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    viernes, 18 de septiembre de 2026

    “Ven a trabajar en la Viña del Señor”


    Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc

     


    “Ven a trabajar en la Viña del Señor”

    (Domingo 20 de septiembre 2026. Vigésima quinta semana tiempo ordinario, lecturas: Isaías 55,6-9. Salmo 144. Filipenses 1,20-24.27. San Mateo 20,1-16)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

     

    La Palabra de Dios que hoy escuchamos nos presenta una invitación muy concreta: Dios nos llama a trabajar en su viña. La viña representa el Reino de Dios, la Iglesia, nuestra comunidad, nuestra familia y también el corazón de cada persona. Todos tenemos un lugar y una misión en ella.

     

    No importa si comenzamos a trabajar desde temprano o si llegamos más tarde. Lo importante es responder a la llamada del Señor y trabajar con amor.

     

    1.- Isaías 55,6-9: Busquen al Señor mientras se deja encontrar”. El profeta Isaías nos dice: “Busquen al Señor mientras se deja encontrar, invóquenlo mientras está cerca.”

    Aquí encontramos el primer elemento para nuestra vida: no podemos dejar para mañana nuestra conversión.

    Muchas veces decimos: “Después voy a acercarme más a Dios”, “más adelante voy a cambiar”, “cuando tenga tiempo voy a orar”. Pero Dios nos invita hoy.

    También nos recuerda que los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos y sus caminos no son nuestros caminos. Nosotros muchas veces juzgamos según las apariencias: quién merece, quién no merece, quién llegó primero, quién llegó después. Dios, en cambio, mira el corazón y actúa con misericordia.

    Elemento para nuestra vida: Aprendamos a confiar en Dios, aunque no comprendamos siempre sus caminos. Dios ve mucho más lejos que nosotros.

     

    2. Salmo 144:El Señor es clemente y misericordioso”. El salmo nos presenta el rostro de Dios: clemente, misericordioso, paciente y rico en amor.

    Esto es fundamental para comprender el Evangelio de hoy. Dios no es un patrón que solamente busca trabajadores. Es un Padre que sale constantemente a buscar a sus hijos.

    Por eso debemos preguntarnos: ¿Qué rostro de Dios estamos mostrando a los demás?

    A veces somos muy exigentes con los demás y muy comprensivos con nosotros mismos. Queremos que Dios tenga misericordia de nuestros errores, pero nos cuesta tener misericordia con las debilidades de los demás.

    Elemento para nuestra vida:  Si Dios es misericordioso con nosotros, también nosotros debemos ser misericordiosos con los demás.

     

    3. Filipenses 1,20-24.27: “Para mí la vida es Cristo”. San Pablo nos presenta una vida totalmente entregada a Cristo. Él dice: “Para mí la vida es Cristo.”

    Pablo entiende que su existencia tiene un sentido: pertenecer a Cristo y servir a los hermanos.

    Esto nos lleva a otro elemento: trabajar en la viña del Señor no significa solamente hacer muchas actividades religiosas. Significa vivir como cristianos allí donde Dios nos ha colocado.

    Un padre o una madre de familia trabajan en la viña cuando educan cristianamente a sus hijos. Un joven trabaja en la viña cuando vive su fe con coherencia. Un enfermo puede trabajar en la viña ofreciendo su sufrimiento y su oración. Un catequista, un ministro, un servidor, un sacerdote, un religioso, todos tenemos una misión.

    San Pablo nos invita: “Lo importante es que ustedes lleven una vida digna del Evangelio de Cristo.”

    Elemento para nuestra vida:  Nuestra primera misión es vivir de tal manera que nuestra vida dé testimonio de Cristo.

     

    4. San Mateo 20,1-16:Id también vosotros a mi viña”. Llegamos al centro del mensaje. Jesús nos presenta la parábola de los trabajadores de la viña.

    El dueño sale varias veces durante el día y encuentra personas que están sin trabajo. A unos los llama temprano; a otros a media mañana; a otros al mediodía; y finalmente a otros cuando ya casi termina la jornada.

    Y les dice: “Id también vosotros a mi viña.” Esta frase es también para nosotros. Dios sigue llamando.

    Llama al niño, al joven, al adulto, al anciano. Llama al que lleva muchos años en la Iglesia y al que acaba de acercarse. Llama al que está fuerte en la fe y también al que se ha alejado.

    Por eso, nadie puede decir: “Yo no sirvo para la Iglesia”. Dios tiene una tarea para cada uno.

     

    5. Nunca es demasiado tarde para responder.

    Los últimos trabajadores llegaron casi al final del día, pero también recibieron una oportunidad.

    Qué hermoso mensaje para quienes piensan: “Yo he perdido demasiado tiempo”, “he cometido muchos errores”, “ya no puedo comenzar de nuevo”. Mientras tengamos vida, Dios sigue llamándonos.

    Quizás alguien se alejó de la Iglesia. Quizás dejó de rezar. Quizás una familia está dividida. Quizás una persona lleva años viviendo alejada de Dios.

    El Evangelio nos dice hoy: ¡Ven! Todavía hay un lugar para ti en la viña del Señor.

    Elemento para nuestra vida:  Nunca pensemos que es demasiado tarde para comenzar de nuevo con Dios.

     

    6. No debemos tener envidia del bien que Dios hace.

    Los trabajadores que llegaron primero comenzaron a reclamar porque recibieron lo mismo que los que habían trabajado menos tiempo.

    Aquí aparece una tentación muy humana: compararnos con los demás.

    -                     “Yo llevo tantos años en la Iglesia.”

    -                     “Yo he servido más.”

    -                     “Yo he trabajado más.”

    -                     “¿Por qué a él le dan esa responsabilidad?”

    -                     “¿Por qué Dios lo bendice a él?”

    Jesús nos enseña que el Reino de Dios no funciona según nuestros cálculos humanos.

    La gracia de Dios no es un premio que nos permite sentirnos superiores. Es un regalo que debemos agradecer.

    Elemento para nuestra vida:  No comparemos nuestra vida con la de los demás; agradezcamos lo que Dios hace en cada persona.

     

    7. Trabajar en la viña significa servir.

    El Señor no nos llama simplemente a ocupar un lugar en la Iglesia. Nos llama a servir.

    Hay muchas personas que necesitan una palabra de ánimo, una visita, una oración, una ayuda concreta, una reconciliación.

    La viña del Señor está delante de nosotros: nuestra familia, nuestra comunidad, nuestros vecinos, nuestros enfermos, los pobres y las personas que se sienten solas.

    Preguntémonos: ¿Dónde quiere Dios que yo trabaje?

    Quizás el Señor te está llamando a catequizar, a visitar enfermos, a colaborar en la comunidad, a reconciliarte con alguien, a ayudar a una familia necesitada o simplemente a vivir mejor tu vocación cristiana.

     

    8. La recompensa es la gracia de Dios.

    Los trabajadores reciben el salario acordado. Jesús no está enseñando una injusticia laboral; está revelando que la salvación es un don de la gracia de Dios.

    -                     Dios no nos salva porque seamos mejores que los demás. Nos salva porque nos ama. Por eso, nuestra actitud debe ser de gratitud y no de exigencia.

    -                     No debemos decir: “Señor, después de todo lo que he hecho, tú me debes esto.”

    Más bien debemos decir: “Señor, gracias porque me has llamado a trabajar en tu viña.”

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas: Hoy el Señor vuelve a salir a nuestro encuentro y nos dice: “Ven a trabajar en mi viña.”

    No importa cuándo comenzamos. No importa cuánto tiempo hemos perdido. No importa cuántas veces hemos caído. Lo importante es escuchar la llamada y responder.

    -                     Isaías nos dice: “Busquen al Señor.”

    -                     El Salmo nos recuerda: “El Señor es misericordioso.”

    -                     San Pablo nos enseña: “Para mí la vida es Cristo.”

    -                     Y Jesús nos dice: “Id también vosotros a mi viña.”

    Que al salir de esta celebración podamos preguntarnos:

    -                     ¿Estoy trabajando realmente en la viña del Señor?

    -                     ¿Estoy sirviendo o solamente esperando que otros sirvan?

    -                     ¿Estoy contento con el bien que Dios hace en los demás?

    -                     ¿A quién me está enviando hoy el Señor?

    Pidámosle a Dios la gracia de no quedarnos de brazos cruzados. Que podamos escuchar su llamada y responder con generosidad: “Señor, aquí estoy. Envíame a trabajar en tu viña.”

    Y que María Santísima, mujer disponible y servidora, nos enseñe a decir siempre con amor: “Sí, Señor.” Amén.







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