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    Espiritualidad Litúrgica

    Liturgia Hoy | P. Roberto Núñez, msc.  
    Espiritualidad litúrgica
      

    La espiritualidad litúrgica es la actitud del cristiano que funda su vida sobre el ejercicio auténtico de la liturgia, de manera que ésta llega a ser culmen y fuente de toda su actuación.

    A partir de este número de febrero, iniciamos esta sección que titulamos Espiritualidad litúrgica. En ella estaremos ofreciendo algunas reflexiones litúrgicas, que pretenden ser una compañía en el camino cotidiano, en el día a día litúrgico. Serán elementos que ayuden a profundizar en lo que participamos frecuentemente en la liturgia.
    Podemos aproximarnos a una definición de la espiritualidad litúrgica, diciendo que Jesucristo es la norma última de la vida espiritual. Jesucristo en la totalidad de su misterio como Hijo de Dios, con su existencia histórica y con su condición gloriosa. De ahí que espiritualidad litúrgica es una evocación constante, tanto a los distintos momentos de la vida histórica de Jesús, como al Cristo glorioso, que sigue curando, limpiando, perdonando y alimentando a hombres y mujeres, sobre todo a través de las acciones sacramentales de la Iglesia.
    Para Mons. Julián López (Obispo de León, España) «La espiritualidad litúrgica puede definirse como actitud permanente o estilo de vida cristiana basado en la asimilación e identificación con Cristo, producidas por el bautismo y la confirmación, y alimentado en el ejercicio de la participación plena en la eucaristía y los sacramentos, y en la plegaria de la Iglesia, todo ello dentro del marco fundamental del año litúrgico.
    El cristiano que quiere nutrir su vida espiritual en la participación litúrgica, siente la necesidad de apropiarse de lo que celebra en la liturgia, para traducirlo después en su existencia cotidiana. La espiritualidad litúrgica, por tanto, consiste en una actitud o disponibilidad para celebrar de modo vivo y fructífero los grandes momentos sacramentales de la vida cristiana y de la Iglesia. La participación consciente, activa y plena de fe, y el propósito de insertar la propia existencia en el misterio de Cristo presente y operante en la liturgia, constituyen el camino, abierto a todos los bautizados, para configurar la vida a imagen y semejanza del que, para redimirnos, compartió, paso a paso, momento a momento, nuestra existencia.
    Naturalmente, esta actitud o disponibilidad debe ir marcada por el esfuerzo de asumir, a nivel personal, lo que la Iglesia celebra en las acciones comunitarias. Solamente así la vida de los creyentes se hace, toda entera, una “experiencia en Cristo” y una “vida en el Espíritu”, objetivo primero de la espiritualidad cristiana».
    Estamos llamados a cultivar una espiritualidad litúrgica, la cual tendrá las siguientes características:
    • Conocer el sentido bíblico y teológico de la liturgia y de sus componentes.
    • Vivir las celebraciones en plenitud de experiencia teologal.
    • Llevar la gracia de la liturgia a la existencia concreta, a nivel personal, comunitario y social.
    • Hacer converger en la celebración litúrgica, cumbre de la vida cristiana, la experiencia personal y comunitaria de los fieles.
    • Conocer y estudiar la liturgia, ya que es necesario un enfoque teórico que ayude a hacer la experiencia concreta de la misma, con un tratamiento articulado de algunos temas como:
    o Introducción al problema de las relaciones entre liturgia y vida espiritual a nivel de principios y en la experiencia histórica de la Iglesia.
    o El estudio de los grandes principios teológicos de la liturgia en perspectiva existencial: Cristo, Espíritu Santo, la asamblea litúrgica, la palabra de Dios, los signos litúrgicos.
    o La presentación de los grandes temas de la vida espiritual cristiana en dimensión litúrgica: oración, ascesis, mística, testimonio y compromiso.
    A estos elementos intentaremos ayudar a profundizar en las entregas siguientes.
    1) Julián LÓPEZ., En el espíritu y la verdad, Salamanca: Secretariado Trinitario 1987, 387.

    1 comentario :

    1. Creo en la espiritualidad litúrgica, tan necesaria para que la liturgia no este separada de la vida de los creyentes.

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