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    El Papa llegado de lejos

    El Papa llegado del otro lado del mundo
    Aniversario | UN AÑO CON EL PAPA FRANCISCO: “Es de bien nacidos ser agradecidos”
    Recordé hace unos días que en breve el Papa Francisco cumplía su primer año de Pontífice de la Iglesia Católica.
    ¿A qué suena rara la palabrita para designar a este Papa? La palabra “pontífice” viene del latín y se coló en la Iglesia cuando ésta se convirtió en Estado, como parte de la herencia del Imperio Romano. Pontífice es “el que construye puentes entre Dios y los hombres”. Pero este Papa, además de tender puentes, lo que hace es vadear ríos para acercarse a unos y a otros; mojándose y mojándonos. Lleva en su mochila interior el manual y el estilo para el camino: el Evangelio de Jesús como mensaje de alegría para el mundo.
    Siguiendo su trayectoria de 365 días, y desde el primer instante al salir al balcón del Vaticano para presentarse al mundo, inició un tratamiento de choque empezando por los detalles más externos: sus vestimentas papales exhibían una sencillez a la que estábamos poco acostumbrados. Después vino una mirada de estremecimiento ante la multitud de la Plaza Vernini y ante los medios de comunicación a nivel mundial; luego una sencilla petición: orar todos juntos.
    He vuelto a leer mis deseos escritos el pasado año mientras se celebraba el cónclave; lo que le pedía al futuro nuevo Papa (ECLESALIA, 14/03/13). Todavía tengo que pellizcarme para no creer que esto es ensoñación… hay cosas que se están encaminando en la Iglesia: está cayendo mucha hoja seca, se están abriendo ventanas para que entre el aire fresco del Espíritu y puertas para acoger a quien se acerque. Se están haciendo cosas inimaginables hace sólo trece, catorce, quince meses… y muchos años atrás.
    Por delante hay mucho por hacer, mucha paciencia que administrar, pero los signos de esperanza animan a la espera y los de alegría, a quitar el color gris de las relaciones. Como dice el refrán que “es de bien nacidos ser agradecidos” quiero dar gracias a Dios doce veces, una por mes, desde el nombramiento del Papa Francisco:
    Gracias porque sabe conmoverse sin vergüenza.
    Gracias porque pide que oremos por él, mostrando su propia debilidad.
    Gracias porque sabe agacharse y besar.
    Gracias porque sigue usando unos zapatos que indican que hay mucho camino por delante por recorrer juntos.
    Gracias porque no le gusta vivir solo: come, reza y celebra la Eucaristía de forma cercana.
    Gracias porque deja que los niños se acerquen a él.
    Gracias porque se moja contra los poderes del mundo y los denuncia como en Lampedusa.
    Gracias porque dialoga y contesta preguntas.
    Gracias porque ha cogido la escoba para barrer la mugre interior de la Iglesia.
    Gracias porque a los pobres les da prioridad; a los laicos mayoría de edad; y a las mujeres más amplio espacio vital en la Iglesia (aunque de sacerdocio, de momento, “ná de na”).
    Gracias porque habla con un lenguaje que puede entender el que estudió y el que no pudo; el teólogo y el recién converso; el que trabaja el campo y la que acabó su tesis doctora, todos. ¡Ah… y no olvida el Concilio Vaticano II y la Teología de la Liberación.
    Gracias por la Exhortación “LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO” (EVANGELII GAUDIUM) Ahí va mi agradecimiento en 12 entregas, que podrían ser más.
    Sigamos orando por el Papa Francisco como él mismo nos pidió. (Eclesalia Informativo. MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com MADRID. 

    La Iglesia Hoy | Miguel Angel Ciaurriz. El Papa llegado del otro lado del mundo.  Aunque es el ducentésimo sexagésimo sexto papa de la Iglesia, elegido el 13 del mes 3 del 2013, para suceder al renunciante Benedicto XVI, Francisco es el primer Papa Francisco, el primer latinoamericano obispo de Roma, y el primer Jesuita que sucede a Pedro al frente de la Iglesia. Las circunstancias han obligado al cardenal Bergoglio a dejar a un lado la humildad ignaciana de no pretender cargos de relevancia en la Iglesia y asumir esta tarea que tiene el tamaño de una pesadísima cruz que sólo la desean quienes no pueden con ella.
    Su nombramiento ha sentado bien por estos lados del mundo y no son pocos los que esperan que este nuevo Pontífice sea también el primero en abrir caminos nuevos que permitan a la Iglesia saldar cuentas pendientes con el mundo y los creyentes.
    Escribo estas líneas al día siguiente de su elección. Para cuando esta edición llegue a las manos de los lectores muchas noticias nuevas en torno al cónclave y a la figura del arzobispo bonaerense que no pueden ser recogidas en estas notas serán del dominio público pues, sin duda, el nuevo Papa seguirá siendo en los próximos días y semanas motivo de portada en los periódicos y noticiarios.

    Un nuevo talante
    Del cardenal Jorge Mario Bergoglio, dicen las indiscretas filtraciones del anterior cónclave, que reunió un buen puñado de votos de sus colegas cardenales; algunos hablan de hasta cuarenta. No quiso opositar a su hermano Ratzinger y pidió que le hicieran el favor de no ser tenido en cuenta. Sentía que era el tiempo para un Benedicto XVI.
    Esta vez no entraba en las quinielas ni en las listas de papables que manejaron los medios de comunicación y expertos vaticanistas, aunque no faltaron quienes se atrevieron a apuntar su nombre en caso de que la competencia entre cardenales curiales y pastoralistas trancara el juego. Bergoglio sería la figura ideal para desatacar la elección.
    No sabemos si fue por eso que lo han elegido. Lo cierto es que, una vez más se ha confirmado aquello de de que “quien a un cónclave entra Papa sale cardenal”.
    Nacido en el Gran Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, Su Santidad Francisco I, dejó la ingeniería química por el sacerdocio y la Compañía de Jesús. Uno a uno y pasando por casi todos los peldaños eclesiásticos hizo carrera en la Iglesia, primero en su orden y después como obispo y cardenal. En el 2001 Juan Pablo II le cambio las vestimentas moradas de obispo por las púrpura de cardenal.
    Su aparición en el balcón de la basílica de San Pedro tras ser elegido sorprendió a todos, incluso a los cardenales que le acompañaban. Nunca antes se había visto a un Papa pedir la bendición del pueblo antes de dar la suya, la protocolar Urbi et Orbe que manda la liturgia de un acto como ese.
    Apareció vestido con el ropaje papal elemental, sotana blanca y un pectoral, dicen que de madera en lugar del crucifijo repujado en perlas que estábamos acostumbrados a ver en los pontífices anteriores. Detalle cargado de fraternidad y respeto tuvo con su antecesor, Benedicto XVI al pedir a la multitud que rezara por él la oración del Padre Nuestro.
    Llamó también la atención, y gustó muchísimo, que, siendo el nuevo Papa, dijera que sigue siendo simplemente un obispo. “Como sabéis, dijo en sus primeras palabras, el deber de un cónclave es dar un obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo...pero estamos aquí. Os agradezco la acogida. La comunidad diocesana de Roma tiene su Obispo, gracias.
    “Y ahora, dijo en otro momento, comenzamos este camino: obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma, que es la que preside en la caridad todas las iglesias. Un camino de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros. Pidamos siempre por nosotros: los unos por los otros. Recemos por todo el mundo, para que haya una gran hermandad.
    Esperemos que este nuevo talante mostrado por el Papa Francisco I inaugure también un nuevo tiempo en la Iglesia.

    Los retos del nuevo Papa
    No es sencilla la tarea que le espera a este obispo llegado a Roma casi del otro lado del mundo, como él mismo dijo en su primera aparición pública el pasado 13 de marzo. Su trabajo al frente de la arquidiócesis de Buenos Aires y como Primado de la Iglesia Argentina, hace que los cristianos abriguen grandes esperanzas con su pontificado Se le conoce por su firmeza en la defensa de los pobres. Por su defensa llegó a confrontar directamente con los sucesivos gobiernos de los Kirchner al denunciar que no se estaba atendiendo a los pobres de Argentina como se debe y como se puede en un país con tantas posibilidades.
    Algunos han dicho ya de él que se parece mucho, aunque no en el redondel de su cintura desde luego, al Papa Roncali, el bonachón beato Juan XXIII. Apuntan que, como él, estaría bien que se atreviera a convocar un nuevo concilio ecuménico o, en todo caso, poner todo su empeño en que se cumpla a cabalidad lo que aún falta por aplicar de ese concilio de hace 50 años. “Vuelve el Papa Bueno, Juan XXIII, de la mano del Papa Francisco. Para abrir puertas y ventanas y proclamar "un año de gracia del Señor", escribía un analista católico el mismo día de la fumata blanca.
    Entre los primeros retos que deberá enfrentar Francisco I está, sin duda, el de la reforma de la Curia Vaticana, señalada por los medios como uno de los puntos más oscuros y hasta vergonzosos de la Iglesia. Se ha hablado de intrigas de Palacio, de lucha por el poder y de malas mañanas para abrirse paso en sus apetencias de varios cardenales claves en la gestión de los asuntos eclesiales. El conocido casi Vatileaks ha sido simplemente la punta de un iceberg que en las congregaciones previas al cónclave han llevado a los propios cardenales a convencerse de que eso tiene que a curia debe cambiar con urgencia.
    Y se trata de cambios que no pueden esperar por mucho tiempo si se quiere evitar que la Iglesia se convierta, algunos dicen que ya lo está, en “una organización anquilosada en la que existe un gran cuello de botella en la secretaría de Estado. Muchos colaboradores pueden tardar meses en ver al Papa. La mastodóntica Curia tiene que racionalizar y optimizar recursos para agilizar y hacer más transparente su misión”, advierte otro de los expertos vaticanistas que en estos días han analizado la realidad de la Iglesia.
    La Curia Vaticana necesita una reforma de fondo. Es necesario aplicar de manera efectiva una mayor colegialidad entre los obispos y el Papa. “Hay que salir del cerco del centralismo romano. Cambiar la Curia es una prioridad. Falta diálogo y los dicasterios no se hablan" denuncia el cardenal alemán Kasper, un peso pesado del sector pastoralista del colegio cardenalicio.
    Y en esta reforma de la curia tendrá que trabajar el nuevo Pontífice por terminar la limpieza que no pudo o no le dejaron hacer a Benedicto XVI en el manejo de las finanzas vaticanas. El IOR, el banco vaticano, no pude seguir funcionando como las grandes corporaciones financieras que a costa de lo que sacar beneficios hace lo que sea sin reparar en principios ni métodos éticos. Ojalá con Francisco I nos encontremos con un jesuita listo para hacer tantas reformas necesarias.
    Consciente del momento y de la gravedad de este asunto Benedicto XVI creó el Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización. Al nuevo Papa le corresponderá ahora emprender la tarea. De su éxito depende buena parte el futuro de la Iglesia. Muchas zonas tradicionalmente religiosas necesitan de una verdadera reevangelización.
    Enfrentar la descristianización de Europa es otro gran reto para la Iglesia y su máximo dirigente. Mientras la Iglesia crece en África, en Asia y en Norteamérica, también gracias a la inmigración y lucha por mantenerse en Iberoamérica, Europa se descristianiza aceleradamente. En este sentido hay muchas esperanzas puestas en Francisco I, venido del otro lado del mundo, de un continente donde está el mayor número de los 1200 millones de adscritos que cuenta la Iglesia.
    Que la Iglesia necesita purificación nadie lo duda ya. Los escándalos sexuales de muchos eclesiásticos han sido uno de los problemas que con más dolor debió soportar el anciano Benedicto XVI. Él inició, con su política de tolerancia cero, con valentía y coraje, un plan de limpieza que sin duda va a facilitar al nuevo Pontífice su trabajo en esta materia. En este sentido, la transparencia, la formación de los seminaristas y religiosos y el discernimiento a la hora de la admisión ayudarán a prevenir esta lacra en la Iglesia. Y será muy justo y necesario acercarse y atender a las víctimas. Francisco I deberá trabajar porque se recupere la confianza perdida por la gente que ha quedado defraudada con su Iglesia.

    La oportunidad de ser el primero en hacer cosas nuevas
    Además de ser el primer Francisco Papa, el primer latinoamericano y argentino y jesuita papa, el cardenal argentino puede ser primero también en nuevas iniciativas que den vitalidad a la Iglesia.
    Eufórico por su nombramiento un reconocido sacerdote español decía en una de las webs católicas que soñaba con que este Papa fuera también el primero en ordenar una mujer sacerdote.
    Probablemente, no debamos esperar justamente eso de este Francisco, aunque sí que se desbroce el camino para que eso sea posible dentro de no mucho tiempo. Pero sí podría ser el primero en dar pasos más significativos en puntos intermedios como permitir la comunión a los divorciados que viven con nuevas parejas, readmitir en el ejercicio pastoral a los sacerdotes casados y preparar las condiciones para el celibato opcional de los sacerdotes.
    ¿Será pedir demasiado? Nadie duda de que el nuevo Papa argentino tenga el carácter y la determinación necesarios para caminar en esa dirección.
    Estamos ante un hombre que no aparece en los informes del Vatileaks; al parecer de garantías, “tan honrado y tan íntegro, dice un sacerdote argentino residente en Roma, que ni siquiera el gobierno Kirchner pudo encontrar mancha alguna en su vida, a pesar de haberla buscado con suma diligencia".
    En todo caso, el problema para la Iglesia no está tanto en el Papa como en el Papado. Ojalá este Francisco sea también el primero en hacer un nuevo Papado para bien de la Iglesia y del mundo.

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