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    "A la clase, que ya es hora". Comienza un nuevo año escolar, y mientras muchos niños y niñas cantan románticamente la cancioncita escolar: “A la clase, que ya es hora”, permanece escondida la dramática situación estructural de la educación dominicana. El sistema educativo dominicano, si es posible llamarlo así, refleja y alimenta las disparidades crecientes en el conjunto de nuestra sociedad. Mientras nuestro país continúa creciendo económicamente, y algunos sectores de la población exhiben comportamientos de consumo que para nada reflejan la crisis financiera mundial, los índices de desigualdad social continúan aumentando. Desde un punto de vista ético político, debemos proponernos un programa urgente del que prácticamente nadie habla: construir un sistema educativo que luche contre la desigualdad social dominicana, en constante aumento.
    La creciente brecha social de nuestro país se ve alimentada de modo preocupante por la abismal diferencia que existe entre la educación pública y la privada. Mientras los hijos de nuestras élites se educan en inglés y sin perder tiempo, de espaldas a la realidad social y cultural en que sus padres amasan o amasaron fortunas, los hijos de los pobres padecen el sistema educativo más deficitario del mundo en educación primaria, de acuerdo al “Reporte Global de Competitividad 2008-2009”. Para las élites económicas de la globalización, así como para las élites políticas encantadas por esta visión del mundo, la educación debe estar al servicio de la “competitividad”. La brecha educativa a la que asistimos afectará tanto la competitividad de los más pobres, como la competitividad del conjunto del país en una economía globalizada. (Artículo completo enl a edición impresa).

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