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    El Valor de la Libertad

    “Para que seamos libres nos liberó el Señor” (Gál 5,5)
    Para los dominicanos, febrero es considerado como el mes de la Patria, porque fue un 27 de este mes donde adquirimos nuestro status o libertad de un país soberano y libre. Febrero es la fiesta de nuestra Independencia Nacional. Es el mes para recordar a aquellos que nos dieron ese orgullo de llamarnos dominicanos; nos referimos a nuestros Ilustres Padres de la Patria: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella.
    Esta libertad que es un derecho y una aspiración genuina del consorcio de los pueblos del mundo; está muy ligada al ámbito de la política, donde viene a ser un gran pilar del sistema democrático, para contribuir a la sana convivencia, al bien común y al bienestar y paz social.
    Pero esos frutos sólo serán posibles con el concurso y la cooperación de hombres y mujeres auténticamente libres, que han sabido avanzar en esa toma de conciencia de su dignidad y de su valor como persona. Es frente a eso que quiero reflexionar con ustedes, sobre este gran y noble valor que recaba de cada uno, todo el esfuerzo y generosidad hasta alcanzar el grado sumo que es la libertad interior.
    La libertad es un derecho natural de la persona, gracias a la cual puedo aspirar a un mejor nivel de vida; a una profesión, a buscar un lugar para vivir, escoger la diversión que me realiza, comer aquello que me gusta. Es capacidad para elegir entre el bien y el mal responsablemente, lo cual implica conocer lo bueno o lo malo de las cosas y proceder de acuerdo a la conciencia.
    Juan Pablo II hablaba de la libertad como raíz de la dignidad humana en cuanto nos permite ejercer ese don maravilloso y hacer opciones que nos ayudan a crecer y avanzar. La libertad es un ingrediente esencial de la naturaleza humana, un don de Dios, que nos hace radicalmente diferente del resto de la creación.
    No se identifica con la libertad de pensamiento o con la libertad física, sino con la libertad de la voluntad o libre albedrío, por la que gobernamos nuestras propias acciones. Es libertad moral que nos ayuda a distinguir entre el bien y el mal.
    Es uno de los valores más trascendentales del ser humano. Es la tendencia natural del hombre y la mujer que conduce a la felicidad. Con razón el artículo no. 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y en derechos y dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.
    Fernando Sabater le da tres usos importantes a la libertad que son: 1.- La libertad como disponibilidad para actuar de acuerdo con los propios deseos y proyectos; es decir, la persona puede ir y venir si no está atado o encarcelado; si no está sometido a torturas, drogas, ni marginado por la miseria o la ignorancia. 2.- La libertad de querer lo que quiero: viajar, amar y creer según los dictados de nuestra conciencia. 3.- La libertad de querer lo que no queremos y de no querer, lo que de hecho queremos.
    Otros autores nos hablan de una libertad de construcción, que es cuando podemos actuar sin ningún impedimento o interferencia externa. Aunque la libertad es un bien en sí misma, muchas veces no sabemos administrar ese bien y nos dejamos manipular. También hay una libertad de elección, que suele ser más dolorosa en la medida en que los objetos o la realidad a elegir sean más numerosos.
    Cada uno elige libremente lo que quiere ser en la vida. Una persona honesta es honesta por elección, no por obligación. Es verdad que hay factores y condicionamientos culturales y sociales, que determinan nuestra forma de pensar y de escoger, pero no obstante eso, es una tarea o un valor que debemos cultivar. Hay también una libertad de actuar. Eso significa que la libertad debe ser dinámica, es decir, invita a la actividad, es un compromiso conmigo, con los demás y con la sociedad de contribuir al bien común.

    La libertad necesita y está motivada por los valores, porque estos nos motivan, nos impulsan y nos dan motivos para actuar. Hay 4 elementos importantes o principios básicos que nos ayudan a fortalecer la libertad y son:

    1.- Las personas libres son dueñas de sí mismas. Eso significa que no se dejan arrastrar ni manipular por las cosas, por los complejos, el que dirán, pero tampoco nos dejamos arrastrar por los impulsos, emociones y sentimientos.
    2.- Las personas libres son leales a la verdad. De ese modo vencemos la ignorancia y la duda y le damos sentido nuevo a nuestra vida.
    3.- Las personas libres ejercitan su libertad. Eso quiere decir que nos ayudan a ser auténticos y a hacer opciones verdaderas, y por eso no dejamos que nadie nos trace el camino, soy yo quien debo saber a dónde voy, por qué voy y cómo llegamos a donde voy.
    4.- Las personas libres piensan por si mismas. No se dejan gobernar por la opinión ajena, por los que hacen los demás, por las ideas y las modas que hoy son y mañana desaparecen. Todo eso nos indica que la libertad es una realidad muy compleja; tan compleja como cada ser humano en particular.

    Quiero para terminar, exhortar a cada uno a amar y defender la libertad, su libertad, esa que nos ganó el Señor con su muerte y con su resurrección, la misma que nos enseñó en su Buena Nueva.
    La libertad de entender que cada hombre y cada mujer es mi hermano, y de esa manera quitar todo complejo de superioridad o de inferioridad. La libertad de sentirnos grandes y dichosos si somos capaces de amar, respetar y servir a los demás.
    La libertad de la responsabilidad al entender que formamos parte de una sociedad a la que debemos ayudar y desarrollar mediante nuestro aporte y nuestro trabajo.
    La libertad interior que debe ser fruto de la Gracia divina que nos capacita para no dejarnos arrastrar por ningún tipo de egoísmo, odio, rencor, vicio, corrupción, mentira o engaño y así poder ser una referencia moral para los demás.
    Adquirir la libertad de la dignidad humana para no dejarnos arropar por el consumismo, el deseo de tener a como dé lugar; a no buscar el goce a cualquier precio o el poder sin medir consecuencias. En fin, luchar por la libertad de los hijos de Dios, para que tengamos la luz y la claridad mental de que el tesoro más valioso y hermoso es amar al Señor con toda el alma y con el ser y a nuestros hermanos de la misma manera.
    Volemos como Juan Salvador Gaviota en procura de la libertad y de ese modo conquistaremos el gozo y la plenitud, que ninguna otra aventura nos puede proporcionar.
    Valores / P. Fausto R. Mejía V.

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