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    viernes, 20 de febrero de 2015

    De la Equidad a Vida Plena

    Humanismo Integral | Ignacio Miranda  
    De la equidad a la vida plena  
    Integralidad y plenitud son valores más o menos equivalentes. Ambos representan totalidad. Equidad es valor determinante para vivir a plenitud. Es la aproximación entre polos que hoy día se colocan en situaciones opuestas, más bien rivales.
    Esta rivalidad pone la paz en peligro, e incluso la vida misma  de todos los  seres vivientes. En cambio,  actuando en armonía conducirían al bien común, condición fundamental para alcanzar el desarrollo integral de la persona y de la sociedad.
    Hemos sido reiterativos en la afirmación de que  “tenemos muchos motivos de desesperanza;  pero aún más razones de esperanza. Y  las razones son más fuertes  que los motivos porque éstas  llevan la profundidad de lo espiritual mientras  aquellos los mueve  la superficialidad de lo efímero”. En el 2015, esta contradicción parece acentuarse.
    En el orden económico, continúa el endeudamiento público interno y externo; igualmente en el sector privado, desde la persona hasta la empresa; el gasto tiene primacía sobre el ahorro; el juego de azar a pesar de los estudios que se publican sobre la insignificancia de las probabilidades de acertar, la gente sigue apostando y el negocio de las loterías y bancas se incrementa,  sobre todo, porque este mal habito social cuenta con el apoyo político porque al Gobierno le interesa más los impuestos a cobrar que el desarrollo de la Nación; con el alza el alza de los combustibles se creó una inflación galopante, pero con el descenso todo sigue igual o peor para los consumidores.
    En el orden político, los dirigentes hablan de democracia pero irrespetan su esencia que es la libertad Más aún, practican una cultura de la opresión en su doble dimensión de idolatría y egolatría, adulando a quienes consideran más poderosos, y avasallando a los que les parecen más débiles. Peor aún, pisotean los cimientos de la identidad nacional, basada en los valores de la libertad, la verdad, la independencia, la soberanía, el humanismo cristiano. Sin embargo, sectores poderosos siguen promoviendo la reelección presidencial, que, en esencia atenta contra la libertad política, opresora en su naturaleza misma, sobre todo en países subdesarrollado como el nuestro, donde se confunde   la autoridad con el poder y su secuela de corrupción, robos y crímenes.
    En el orden social, nos parece que la imagen más representativa del desorden o   anarquía en que estamos sumidos es el tránsito vehicular que se traduce en accidentes y muertes a destiempo con su consecuencia de orfandad, viudez, depresión, etc. Otros males que contaminan la sociedad son violencia, armamentismo, narcotráfico, lavado, corrupción, impunidad, robo, compra de artículos robados, comercialización de productos dañados, alterados,  vencidos o genéticamente manipulados, en definitiva, dañinos; aborto, homosexualidad.  En el 2014, el aborto y la homosexualidad fueron dos figuras relevantes que, a nuestro juicio,  ameritan un análisis de mayor profundidad que los hechos hasta ahora.
    A nuestro entender, los defensores del aborto la homosexualidad, en su diversidad de formas, algunos por ingenuidad, otros por intereses particulares, o por razones ideológicas o biológicas, probablemente han hecho abstracción de que en la mayoría de los casos son víctimas de agentes  neomalthusianos que procuran impedir el crecimiento poblacional.  Estos mismos agentes promueven la violencia el sexo cibernético, las uniones libres: se promueve “mi pareja” en reemplazo de “nuestro matrimonio” como expresión de un hogar sólidamente constituido. Todo esto va encaminado a destruir la comunidad familiar para así masificar la sociedad para poderla manipular en función de monopolios transnacionales con alianzas estratégicas entre los poderes financiero y político.  No nos cabe duda de lo que hemos afirmado antes: estamos dominados por una dictadura económica con respaldo político.     
    SIGNOS DE ESPERANZA
    En medio del proceso histórico de la Era Cristiana, que celebramos, en el encuentro de las primas Isabel y María, y los primos Juan y Jesús aún en el vientre de sus madres, cabe esta pregunta: ¿que hubiera sido de la libertad de que hoy goza la humanidad si estas madres hubieran abortado las criaturas de sus vientres? Y para quienes hablan de determinados tipos de aborto, no olvidemos la sabiduría popular: “les ofrecen el ala y se toman la pechuga”.
    Los hechos históricos sirven para rectificar errores y ratificar aciertos. Del encuentro de estas  buenas mujeres surgieron esas palabras de esperanza pronunciadas por María para alabar a Dios por su grandeza y amor a la humanidad, según nos enseña el capítulo 1 del Evangelio según San Lucas.
    Son muchos los que expresan la necesidad de un cambio de modelo económico, aunque no caigan en la cuenta   de que los hechos humanos están en conexión. Esto quiere decir que los comportamientos económicos,  políticos, sociales y culturales están estrechamente relacionados, como demuestra la Historia.
    EN RESUMEN, estos signos de esperanza se harán realidad,  en la medida en que  cada persona ejerza la función  que le corresponda realizar a partir del valor de  la equidad,  que consiste en la aproximación en el cumplimiento de los  deberes  y el reclamo de los derechos,  como fundamento del principio de   autoridad: que todo funcionario encarne el cargo asumido y dé  primacía al bien común sobre los intereses particulares.
    Para alcanzar estos objetivos, proponemos, el método ver-juzgar-actuar, auxiliado con el procedimiento prospectivo: VER la realidad a partir de la verificación objetiva de los hechos; JUZGAR, a la luz de los valores del humanismo cristiano en que se cimenta la identidad nacional;  ACTUAR, personal y comunitariamente, como agentes libres y liberadores  para cambiar las situaciones de opresión que obstaculizan el desarrollo en función del bien común,  planificando la ejecución de proyectos y programas capaces de alcanzar un futuro más digno.   
    Los comunicadores, a quienes el papa Juan Pablo II definió como “areópagos modernos, dentro de los cuales comenzamos por los padres de familia, los maestros, religiosos ministeriales, hasta concluir con  los periodistas, articulistas y comentaristas,  de todas las ramas,  que participan en cualquier  medio de comunicación, deben y pueden ser constructores de la equidad integral, enraizada en la justicia para cosechar el fruto de la paz.
    Trabajadores  y sindicalistas que orienten el trabajo a partir de la justicia conmutativa señalando la correlación entre del derecho a justa retribución en equidad con el aporte hecho en producto que se equilibre lo recibido con lo aportado.
    Empresarios,  que conciban la gerencia con eficiencia pero también con eficacia: pagar con justicia a sus empleados;  ofrecer  productos de calidad a precio equitativo a sus usuarios; pagar al Estado los impuestos que les corresponde.
    Políticos, que conciban al Estado como rector del bien común y los funcionarios como gerentes al servicio del bienestar colectivo con primacía a los intereses particulares. En las actuales circunstancias el pueblo dominicano requiere de un cambio de modelo político.
    Consumidores,  con sentido de equidad que den prioridad a los bienes producidos en el país y distribuidos por pequeñas y medianas empresas siempre que los ofrezcan en condiciones similares a los extranjeros y las grandes empresas; que nunca compren artículos robados o de dudosa naturaleza; con sentido de austeridad que solo consuman los bienes que satisfagan sus necesidades reales con lo cual eleven su calidad de vida mientras rechacen las carencias ficticia como el juego de azar, el consumismo o cualquier vicio que conduzca a adicción; que elaboren sus presupuesto de manera racional integrando tres componentes: ingresos, gastos, ahorros. ADH 786.

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