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    Pascua y Economía Solidaria


    La Pascua, fundamento del compromiso solidario. Pascua significa paso. Pasar de una situación de opresión a un estado de libertad, que es el valor que permite que una persona, pueblo o comunidad se gobierne a sí mismo.
    La libertad personal supone que la persona se gobierna a sí misma usando su cualidad fundamental que es la razón. Solo los seres humanos estamos dotados de razón. Por eso hemos expresado, en reiteradas ocasiones, que libertad sin racionalidad es igual a animalidad.
    La libertad, como principio, consiste en comprometerse a asumir el rol de persona libre y liberadora, como norma de convivencia social.
    Muchas personas se comprometen y no cumplen; son infieles al compromiso asumido.
    El discurso sobre el valor, e incluso sobre el compromiso asumido, solo rinde su fruto cuando se convierte en virtud. La virtud es, en consecuencia, la práctica del valor asumido como compromiso. Es un estilo de vida.
    El acto de conversión de la opresión a la libertad, requiere que el proceso se lleve de manera integral, como valor de la buena Noticia de Jesucristo tanto en el plano trascendente como en la dimensión temporal, es decir, en lo religioso y en social.
    Comparto con los lectores de Amigo del Hogar y, por vía de ellos, con sus relacionados, nuestra idea de libertad integral en el orden social, priorizando la actividad económica.
    La economía solidaria es manifestación de la dimensión social del Evangelio en el quehacer económico.

    Para entender el criterio de libertad integral en el orden económico es necesario partir, esencialmente, del objetivo fundamental de la economía, y de los valores y agentes que intervienen en ella. El objetivo fundamental de la economía es satisfacer las necesidades reales de todos los seres humanos.
    Los valores que constituyen el eje central de la economía son los recursos naturales y el trabajo; y los agentes que la mueven son los consumidores, los trabajadores, los inversionistas y el Estado.
    En esta época en que tanto se habla de crecimiento sostenible o sostenibilidad, es imperativo que todos los agentes económicos defendamos el ambiente ecológico, tanto en el orden físico como en el social.
    Lo dicho anteriormente, supone asumir el compromiso de defender a todos los seres vivientes de la agresión que limite su rol de incrementar la productividad y producción presente y, al mismo tiempo, sentar la base para el futuro, comenzando por las personas y continuando por vegetales y animales.
    Por definición, la economía solidaria es el sistema económico que procura elevar el nivel de vida de las personas que forman una comunidad, mediante el esfuerzo personal y la cooperación comunitaria.
    La capacidad para satisfacer las necesidades se alcanza mediante la producción de los bienes que las satisfacen, o dinero como instrumento para adquirirlos en el mercado. Unos y otros son propiedades. En general, la propiedad libera y la necesidad oprime. Muchas personas están oprimidas por carencias de medios económicos, unas veces por causas ajenas a su voluntad, y en otras ocasiones por el mal uso de los recursos que han recibido.

    La opresión que padece la mayoría de las personas, especialmente las más desposeídas por culpas de otros, se enraízan en diversas formas de injusticias. Las injusticias económicas se expresan en la inequidad laboral, comercial, financiera, fiscal, etc., como son las grandes diferencias en las retribuciones, la especulación, la enorme brecha entre lo que pagan las entidades financieras a los ahorrantes y lo que cobran a quienes requieren de un préstamo u otros servicios financieros; como también las altas cargas impositivas al consumo por parte del Estado, como el ITBIS, impuestos selectivos.
    Las personas se oprimen a sí mismas cuando se dejan llevar del consumismo o del vicio; vale decir, que en vez de usar la razón para discernir entre las necesidades reales y las ficticias, se dejan dominar por las emociones.
    Entre nosotros es emocional y, consecuentemente ficticia, la inclinación al juego de azar, como loterías, bancas de opuestas, gallos, billar, tragamonedas, etc., no importa si son legales o ilegales, en todo caso son ilegítimos por ser opresores e irrespetuosos de la dignidad humana; pero también es opresora la compra de cosas que no elevan la calidad de vida y que muchas veces son impulsadas por la envidia, o por presumir de una riqueza que no se tiene.
    Es conveniente que todos entendamos que cuando la persona se enfrenta al tiempo y al espacio, las categorías ricos-pobres, hombre-mujer, joven-viejo, blanco-negro, sabio-ignorante, encumbrado-humilde, famoso-desconocido, de nada sirve porque la muerte no conoce de estas cosas. Lo cierto es que la vida temporal es más o menos efímera y a cada cual, tarde o temprano, le llega su día.
    En la Cuaresma, como tiempo de preparación a la Pascua, se nos invita a la oración, al ayuno y al compartir. En la Pascua, y en todos los días de nuestra existencia, esta invitación, para la práctica de los valores del humanismo cristiano.

    Vivir la Pascua Cristiana es actuar a imitación de Cristo, convirtiéndonos en sus fieles discípulos misioneros:
    • Los consumidores, elaborando un presupuesto de la comunidad familiar, mediante un diálogo en el que participen los cónyuges y los hijos, y se calculen tres componentes: los ingresos, los gastos, detallados y escritos; y el ahorro, evitando los créditos, salvo el caso en que éstos se conviertan en propiedad: crédito es hipoteca de los ingresos futuros y disminución de las entradas y, por lo tanto, opresión.
    • Los trabajadores, rindiendo al máximo en calidad y cantidad, como expresión de sus deberes; y uniéndose en sindicatos para reclamar una justa retribución, como manifestación de sus derechos: la autoridad se fortalece cuando el reclamo de un derecho es antecedido por el cumplimiento del deber correspondiente, este es el fundamento de la justicia conmutativa.
    • Los inversionistas y empresarios, pagando una justa retribución y manteniendo una razonable aproximación entre los que ganan más y los que reciben menos, sin discriminación ni privilegios; y, al mismo tiempo, vendiendo sus productos a precio y calidad dignos del respeto que merecen los consumidores como expresión del respeto a su condición de persona humana creada a imagen de Dios, pero también como colaboradores del beneficio de sus empresas.
    • El Estado, reduciendo los impuestos al consumo, lo que es posible con un presupuesto austero, disminuyendo los gastos superfluos, la corrupción, el clientelismo, la dependencia, mientras se incrementa la inversión, que es instrumento de generación de empleo y de independencia frente al capital extranjero en sus variables crédito e inversión.
    La Pascua, como fundamento de la Economía Solidaria, se convertiría del discurso por el cambio del modelo económico en la realidad del proceso de desarrollo integral, que supone la participación de todos los dominicanos en todas sus riquezas económicas, sociales, culturales y espirituales, como expresión del bien común, único estado en el cual todos podemos disfrutar del valor de la paz. Adh 756