Convivencia | Carmen Cabeza
Maneras de
escuchar
Mi familia ha sido de mucha conversación.
Las tertulias en casa de mi abuela primero y de mi madre después eran de lo más
entretenidas. Allà todo el mundo opinaba de todo, fueran superficialidades o
cosas importantes. Tanto debate nos enseñó a discutir sin pelearnos, a
llevarnos la contraria a morir para después reÃrnos juntos de cualquier cosa, a
aceptar argumentos mejores que los propios, a rectificar y a formar nuestras
opiniones.
También me enseñó que no es lo mismo oÃr
que escuchar y que hay distintas maneras de hacer esto último. Las
diferencias dependen de premisas básicas: el respeto y el interés. El
respeto tiene que ver no solo con las formas (nosotros somos muy vehementes,
pero no nos perdernos el respeto) sino con dejar que los demás expongan sus
puntos de vista. El interés hace que la discusión sea animada y amena, sino
estamos como quien oye llover y la conversación decae rápidamente.
Claro que esto también tiene que ver con las
distintas culturas e idiomas. Luis mi yerno trabaja mucho con
alemanes. Cuando van a tener reuniones con españoles les avisa por delante de
que les van a interrumpir, pero que esto no deben entenderlo como una
falta de respeto, sino como una muestra de interés. En alemán hasta el final de
la frase no se puede saber el sentido del argumento y por tanto los alemanes
esperan en silencio hasta que termina quien está hablando. Para un español, si
nadie mete baza puede parecer que no hay interés y como las reuniones son en
inglés se sabe pronto por dónde van los tiros.
Otra cosa es la gente que interrumpe con
ocurrencias, que no atiende a lo que dicen los demás o que
corta discusiones interesantes, cosa que me enerva porque que a mà me
encanta una buena conversación. Tal y como yo lo veo, los que interrumpen asà suelen
hacerlo o porque no tienen suficientes argumentos o porque no les interesa el
tema y quieren cambiar de conversación.
Mi hermano Antonio es un excelente
discutidor. Hace años tuvo un jefe americano muy brillante y en una ocasión
debatieron bastante sobre una decisión profesional de importancia. Después de
un buen rato su jefe comprendió su posición y sin el menor problema cambió su
criterio. Antonio empezó entonces a poner en valor los argumentos del jefe,
pues el objetivo de su argumentación no era tanto que prevaleciera su punto de
vista como asegurarse de que llegaban al mejor planteamiento. Me encanta esta
anécdota porque refleja lo que para mà es una buena discusión: defender
opiniones bien fundamentadas y argumentarlas de manera consistente, pero
sin creerse en posesión de la verdad.
Ha sido una suerte aprender a discutir en mi casa
con mi familia. Es sanÃsimo poder opinar y equivocarse con personas que te
quieren -que te van a dar el beneficio de la duda y te van a disculpar- y
es muy formativo porque se aprende mucho viendo la manera de confrontar de
personas que consideras y respetas. Es una enseñanza que va mucho más allá del
mero ejercicio dialéctico, en realidad es una escuela de vida que a
mà me ha ayudado mucho en la mÃa.
Carmen Cabeza –
ReL


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