la escuela iraní de Minab, palabras similares parecen encontrar cada vez menos espacio en el debate público internacional. Palabras que, como las de muchos otros líderes religiosos, no solo cuestionan la legitimidad o la eficacia de la guerra, sino que recuerdan sobre todo lo que a menudo desaparece en el lenguaje estratégico y analítico que todos promueven hoy en día: las vidas que se pierden. Niños, familias, comunidades enteras que pagan el precio más alto por decisiones tomadas en otros lugares. Quizás esta sea la paradoja más evidente de las guerras contemporáneas. No solo la guerra en sí misma. Más bien, el hecho de que, a pesar de que generaciones enteras han visto y vivido las enormes consecuencias de la guerra contemporánea llevada a cabo con los medios tecnológicos y militares más avanzados, a pesar de las imágenes en directo y disponibles incluso en los teléfonos inteligentes de las ciudades bombardeadas y las escuelas destruidas, el discurso público global y las decisiones políticas parecen cada vez más orientados a debatir no si la guerra debe detenerse, sino cómo debe continuar. Y así, los niños se convierten en las primeras víctimas no solo de las armas, sino también de esta lógica absurda que se está convirtiendo en un «abismo irreparable».

     

    Vaticannews.va






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