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    Cuerpo de Cristo: Comunión/Diversidad

    Rincón de la Palabra | Angela Cabrera, Misionera Dominica: Cuerpo de Cristo: diversidad y comunión. El apóstol San Pablo nos ofrece su visión del Cuerpo de Cristo en los textos Romanos 12 y 1 Corintios 12.  Llama la atención las veces que se menciona la palabra “cuerpo”, recordándonos la “innovación” de la pedagogía divina  

    Por innovación entiendo la originalidad de Dios al ofrecernos la Palabra preexistente hecha “cuerpo” encarnado, inserto en un espacio concreto de la historia humana alcanzando visibilidad. La teología bíblica nos nuestra que la visibilidad del Cuerpo de Cristo está entre los pobres crucificados por el sistema. Ese Cuerpo compartió el espacio entre los socialmente insignificantes, incluyendo los animales según la costumbre de una sociedad agrícola.

    El Cuerpo de Cristo tiene ojos, oídos, boca, pies... posibilitando la relación personal y comunitaria. Cristo se hace encuentro verídico. Es en el contacto visible donde el cuerpo asume compromisos alternativos, empeñado en construir una sociedad justa. El “Cuerpo” del que estamos hablando está marcado por directrices proféticas, “luchar por la dignidad humana”, o sea, por rescatar los cuerpos desgastados mediante la opresión y el sufrimiento. Este es el Espíritu que anima la Sagrada Escritura y es el Espíritu que anima a la Iglesia. El Cuerpo de Cristo se dona como pan de vida. No se entiende sin parámetros solidarios sobre la mesa, que también representa el espacio común donde nos ejercitamos en humanidad.

    La visión de la corporeidad cristológica paulina no nace del desconocimiento, sino que presupone las faltas y conflictos de la Iglesia. Su teología no provenía de un escritorio ajeno a los acontecimientos cotidianos. Todo lo contrario. Su visión consideraba la realidad social, la formación de comunidades en ambientes hostiles. Puede decirse que la lucha tensa entre los valores evangélicos y el poder enfermizo han existido desde siempre, así como el intento de caminar, al mismo tiempo, en direcciones opuestas. Con todo, el apóstol estaba movido por la esperanza, una esperanza tensa, pero segura en sí misma, porque quien conspira con la justicia nunca queda defraudado.

    El cuerpo es Uno, con muchos miembros, y un mismo Espíritu (1Cor 12,13). Es el Espíritu que dinamiza las coyunturas y ligamentos internos para que el cuerpo no quede rígidamente preso. La corporeidad es dinámica y concretiza la vida de fe en la vivencia comunitaria. La particularidad de los miembros no son entendidos como polaridades contrapuestas, sino como riquezas diversificadas animadas por la Gracia renovadora. En este sentido, los carismas no son posesiones privadas, ni derechos individuales, sino responsabilidades que nos han sido confiadas en beneficio de las demás personas.

    Es interesante que ambos pasajes paulinos nos propongan un proyecto de humildad. Vea, por ejemplo, esta frase: no se estimen en más de lo que conviene (Rm 12,3). Algo aquí apunta hacia el sentido de lo que vivimos como Iglesia. Independientemente de las más variadas motivaciones que han llevado a Benedicto XVI a renunciar de su tarea, algo ha quedado con nosotros: abrir las manos y desnudarnos de títulos y cargos cuando ya no mediaticen la vivencia del Evangelio y carezcan de vigor para dinamizar una auténtica vida en la comunión con Cristo.