Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
El más importante
(Lunes
28 septiembre 2026. Vigésima sexta
semana tiempo ordinario, lecturas: Job 1.6-22. Salmo 16. San Lucas 9,46-50)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy escuchamos nos invita a revisar qué significa para
nosotros ser importantes. Muchas veces pensamos que ser importante es tener
poder, dinero, autoridad, reconocimiento o estar por encima de los demás. Sin
embargo, Jesús nos presenta otro camino: el verdadero importante es aquel que
sabe ponerse al servicio de los demás, que permanece fiel a Dios y que no busca
sobresalir por encima de nadie.
Las
tres lecturas nos ayudan a comprenderlo:
1.
Job: el importante es quien permanece fiel en la prueba. La primera
lectura nos presenta a Job, un hombre que tenía muchos bienes y una familia,
pero que también era un hombre fiel a Dios. Satanás pone a prueba su fidelidad
y Job comienza a perder aquello que tenía.
Lo
impresionante es que, ante tantas pérdidas, Job no abandona a Dios. Dice: «El
Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor».
1.
La verdadera importancia no depende de lo que tenemos. Hay personas
que se sienten importantes porque tienen dinero, una posición, una profesión,
una responsabilidad o porque muchas personas las conocen. Pero todo eso puede
cambiar.
Hoy
podemos tener y mañana no tener. Hoy podemos estar arriba y mañana estar abajo.
Por eso, nuestra seguridad no debe estar puesta exclusivamente en las cosas
materiales.
2.
El verdadero valor de una persona se manifiesta en la prueba. Es fácil
decir que tenemos fe cuando todo marcha bien. La verdadera fe se manifiesta
cuando llegan las dificultades.
Cuando
perdemos algo, cuando enfermamos, cuando alguien nos decepciona, cuando
aparecen problemas familiares o económicos, es cuando debemos preguntarnos:
¿sigo confiando en Dios?
Job
nos enseña que nuestra relación con Dios no puede depender solamente de los
beneficios que recibimos de Él.
3.
No debemos medir nuestra importancia por nuestros bienes. Lo que
poseemos no determina lo que somos. Ante Dios todos somos hijos suyos.
2.
Salmo 16: Dios es nuestra herencia. El salmo nos recuerda que
Dios es quien sostiene nuestra vida. El salmista pone su confianza en el Señor
y reconoce que fuera de Dios no encuentra la seguridad definitiva.
Esto
nos deja otros elementos:
4.
El más importante no es el que más tiene, sino el que más confía en Dios. Podemos tener
muchas cosas y vivir vacíos interiormente. También podemos tener poco y vivir
con un corazón lleno de paz.
La
pregunta no es solamente: ¿qué tengo?, sino: ¿en quién pongo mi
confianza?
5.
Necesitamos aprender a valorar la presencia de Dios. A veces
buscamos que los demás nos reconozcan, nos feliciten y nos digan que somos
importantes. Pero hay un reconocimiento que vale mucho más: saber que Dios
conoce nuestro corazón y ve nuestras buenas obras. No necesitamos vivir
buscando aplausos.
3.
El Evangelio: «El más pequeño entre ustedes es el más importante». En el
Evangelio, los discípulos comienzan a discutir sobre quién era el más
importante entre ellos. ¡Qué interesante! Los discípulos estaban cerca de
Jesús, habían escuchado sus enseñanzas y habían visto sus milagros, pero
todavía tenían dentro de ellos la preocupación por saber quién estaba por
encima de los demás. Jesús conoce sus pensamientos. Entonces toma a un niño, lo
pone junto a Él y dice: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a
mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de
ustedes es el más importante».
Jesús
cambia completamente los criterios humanos.
-
Para el mundo, muchas veces el
importante es el que manda. Para Jesús, el importante es el que sirve.
-
Para el mundo, importante es quien
ocupa el primer lugar. Para Jesús, importante es quien sabe hacerse
pequeño.
-
Para el mundo, importante es quien
recibe honores. Para Jesús, importante es quien sabe entregarse.
6.
Hacerse pequeño no significa ser inútil. Jesús no está diciendo que
debemos despreciarnos ni pensar que no valemos nada. Al contrario, cada persona
tiene una dignidad inmensa delante de Dios.
Hacerse
pequeño significa no creerse superior a los demás.
-
Es saber escuchar.
-
Es reconocer nuestros errores.
-
Es pedir perdón.
-
Es ayudar sin esperar aplausos.
-
Es permitir que otra persona también tenga
protagonismo.
-
Es alegrarnos cuando otro progresa.
7.
El que sirve ocupa el primer lugar en el corazón de Dios. En nuestras
familias, comunidades y parroquias necesitamos personas que no estén buscando
protagonismo, sino servicio.
Hay
una pregunta que podemos hacernos: ¿Estoy sirviendo o estoy
buscando que me sirvan? En la Iglesia no estamos para competir por puestos,
cargos o reconocimientos. Estamos para construir el Reino de Dios.
-
El catequista sirve.
-
El ministro de la Eucaristía sirve.
-
El servidor de la comunidad sirve.
-
El sacerdote sirve.
-
Los padres sirven a sus hijos.
-
Los hijos también pueden servir a sus padres. Cada
uno, desde su responsabilidad, está llamado a poner sus dones al servicio de
los demás.
8.
No debemos impedir el bien que hacen otros. Al final del Evangelio,
Juan le dice a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu
nombre y se lo hemos querido impedir, porque no anda con nosotros».
Aquí
aparece otra tentación: querer controlar el bien. Jesús
responde: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes está a
favor de ustedes». Esto también es importante para nuestra vida.
No
tenemos que pensar que solamente nosotros podemos hacer las cosas bien. Debemos
alegrarnos cuando otros hacen el bien, aunque no pertenezcan exactamente a
nuestro grupo.
Elementos
para nuestra vida:
-
No pongamos nuestra importancia en lo que tenemos.
-
Aprendamos de Job a permanecer fieles en las
dificultades.
-
Nuestra confianza debe estar puesta en Dios.
-
No vivamos buscando aplausos y reconocimientos.
-
Ser importante para Jesús significa servir.
-
El que se hace pequeño puede ser grande ante Dios.
-
No debemos sentirnos superiores a los demás.
-
Alegrémonos por el bien que realizan otras
personas.
-
Evitemos las rivalidades dentro de la familia y de
la comunidad. Preguntémonos cada día: ¿a quién puedo servir hoy?
Conclusión
Hermanos
y hermanas, hoy Jesús nos invita a cambiar nuestra manera de pensar. Quizás nosotros preguntamos: «¿Quién
es el más importante?» Jesús nos responde: «El más pequeño».
-
Quizás nosotros preguntamos: «¿Quién debe
ocupar el primer lugar?» Jesús nos responde: «El que sirve». Pidámosle al Señor
que nos dé un corazón semejante al suyo. Que no busquemos ser reconocidos, sino
ser útiles; que no busquemos dominar, sino servir; que no busquemos estar por
encima de los demás, sino caminar junto a ellos. Que nuestra mayor importancia
no esté en que los demás hablen de nosotros, sino en que nuestra vida pueda
decir, con hechos: “Estoy aquí para servir”. Amén.


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