Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
Rueguen al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies
(Martes
7 julio 2026. Decima cuarta semana tiempo ordinario, lecturas: Oseas
8,4-7.11-13. Salmo 113,3-10. San Mateo 9,32-38).
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de este día nos invita a reflexionar sobre una realidad que
sigue siendo muy actual: Dios nunca deja de llamar a su pueblo a la conversión,
pero también nos recuerda que la misión es inmensa y que hacen falta obreros
generosos para trabajar en su viña. El tema de esta reflexión es: "Rueguen
al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies".
1.
Primera lectura: Oseas 8,4-7.11-13. La infidelidad del pueblo
produce esterilidad espiritual.
El
profeta Oseas denuncia con fuerza la actitud del pueblo de Israel. Han querido
organizar su vida sin contar con Dios. Han puesto reyes y autoridades según sus
propios intereses, han fabricado ídolos y han olvidado la alianza con el Señor.
De
esta lectura podemos destacar algunos elementos para nuestra vida:
-
No podemos construir nuestra vida al margen de
Dios.
Cuando el hombre pretende vivir sin Él, termina perdiendo el rumbo y el sentido
de su existencia.
-
Los ídolos siguen existiendo hoy. Quizás ya no
sean de oro o de plata, pero muchas personas convierten el dinero, el poder, el
placer, la fama o el egoísmo en el centro de su vida. Todo aquello que ocupa el
lugar de Dios termina esclavizando el corazón.
El
profeta afirma: "Siembran vientos y cosechan tempestades."
Esta expresión nos recuerda que toda decisión tiene consecuencias. Quien
siembra odio recoge división; quien siembra mentira recoge
desconfianza; quien siembra pecado termina experimentando sufrimiento.
En cambio, quien siembra amor, fe y misericordia cosecha paz y vida eterna.
Dios
no rechaza a su pueblo por capricho, sino porque el pueblo ha rechazado primero
el amor de Dios. La verdadera conversión comienza cuando volvemos a escuchar su
voz.
2.
El Salmo 113. Nuestro Dios está vivo; los ídolos no pueden salvar. El salmista
establece un contraste muy claro entre el Dios verdadero y los ídolos.
Los
ídolos tienen boca y no hablan; ojos y no ven; oídos y no oyen; pies y no
caminan. Son obras de las manos humanas.
Mientras
tanto, nuestro Dios está vivo, escucha nuestras súplicas, conoce nuestros
sufrimientos y actúa en favor de quienes confían en Él.
Para
nuestra vida esto significa:
- Debemos
poner nuestra confianza únicamente en Dios.
- No debemos buscar falsas seguridades en
las cosas materiales.
- La oración fortalece nuestra confianza en
el Señor cuando llegan las dificultades.
- Una
comunidad que pone su esperanza en Dios nunca queda defraudada.
3.
El Evangelio: Mateo 9,32-38. Jesús siente compasión de la multitud.
El
Evangelio nos presenta primero la curación de un hombre mudo poseído por un
demonio. Jesús lo libera y devuelve la alegría a quien estaba privado de la
palabra.
Esto
nos enseña que Cristo sigue liberando hoy a quienes viven esclavizados por el
pecado, el miedo, el resentimiento o la desesperanza.
Mientras
unos reconocen el poder de Dios, otros acusan injustamente a Jesús. Así ocurre
también hoy: siempre habrá quienes acepten el Evangelio y quienes lo rechacen.
Pero
el centro del Evangelio está en las palabras de Jesús:
-
"Al ver a la multitud, se compadecía de ella,
porque estaban cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor."
La
compasión de Jesús no es un sentimiento pasajero; es un amor que se compromete,
que sana, que enseña, que alimenta y que entrega la vida.
También
nosotros estamos llamados a mirar a los demás con los ojos de Cristo:
-
Tener compasión de los pobres.
-
Acercarnos a los enfermos.
-
Acompañar a quienes viven solos.
-
Escuchar a quienes sufren.
-
Ayudar a los que han perdido la esperanza.
Finalmente,
Jesús dice:
"La
mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Señor de
la mies que mande trabajadores a su mies."
Estas
palabras siguen siendo urgentes para la Iglesia.
4.
¿Quiénes son esos trabajadores?
-
Jesús no habla solamente de sacerdotes o religiosos, aunque ciertamente
necesitamos muchas vocaciones sacerdotales y consagradas.
También
hacen falta:
-
Padres y madres que evangelicen con su ejemplo.
-
Catequistas comprometidos.
-
Jóvenes que respondan con valentía al llamado de
Dios.
-
Servidores de la comunidad.
-
Misioneros.
-
Personas que visiten enfermos.
-
Cristianos que anuncien el Evangelio en su
ambiente de trabajo y en su familia.
Todos
los bautizados somos enviados a trabajar en la mies del Señor.
5.
Aplicación para nuestra vida.
La
Palabra de Dios nos deja varios compromisos concretos:
-
Revisar si Dios ocupa realmente el primer lugar en
nuestra vida.
-
Renunciar a los ídolos modernos que nos apartan
del Señor.
-
Confiar plenamente en el Dios vivo y verdadero.
-
Mirar a los demás con la misma compasión de
Jesucristo.
-
Orar diariamente por las vocaciones sacerdotales, religiosas
y misioneras.
-
Descubrir cuál es la misión concreta que Dios nos
ha confiado dentro de la Iglesia.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, hoy Jesús vuelve a mirar al mundo con un corazón lleno de
misericordia. Sigue viendo familias heridas, jóvenes desorientados, enfermos,
pobres y personas que viven sin esperanza. Por eso continúa diciendo: "La
mies es abundante, pero los trabajadores son pocos."
No
nos limitemos a pedir que Dios envíe obreros; preguntémonos también si nosotros
estamos dispuestos a ser parte de esa respuesta. Que cada uno, según su
vocación, trabaje con generosidad en la viña del Señor, anunciando el Evangelio
con la palabra, pero sobre todo con el testimonio de una vida santa y llena de
caridad.
Que
la Santísima Virgen María, primera discípula y misionera, interceda por
nosotros para que nunca falten en la Iglesia santos sacerdotes, religiosos,
religiosas y laicos comprometidos, dispuestos a entregar su vida por el Reino
de Dios. Amén.


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