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    Camino de Emaús

    Lectura Orante | P. Marcos Plante, MSC


    Camino de Emaús  
    Léase al paso esta maravillosa escena de Jesús Resucitado que va de camino junto con dos discípulos. Lc 24,13-35. Mientras van leyendo el texto, anótese las palabras claves y los gestos de uno y otro.
    1º Interpretación del texto:
    Todo sucede en la tarde del mismo día de la Resurrección del Señor. Dos discípulos, uno llamado Cleofás y otro anónimo. Ambos desconocidos; lo que significa que la revelación del Resucitado atañe no solo a los discípulos cercanos, sino también a cualquier discípulo entre los cuales estoy yo mismo. Ellos, los de Emaús, van de camino: A pesar de la desolación sentida por la pérdida del Maestro, siguen caminando hacía una meta que están revisando. ¿Qué pasará ahora que el Maestro no está?
    Iban hacía Emaús que dista de Jerusalén unos once kilómetros. Mientras hablaban y se hacían preguntas, Jesús en persona se les acercó y caminó con ellos. Nótese que Jesús camina siempre con nosotros. Ellos no lo reconocieron. ¿Están nuestros ojos abiertos a la presencia del Resucitado?
    Jesús les dijo: ¿Qué es lo que vienen conversando por el camino? Cleofás le respondió con la voz llena de tristeza si era el único que no sabía lo sucedido. Jesús con humor le contestó, como si no lo supiera: ¿Qué ha pasado?
    Entonces, los dos comentaron lo de Jesús Nazareno. Los discípulos se confrontaron a la verdad: Reconocen en Jesús un profeta, y para ellos es el Profeta esperado desde Moisés. Y siguieron contando la condena y muerte de Jesús. Frente a este acontecimiento trágico, ellos reaccionan: “Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel. Sin embargo, ya hace tres días que ocurrió esto.”
    Algunas mujeres del grupo les habían sorprendido, porque ellas fueron temprano al sepulcro y no encontraron su cuerpo. Habían aparecido unos ángeles que decían que estaba vivo. “Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres decían, pero a él no lo vieron.” Jesús no se había manifestado todavía a los demás discípulos. Jesús se manifestará poco a poco, del mismo modo que se puede manifestar a cada uno de nosotros como Cristo vivo.
    Entonces Jesús empieza su catequesis para el discipulado: “¡Qué torpes son para comprender, y qué duros son para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías sufriera todo esto para entrar en su gloria?” Yo mismo trato de comprender el porqué del sufrimiento de la crucifixión que permite entrar en la gloria; todos los que creemos en él, participaremos de su gloria.
    Jesús se lo explicaba así a través de Moisés y de todos los profetas; todo esto estaba profetizado. Al llegar al pueblo, Jesús hizo ademán de seguir en adelante. Pero ellos le insistieron diciendo: “Quédate con nosotros, porque atardece y está anocheciendo.” Les agradaba la presencia del Resucitado, aun sin reconocerlo. A mí también me agrada. Y Jesús entró para quedarse con ellos.
    Cuando partió el pan y lo bendijo, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. El mismo gesto de la institución de la Eucaristía en la Última Cena. Comulgaron con él. Allí, Jesús desapareció de su lado. Llenos de gozo, comentaban: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”.  Esta puede ser nuestra misma experiencia si estamos en camino con Jesús, mientras se explica la Palabra de Dios en la celebración litúrgica.
    No pudieron quedarse tranquilos y emprendieron volver a Jerusalén para comunicar la gran noticia, su evangelio. Una vez en Jerusalén, los demás discípulos les comentaron: “Es verdad, el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.”
    2º Meditación: Yo mismo, puedo vivir la experiencia de los discípulos de Emaús. Ocupo el puesto del discípulo que acompaña a Cleofás y vivo toda esta aventura del encuentro con el Cristo vivo, mientras se medita la Palabra de Dios y se vive la Eucaristía. Arde mi corazón cuando repaso lo que dice Jesús, pues, lo reconozco muy presente en mi camino vivencial.
    3º Oración: Confía en el Señor y haz el bien, habita en esta tierra y mantente fiel; que el Señor sea tu deleite, y él te dará lo que desea tu corazón. Encomienda tu camino al Señor, confía en él, que él actuará en tu favor; hará brillar como la aurora tu inocencia, y tu rectitud como el sol del mediodía.
    4º Contemplación: Revivo toda la experiencia de Emaús en todos sus detalles. Lo quiero vivir así en cada Eucaristía que voy celebrando. Tomo todo mi tiempo en compañía de Cristo vivo. Adh 812

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