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    La Palabra de Dios

    La Palabra de Dios con olor a Pueblo  
    Reflexiones para el mes de la Biblia a partir del Salmo 12.
      
    En el contexto del poema el salmista está angustiado. Observa que la ética social va desapareciendo (v.2a). Testimonia un sector que construye riqueza a partir de palabras engañosas. Este segmento social pretende dominar a través de la lengua (v.5). El salmista constata que van escaseando las personas leales (v.2b) y que algunas relaciones comunitarias se edifican con falsedad, engaño, duplicidad y trampas (v.4).
    En ese ambiente, donde la palabra humana va perdiendo crédito es pronunciada la Palabra de Dios: por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, auxilio traigo a quien por él suspira (v.6). Todo indica que en el contexto del Salmo los/as pobres no tienen oportunidad de pronunciarse. Pero, su manera de hablar es a través de la oración y del grito, gemido que Dios entiende muy bien. Les da una esperanza, en la cual se abrazan los/as pequeños/as para resistir y luchar (v.8.9). Esta Palabra está en la historia, en la vida, parte de la realidad de los/as que sufren y se transforma en consuelo. Dios ofrece su Palabra a los/as pobres para curarlos/as (Salmo 107,20, defenderlos/as y hacerles justicia instaurando un nuevo orden social favorable para todos/as (Sl 82,3-4). Así se entiende que la Palabra de Dios sea antecedida por un fuego abrasador (Salmo 50,3). Ella transforma todo. El salmista, sabiendo de eso, concluye:
    Las Palabras del Señor son Palabras sinceras, plata pura, de ras de tierra, siete veces purgada (v.7). Ellas no tienen mezcla, son dignas de crédito, no tienen rastro de falsedad. Si en la época ya existían ritos de purificación para personas y metales (Nm 8,5-22; Lv 11,32), el Salmo 12 informa que la verdadera transformación personal emana de la acogida a la Palabra de Dios. Por eso, estamos ante un texto para ser usado en el templo, mas con una teología dinámica y en movimiento, también reflejada en el Salmo 119: Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero (v.105).

    Palabra a los sencillos
    Observe que la Palabra de Dios en el Primer Testamento es confiada a las profetizas y a los profetas: las mujeres bíblicas recorren a diversos métodos para transmitirla (Jc 5); Ella los/as nutre (Ez 2,9-3,3), en su seno se convierte en fuego devorador que se encierra en los huesos (Jr 20,9). Por esta razón Amós es expulsado de su actividad: ya no puede la tierra soportar más sus palabras (7,10). Es que la Palabra cae como piedra para los “poderosos”. Ella no queda sin producir su efecto, sin ejecutar la voluntad de Dios y cumplir su misión (Is 55,11); entonces el Sl 12 puede ser analizado a partir de esta tradición profético-sapiencial.
    En el mundo bíblico la Palabra de Dios está inserida entre los/as pobres. Jesús fue la Palabra Pobre de Nazaret hecha misericordia. La Palabra caminó, convivió entre los/as socialmente insignificantes. Los apóstoles y las apóstolas fueron servidores/as de esta Palabra y a nosotros/as ha sido confiada para que circule con ritmo itinerante. En este mes de la Biblia, especialmente, medite con las Sagradas Escrituras. Rúmielas como la vaca a la hierba. No ponga resistencia al Espíritu. Vaya al encuentro de los/as sencillos/as y déjelos/as también entrar en su casa, sentarse en su mesa, compartir su pan. La Palabra de Dios entra por la boca, pues comiendo y conversando la gente se convierte según la fuerza del testimonio. No quede sin olor a pueblo, el espacio de la Palabra encarnada.

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