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    El Valor de la Comunión

    Valores | P. Juan Tomás García
     


    El Valor de la Comunión
      
    “Somos un solo cuerpo porque participamos de un mismo pan”
    (1ra Corintios 10,17)  
    Este mes se nos propone profundizar sobre el valor de la Comunión. La cooperación o colaboración que estuvimos enfatizando durante el mes de mayo, ha de vivirse unidos a la misión desarrollada por Jesús. La Iglesia es comunión (Gl 5, 13-25), comunidad, fraternidad de unos hombres y mujeres que han recibido el mismo bautismo y viven animados por el Espíritu de Jesús (Jn 4, 7-13). La comunión cristiana se vuelve y es misión. Esta comunidad de Jesús no es, no existe para sí misma. Está llamada a encarnarse en el mundo. Ha de sentirse enviada a testimoniar el Evangelio en medio del mundo, a hacer presente la fuerza salvadora de Cristo entre las gentes (GS 40; Mt 28, 19-20).
    Estas son las dos claves fundamentales que nos van a permitir situar correctamente a los creyentes en el interior de la comunidad cristiana y en medio del mundo. Comunión y misión son dos aspectos fundamentales de la Iglesia que son inseparables (Jn 15,16). Si nos preocupamos sólo de crear comunión, comunidad, sin preocuparnos de la misión, podemos terminar construyendo una Iglesia dividida y debilitada. Si lo que vamos impulsando en nuestras comunidades lo hacemos con un sentido individualista y de competencia los unos contra los otros, no rinde frutos positivos, no construye espacios comunitarios (Lc 9,1; Mt 10,1).
    Si nos limitamos a desarrollar la misión sin crear comunidad, podemos caer en la dispersión, en el vaciamiento de la comunidad, buscaríamos gente pero para nada. La comunión nos hace iguales entre nosotros y fuertes en el que nos une que es Jesús. La comunión nos descubre la importancia de los laicos y laicas para la construcción y el crecimiento de las comunidades cristianas, en su misión de hacer crecer el reino de Dios (Hch 2, 42).
    El Concilio Vaticano II nos ha marcado el camino para superar la visión jerárquica de la Iglesia y las comunidades eclesiales. El Concilio subraya que la Iglesia es comunión, comunidad fraterna de creyentes, fundamentada en la recepción de un mismo Bautismo y de un mismo Espíritu (Rm 5,5). Se puede decir que la comunión es la idea central y fundamental de la eclesiología del Vaticano II (Lumen Gentium 4). La Iglesia no debe ser ya imaginada como una pirámide sino como un círculo, una comunidad, una familia. El Espíritu actúa en todos. La dignidad de todo creyente arranca de su bautismo y su comunión con Cristo (1Jn 1,3).
    El Concilio Vaticano II dice que La Iglesia es el pueblo de Dios  que ha de ser germen de esperanza y de salvación para todo el género humano (Lumen Gentium 1). Con ello se subraya la igualdad de todos en cuanto al ser cristiano y a la dignidad, la vinculación fraterna que existe entre todos, la misión común a impulsar entre todos, el destino común hacia el que caminamos todos (Ef 4, 11-12). El Vaticano II, va a insistir, sobre todo, en la igualdad. Cuanto se ha dicho del Pueblo de Dios se dirige por igual a todos los seguidores de Jesús y eso posibilita la comunión (Flp 2 1-2).
    La comunión la crea el Espíritu del resucitado, presente en la Iglesia y en cada uno y cada una de sus miembros. El mismo Espíritu está actuando en todos nosotros. Él crea a la Iglesia, él le da su fuerza, le infunde su dinamismo, la unifica y la vivifica permanentemente (Jn 14, 16). El crea la comunión, la comunidad del Espíritu. Su primera acción es construir la comunión eclesial (Hch 4, 32-36). Adh 813.

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