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    Una triple enseñanza

    Lectura Orante | P. Marcos Plante, msc.  

    Una triple enseñanza  


    Ante todo para la lectura orante, resulta valioso leer atentamente el texto propuesto, aquí 7,1-11, extraído de la carta magna de Mateo, el discurso de la montaña. Se anotan las palabras que llaman la atención.

    1º Interpretación del texto:
    Con estas palabras, Jesús nos da tres nuevas enseñanzas. En la primera, invita a mirar a los demás con misericordia, pues quien está sin defecto. Dejemos el juicio a Dios y amemos a todo ser humano como es. La segunda nos habla de perlas a los puercos. En este caso, las perlas son las cosas santas, por ejemplo las promesas de Dios en la Biblia o el anuncio del Reino de Dios. Si se comunica los secretos de Dios a los puercos, a los que los van a pisotear sin ningún respeto, resulta urgente preparar el terreno de la enseñanza sagrada para que se reciba en un terreno idóneo. La tercera enseñanza recuerda la confianza que el discipulado debe tener en el Padre al punto de cansarle a Dios con sus peticiones, sobre todo con peticiones para la comunidad sufriente tanto la cercana como la mundial. Hay tantos motivos actualmente para pedir a Dios que cuide de los refugiados, de los perseguidos en toda parte, especialmente los sirios y muchos otros en las mismas condiciones. Jesús dice: -Llamen y Dios les abrirá. Él termina recordando la regla de oro que ya había mencionado antes, al empezar su enseñanza en la montaña: -Traten a los demás como quieren que les traten. En esto está toda la ley y lo que los profetas aconsejan.

    2º Meditación:
    Tus consejos, Señor, son muy apropiados. Por qué yo, siendo pecador, pretendo juzgar a los demás. ¿Quién me da esta autoridad sobre los que son dueños de su propia vida? Si se portan mal, responderán ante Dios de su actuación, pero no me pertenece juzgarlos. Empezaré con remendar mi propia conducta, tal vez, sin hipocresía resulte ser un ejemplo de vida para todos. La segunda advertencia, de no dar a los puercos las cosas santas, me invita a cuidar y guardar limpio el ambiente de vida donde actúo. El mensaje de Reino de Dios necesita llegar a un terreno preparado, cultivado para la siembra santa. Así se evita profanar el nombre de Dios. También tú nos invitas a la confianza en la oración. Hasta cansar a Dios con nuestras oraciones. Dios está siempre atento a lo que le pedimos. Señor, te quiero pedir por estos hermanos y hermanas que sufren en los campos de refugiados y por los secuestrados a causa de su fe. Tú tienes razón. Lo que no quiero que me hagan, no lo voy hacer a los demás. Y lo que quiero que me hagan, lo voy hacer por los demás.

    3º Oración:
    Oh Dios, escucha mi oración, no te cierres a mi súplica; atiéndeme, respóndeme, que mis penas me tienen angustiado. Me inquieta la voz del enemigo, me asalta el miedo a la muerte, el temor y el terror me invaden, me abruma el pánico. (Sal 55,2-6) Señor, esta situación de angustia es la que viven los refugiados que huyen de su patria por la persecución de los malvados. Tú, Señor, hazte atento a su suerte. Yo, por mi cuenta, estaré atento a los que me rodean.

    4º Contemplación:
    Me traslado a la montaña donde Jesús está instruyendo a la muchedumbre con esta enseñanza muy profunda. Lo veo de pie hablando con insistencia y recordando el trato apropiado con los demás. Voy asimilando estas tres enseñanzas de dejar el juicio a Dios, de brindarle toda confianza en la oración y de cuidar el terreno donde se siembra la Palabra de Dios para no echar a los puercos los manjares divinos. ADH 801

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