Actualidad Mundial | Stefano Leszczynski
Oriente
Medio: otros 23 millones de niños en riesgo a causa de la guerra
Un informe de
la Agencia de las Naciones Unidas para la Infancia estima que, de aquí a
finales de 2026, el conflicto y sus repercusiones sobre la economía mundial
podrían empujar a más de veintitrés millones de niños adicionales a la pobreza.
La ONU hace un llamamiento a los gobiernos para reforzar la protección social y
garantizar la salud, la educación y la nutrición.
La guerra en
Oriente Medio corre el riesgo de dejar un legado desastroso mucho más allá de
las fronteras de la región. No solo en el plano humanitario y de la seguridad,
sino también en el económico y social, con efectos que golpearán sobre todo a
los niños más vulnerables. Según un nuevo informe difundido por la Agencia de
las Naciones Unidas para la Infancia, de aquí a finales de 2026 otros 23,4
millones de menores podrían caer en la pobreza debido al aumento del costo de
la vida provocado por los conflictos y sus repercusiones en los mercados
internacionales.
Una economía maligna
El análisis,
que examina datos procedentes de más de 167 países, pone de manifiesto que el
encarecimiento de los alimentos y de la energía, junto con las dificultades del
comercio marítimo —agravadas por el cierre del estrecho de Ormuz—, está
reduciendo el poder adquisitivo de las familias, con consecuencias
especialmente graves para quienes ya viven en condiciones de vulnerabilidad
económica.
El estudio
plantea dos posibles escenarios. En el primero, caracterizado por un impacto
económico moderado, otros 18,3 millones de niños caerían en la pobreza
monetaria. En el segundo, que contempla una crisis más profunda y prolongada,
la cifra ascendería a 23,4 millones. En ambos casos, advierte el informe, se
trataría de un importante retroceso respecto a los avances logrados en los
últimos años en la lucha contra la pobreza infantil.
Salud y alimentación en riesgo
«Los niños
están pagando el precio de la escalada del conflicto en Oriente Medio,
incluidos aquellos que viven mucho más allá de las fronteras de la región»,
afirma Catherine Russell, directora ejecutiva de la organización. «Cuanto más
tiempo continúe esta situación, más graves serán las consecuencias».
El aumento de
los precios, observa, hace cada vez más difícil para muchas familias garantizar
a sus hijos una alimentación adecuada, educación y otros servicios esenciales,
con el riesgo de comprometer su desarrollo físico y cognitivo.
Las repercusiones en otras regiones
La mayor parte
del aumento previsto de la pobreza infantil corresponde a Asia y África, que
juntas representan alrededor del 80 % del total. Se trata de dos continentes
donde los niveles de pobreza ya son elevados y cuyas economías están más
expuestas a las perturbaciones externas.
Las
consecuencias ya son visibles en varios países. En Somalia, el precio del
combustible en Mogadiscio se duplicó con creces en los días posteriores a la
intensificación del conflicto, incrementando el costo de los alimentos, el agua
y el transporte, y dificultando la distribución de ayuda humanitaria en un
contexto marcado por una grave crisis alimentaria.
En Etiopía, el
precio del diésel aumentó un 31 %, mientras que el costo del combustible
utilizado para las operaciones humanitarias se incrementó entre un 50% y un 70%.
En Nigeria,
donde las familias más pobres destinan hasta el 70 % de sus ingresos a
alimentos y transporte, incluso aumentos moderados de los precios tienen un
fuerte impacto sobre el consumo.
Por último, en
Bangladesh, el aumento de los precios de los alimentos básicos podría empujar a
otros 1,2 millones de personas a la pobreza.
El llamamiento a los gobiernos
Ante este
panorama, el informe insta a los gobiernos, a los países donantes y a las
instituciones financieras internacionales a actuar con rapidez para evitar que
la crisis económica se convierta en una emergencia social de largo plazo.
Entre las
prioridades señaladas figuran la financiación de los servicios esenciales para
la infancia —desde la salud y la nutrición hasta la educación y la protección
social—, el fortalecimiento del apoyo económico a las familias más vulnerables,
el mantenimiento del acceso a bienes y servicios esenciales y la ampliación del
margen fiscal de los países más expuestos, incluso mediante la suspensión o la
reestructuración de la deuda cuando sea necesario.


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