Nuestra Fe | P. Ciprián Hilario, msc
“Ven a trabajar en la Viña del Señor”
(Domingo
20 de septiembre 2026. Vigésima quinta semana tiempo ordinario, lecturas:
Isaías 55,6-9. Salmo 144. Filipenses 1,20-24.27. San Mateo 20,1-16)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios que hoy escuchamos nos presenta una invitación muy concreta:
Dios nos llama a trabajar en su viña. La viña representa el Reino de Dios, la
Iglesia, nuestra comunidad, nuestra familia y también el corazón de cada
persona. Todos tenemos un lugar y una misión en ella.
No
importa si comenzamos a trabajar desde temprano o si llegamos más tarde. Lo
importante es responder a la llamada del Señor y trabajar con amor.
1.-
Isaías 55,6-9: “Busquen al Señor mientras se deja encontrar”. El
profeta Isaías nos dice: “Busquen al Señor mientras se deja encontrar,
invóquenlo mientras está cerca.”
Aquí
encontramos el primer elemento para nuestra vida: no podemos dejar para
mañana nuestra conversión.
Muchas
veces decimos: “Después voy a acercarme más a Dios”, “más adelante voy a
cambiar”, “cuando tenga tiempo voy a orar”. Pero Dios nos invita hoy.
También
nos recuerda que los pensamientos de Dios no son nuestros pensamientos y sus
caminos no son nuestros caminos. Nosotros muchas veces juzgamos según las
apariencias: quién merece, quién no merece, quién llegó primero, quién llegó
después. Dios, en cambio, mira el corazón y actúa con misericordia.
Elemento
para nuestra vida: Aprendamos a confiar en Dios, aunque no
comprendamos siempre sus caminos. Dios ve mucho más lejos que nosotros.
2.
Salmo 144: “El Señor es clemente y misericordioso”. El salmo nos
presenta el rostro de Dios: clemente, misericordioso, paciente y rico en amor.
Esto
es fundamental para comprender el Evangelio de hoy. Dios no es un patrón que
solamente busca trabajadores. Es un Padre que sale constantemente a buscar a
sus hijos.
Por
eso debemos preguntarnos: ¿Qué rostro de Dios estamos mostrando a los demás?
A
veces somos muy exigentes con los demás y muy comprensivos con nosotros mismos.
Queremos que Dios tenga misericordia de nuestros errores, pero nos cuesta tener
misericordia con las debilidades de los demás.
Elemento
para nuestra vida: Si Dios es
misericordioso con nosotros, también nosotros debemos ser misericordiosos con
los demás.
3.
Filipenses 1,20-24.27: “Para mí la vida es Cristo”. San Pablo
nos presenta una vida totalmente entregada a Cristo. Él dice: “Para mí la vida
es Cristo.”
Pablo
entiende que su existencia tiene un sentido: pertenecer a Cristo y servir a los
hermanos.
Esto
nos lleva a otro elemento: trabajar en la viña del Señor no significa solamente
hacer muchas actividades religiosas. Significa vivir como cristianos allí donde
Dios nos ha colocado.
Un
padre o una madre de familia trabajan en la viña cuando educan cristianamente a
sus hijos. Un joven trabaja en la viña cuando vive su fe con coherencia. Un
enfermo puede trabajar en la viña ofreciendo su sufrimiento y su oración. Un
catequista, un ministro, un servidor, un sacerdote, un religioso, todos tenemos
una misión.
San
Pablo nos invita: “Lo importante es que ustedes lleven una vida digna del
Evangelio de Cristo.”
Elemento
para nuestra vida: Nuestra
primera misión es vivir de tal manera que nuestra vida dé testimonio de Cristo.
4. San Mateo 20,1-16: “Id también vosotros a mi viña”. Llegamos al centro del mensaje. Jesús nos presenta la parábola de los trabajadores de la viña.
El
dueño sale varias veces durante el día y encuentra personas que están sin
trabajo. A unos los llama temprano; a otros a media mañana; a otros al
mediodía; y finalmente a otros cuando ya casi termina la jornada.
Y
les dice: “Id también vosotros a mi viña.” Esta frase es también para
nosotros. Dios sigue llamando.
Llama
al niño, al joven, al adulto, al anciano. Llama al que lleva muchos años en la
Iglesia y al que acaba de acercarse. Llama al que está fuerte en la fe y
también al que se ha alejado.
Por
eso, nadie puede decir: “Yo no sirvo para la Iglesia”. Dios tiene una tarea
para cada uno.
5.
Nunca es demasiado tarde para responder.
Los
últimos trabajadores llegaron casi al final del día, pero también recibieron
una oportunidad.
Qué
hermoso mensaje para quienes piensan: “Yo he perdido demasiado tiempo”, “he
cometido muchos errores”, “ya no puedo comenzar de nuevo”. Mientras tengamos
vida, Dios sigue llamándonos.
Quizás
alguien se alejó de la Iglesia. Quizás dejó de rezar. Quizás una familia está
dividida. Quizás una persona lleva años viviendo alejada de Dios.
El
Evangelio nos dice hoy: ¡Ven! Todavía hay un lugar para ti en la viña del
Señor.
Elemento
para nuestra vida: Nunca
pensemos que es demasiado tarde para comenzar de nuevo con Dios.
6.
No debemos tener envidia del bien que Dios hace.
Los
trabajadores que llegaron primero comenzaron a reclamar porque recibieron lo
mismo que los que habían trabajado menos tiempo.
Aquí
aparece una tentación muy humana: compararnos con los demás.
-
“Yo llevo tantos años en la Iglesia.”
-
“Yo he servido más.”
-
“Yo he trabajado más.”
-
“¿Por qué a él le dan esa responsabilidad?”
-
“¿Por qué Dios lo bendice a él?”
Jesús
nos enseña que el Reino de Dios no funciona según nuestros cálculos humanos.
La
gracia de Dios no es un premio que nos permite sentirnos superiores. Es un
regalo que debemos agradecer.
Elemento
para nuestra vida: No
comparemos nuestra vida con la de los demás; agradezcamos lo que Dios hace en
cada persona.
7.
Trabajar en la viña significa servir.
El
Señor no nos llama simplemente a ocupar un lugar en la Iglesia. Nos llama a
servir.
Hay
muchas personas que necesitan una palabra de ánimo, una visita, una oración,
una ayuda concreta, una reconciliación.
La
viña del Señor está delante de nosotros: nuestra familia, nuestra comunidad,
nuestros vecinos, nuestros enfermos, los pobres y las personas que se sienten
solas.
Preguntémonos:
¿Dónde
quiere Dios que yo trabaje?
Quizás
el Señor te está llamando a catequizar, a visitar enfermos, a colaborar en la
comunidad, a reconciliarte con alguien, a ayudar a una familia necesitada o
simplemente a vivir mejor tu vocación cristiana.
8.
La recompensa es la gracia de Dios.
Los
trabajadores reciben el salario acordado. Jesús no está enseñando una
injusticia laboral; está revelando que la salvación es un don de la gracia de
Dios.
-
Dios no nos salva porque seamos mejores que los
demás. Nos salva porque nos ama. Por eso, nuestra actitud debe ser de gratitud
y no de exigencia.
-
No debemos decir: “Señor, después de todo lo que
he hecho, tú me debes esto.”
Más
bien debemos decir: “Señor, gracias porque me has llamado a trabajar
en tu viña.”
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas: Hoy el Señor vuelve a salir a nuestro encuentro y nos
dice: “Ven a trabajar en mi viña.”
No
importa cuándo comenzamos. No importa cuánto tiempo hemos perdido. No importa
cuántas veces hemos caído. Lo importante es escuchar la llamada y responder.
-
Isaías nos dice: “Busquen al Señor.”
-
El Salmo nos recuerda: “El Señor es
misericordioso.”
-
San Pablo nos enseña: “Para mí la vida es
Cristo.”
-
Y Jesús nos dice: “Id también vosotros a
mi viña.”
Que
al salir de esta celebración podamos preguntarnos:
-
¿Estoy trabajando realmente en la viña del Señor?
-
¿Estoy sirviendo o solamente esperando que otros
sirvan?
-
¿Estoy contento con el bien que Dios hace en los
demás?
-
¿A quién me está enviando hoy el Señor?
Pidámosle
a Dios la gracia de no quedarnos de brazos cruzados. Que podamos escuchar su
llamada y responder con generosidad: “Señor, aquí estoy. Envíame a trabajar
en tu viña.”
Y
que María Santísima, mujer disponible y servidora, nos enseñe a decir siempre
con amor: “Sí, Señor.” Amén.


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