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    viernes, 18 de septiembre de 2026

    «Salió el sembrador a sembrar»


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc

     


    «Salió el sembrador a sembrar»

    (Sábado 19 de septiembre 2026. Vigésima cuarta semana tiempo ordinario, lecturas: 1 Corintios 15,35-37.42-49. Salmo 55. San Lucas 8,4-15)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios que escuchamos hoy nos presenta una imagen muy sencilla y profunda: un sembrador que sale a sembrar. Jesús utiliza esta parábola porque todos entendemos que para obtener una cosecha primero hay que sembrar. Nadie puede recoger frutos si antes no ha puesto la semilla en la tierra.

     

    Hoy podemos preguntarnos: ¿Qué semilla está sembrando Dios en mi corazón? ¿Y qué estoy haciendo yo con esa semilla?

     

    1. Primera lectura: 1 Corintios 15,35-37.42-49. La semilla tiene que morir para dar fruto

    San Pablo utiliza la imagen de la semilla para hablarnos de la resurrección. Una semilla que se coloca en la tierra parece desaparecer, pero después nace una planta nueva. Así también sucede con nuestra vida.

    La resurrección nos enseña que la muerte no tiene la última palabra. Lo que hoy parece terminar, Dios puede transformarlo en una vida nueva.

    Primer elemento para nuestra vida: No debemos tener miedo a los cambios que Dios nos pide. Hay cosas que tienen que morir en nosotros para que pueda nacer algo nuevo: el egoísmo, el rencor, la mentira, la soberbia, los malos hábitos y todo aquello que nos aleja de Dios.

    Segundo elemento: Nuestra vida presente tiene un destino eterno. Por eso no podemos vivir solamente preocupados por lo material. Trabajamos, luchamos y buscamos el pan de cada día, pero nuestro corazón debe estar puesto también en la vida eterna.

    La semilla nos recuerda: parece pequeña, pero lleva dentro una vida nueva.

     

    2. Salmo 55. «En Dios confío y no temo». El salmista atraviesa momentos difíciles, pero pone su confianza en Dios. Esta palabra es muy necesaria para nosotros.

    Hay personas que viven preocupadas: por la familia, por la enfermedad, por el trabajo, por los problemas económicos, por los hijos, por el futuro. Y ante tantas dificultades podemos sentir miedo.

    Pero el salmo nos invita a decir: «En Dios confío y no temo».

    Tercer elemento para nuestra vida: Cuando aparezca el miedo, no dejemos de confiar en Dios.

    Confiar no significa que no tendremos problemas. Significa que, aun en medio de ellos, sabemos que Dios camina con nosotros.

    El cristiano no dice: «No tengo problemas». Dice: «Tengo problemas, pero no estoy solo; Dios está conmigo».

     

    3. Evangelio: Lucas 8,4-15. Salió el sembrador a sembrar.

    Ahora llegamos al centro del mensaje.

    Jesús dice que salió un sembrador a sembrar. La semilla cayó en distintos lugares: junto al camino, sobre piedras, entre espinas y finalmente en tierra buena.

    La semilla es la Palabra de Dios.

    El sembrador es Dios, que continuamente sale a nuestro encuentro y nos habla.

    Pero Jesús nos hace mirar no solamente al sembrador ni a la semilla, sino también al terreno donde cae la semilla.

     

    4. La semilla junto al camino. Hay corazones que escuchan la Palabra, pero no la dejan entrar.

    Escuchamos el Evangelio, venimos a Misa, recibimos consejos, pero después seguimos viviendo exactamente igual.

    Cuarto elemento: No basta con escuchar la Palabra. Tenemos que dejar que la Palabra transforme nuestra vida. Una homilía puede ser bonita, pero si no produce conversión, se queda solamente en palabras.

     

    5. La semilla sobre piedra. Son aquellos que reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíces profundas. Mientras todo va bien, creen. Cuando llega una dificultad, abandonan.

    Quinto elemento: Necesitamos raíces profundas en Dios.

    La fe no puede depender solamente de que las cosas nos salgan bien. Tenemos que permanecer con Dios cuando hay alegría y también cuando llega la cruz.

     

    6. La semilla entre espinas. Jesús habla de quienes escuchan, pero después son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida.

    Aquí tenemos una advertencia muy actual.

    Podemos estar tan ocupados buscando dinero, bienestar, reconocimiento y comodidad que no nos queda tiempo para Dios, para la familia, para los demás ni para nosotros mismos.

    Sexto elemento: Hay que tener cuidado con las «espinas» que pueden ahogar nuestra fe. No todo lo que podemos tener necesitamos tenerlo. No todo lo que podemos hacer nos conviene hacerlo.

     

    7. La tierra buena. Finalmente, Jesús habla de la semilla que cae en tierra buena. Es el corazón que escucha la Palabra, la conserva y da fruto con perseverancia.

    Aquí está la pregunta fundamental de esta Palabra:

    -                     ¿Qué clase de terreno soy yo?

    -                     ¿Soy camino?

    -                     ¿Soy piedra?

    -                     ¿Estoy lleno de espinas?

    -                     ¿O estoy tratando de ser tierra buena?

    No debemos mirar a los demás para clasificarlos. La parábola es para mí.

     

    8. Dar fruto con perseverancia. Jesús no dice solamente que la tierra buena recibe la semilla. Dice que da fruto con perseverancia.

    Esto es muy importante. La vida cristiana no se construye en un día. Se construye poco a poco: una oración, un perdón, una obra de caridad, una visita al enfermo, una palabra buena, una confesión, una Eucaristía, una decisión correcta.

    Séptimo elemento: No nos cansemos de hacer el bien. La perseverancia produce frutos.

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, hoy el Señor nos dice: «Salió el sembrador a sembrar».

    Dios continúa sembrando todos los días. Siembra su Palabra en nuestra familia, en la Iglesia, en la comunidad, en la Eucaristía y en cada acontecimiento de nuestra vida.

    La pregunta no es si Dios está sembrando. Dios está sembrando continuamente.

    La pregunta es: ¿Cómo está mi corazón?

    Pidámosle al Señor:

    «Señor, quita de mi corazón las piedras, arranca las espinas, limpia el camino y haz de mí una tierra buena. Que tu Palabra eche raíces en mi vida y produzca frutos de amor, perdón, justicia, servicio y esperanza».

    Y recordemos también la enseñanza de San Pablo: la semilla que parece morir puede convertirse en una vida nueva.

    Que nuestra fe tenga raíces profundas, que nuestra esperanza esté puesta en Dios y que nuestra vida sea una tierra buena donde la Palabra pueda crecer. Amen. 







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