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    La Iglesia, los Jesuitas y los DD HH

    No es lo mismo ni es igual | Pablo Mella, Instituto Filosófico Pedro F. Bonó. 
    La Iglesia católica, la Compañía de Jesús y los derechos humanos 
    El 10 de diciembre de 2014, la Red de Centros Sociales de la Compañía de Jesús en la República Dominicana puso en circulación un informe sobre la situación de los derechos humanos en el país. Lleva como título: República Dominicana 2014. La situación de los derechos humanos y la necesidad de protegerlos para todos y todas. El recinto de Santo Domingo de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra sirvió como escenario gracias a la generosidad de sus autoridades. La fecha para el lanzamiento de esta obra se impuso por su simbología. Cada 10 de diciembre se celebra el Día de los Derechos Humanos, proclamado por la Asamblea General de la ONU en 1950. Esta fecha coincide con el aniversario de la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.
    La Declaración Universal de los Derechos Humanos es hoy considerada un documento histórico de vocación universal. Sus 30 artículos formulan los derechos fundamentales civiles, culturales, económicos, políticos y sociales que unen a la humanidad como comunidad internacional. A través de ellos las naciones de todo el mundo siguen buscando ideales y valores compartidos que favorezcan la paz y el bienestar a escala planetaria, más allá de las fronteras que las dividen. El 10 de diciembre rememora, pues, la importancia del respeto a los derechos básicos e inalienables de todas y cada una de las personas como ideal común de todos pueblos del mundo, o sea, como camino para la paz en el mundo.
    1. Primeras reacciones de la Iglesia católica ante el debate de los derechos humanos
    Quizá sorprenda a muchas personas creyentes de hoy el hecho de que la Iglesia católica, (al igual que las Iglesias históricas del protestantismo) cuestionara en un inicio el valor moral de los derechos humanos y hasta se opusiera a ellos. Esta desconfianza eclesial inicial se explica porque la bandera de los derechos humanos se enarboló bajo el impulso de los ideales de la Ilustración (ideales que propugnaban la autonomía de la razón) y como estandarte de la lucha laica por separar la Iglesia del Estado. Sin embargo, pasado el tiempo, la conciencia eclesial evolucionó. Una vez la Iglesia católica aprendió a vivir sin los privilegios excesivos a la que estaba acostumbrada en la cristiandad, pudo reconocer humildemente que detrás de la noción de derechos humanos se encontraban raíces cristianas, así como la gran tradición filosófico-moral por ella defendida, a saber, el derecho natural. Junto a los derechos humanos, la Iglesia acabó reconociendo también los aspectos positivos de la laicidad.
    El número 152 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia resume la posición actual de la Iglesia católica con respecto a los derechos humanos:
    El movimiento hacia la identificación y la proclamación de los derechos del hombre es uno de los esfuerzos más relevantes para responder eficazmente a las exigencias imprescindibles de la dignidad humana. La Iglesia ve en estos derechos la extraordinaria ocasión que nuestro tiempo ofrece para que, mediante su consolidación, la dignidad humana sea reconocida más eficazmente y promovida universalmente como característica impresa por Dios Creador en su criatura. El Magisterio de la Iglesia no ha dejado de evaluar positivamente la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, proclamada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, que Juan Pablo II ha definido « una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad ».
    2. La Compañía de Jesús como parte de la Iglesia
    La Compañía de Jesús ha hecho suya esta evolución moral de la Iglesia católica en el marco de su propia tradición espiritual. En su máxima instancia deliberativa y legislativa, llamada Congregación General, los jesuitas han redefinido su misión actual con estas palabras que actualizan la eclesiología del Concilio Vaticano II:
    La misión de la Compañía en la misión de la Iglesia. La Iglesia, cuya misión compartimos, no existe para ella misma sino para la humanidad, proclamando el amor de Dios y derramando luz sobre el don interior de este amor. Su fin es la realización del Reino de Dios en toda la sociedad humana, no sólo en la vida futura, sino también en la presente. La misión de la Compañía se inscribe en la misión evangelizadora de toda la Iglesia. Esta misión "es una realidad unitaria pero compleja y se desarrolla de diversas maneras": a través de las dimensiones que integran el testimonio de la vida, la proclamación, la conversión, la inculturación, la génesis de iglesias locales, el diálogo, y la promoción de la justicia querida por Dios.
    Dentro de este marco y de acuerdo con nuestro carisma, nuestra tradición y la aprobación y apoyo de los Papas a lo largo de los años, la misión actual de la Compañía es el servicio de la fe y la promoción en la sociedad de "la justicia evangélica que es sin duda como un sacramento del amor y misericordia de Dios". (Congregación General 34a., decr.2, n.3).
    Esta cita forma parte del decreto 2 de la CG34, titulado: “Nuestra misión y la justicia”. Su aprobación fue unánime en dicha asamblea y puede tomarse como un indicio de la participación de los jesuitas en el cambio de la conciencia eclesial respecto de la promoción de los derechos humanos. Puede decirse que la inmensa mayoría de los jesuitas han integrado la dimensión social en su identidad como compañeros de Jesús, así como en el desarrollo de su misión a través de la enseñanza formal, de la formación permanente, de la comunicación social, de la pastoral parroquial y de los ejercicios espirituales. Hoy en día la preocupación por la justicia forma parte esencial de la imagen pública de la Compañía de Jesús en la Iglesia y en la sociedad, gracias sobre todo a aquellos trabajos que buscan señalarse por el amor a los pobres y marginados en luchas contra estructuras sociales excluyentes. Es en este amor preferencial donde encuentra su tierra nutricia el compromiso por la defensa de los derechos humanos de las obras jesuitas y donde también la encuentra su novedosa solicitud por los temas migratorios y ecológicos.
    Del principio integrador de fe y justicia, corazón de su misión actual, brota pues directamente el apostolado social de la Compañía de Jesús. Las “Normas Complementarias”, que actualizan las Constituciones de San Ignacio de Loyola bajo dicho principio, señalan lo siguiente respecto del apostolado social: "El apostolado social, como cualquier forma de nuestro apostolado, fluye de la misión; en la programación de nuestra actividad apostólica y en el cumplimiento de la misión de la Compañía hoy, debe ocupar un lugar preferente el apostolado social, tendente a que las estructuras de la convivencia humana se impregnen y sean expresión más plena de la justicia y de la caridad."
    Dicho en una frase, el compromiso social de los jesuitas, como el de la Iglesia, nace del mandamiento del amor. Aquí cabe recordar la reflexión de Benedicto XVI en su encíclica Caritas in veritate: “la caridad exige la justicia, el reconocimiento y el respeto de los legítimos derechos de las personas y los pueblos. Se ocupa de la construcción de la «ciudad del hombre» según el derecho y la justicia. Por otro, la caridad supera la justicia y la completa siguiendo la lógica de la entrega y el perdón. La «ciudad del hombre» no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo” (CV, n. 6).
    En la línea del principio espiritual ignaciano de que se debe “buscar y hallar a Dios en todas las cosas”, el apostolado social de la Compañía de Jesús toma múltiples formas: investigación y divulgación de temas sociales, promoción del cambio y del desarrollo humano, y acción social directa con y por los pobres. No debe extrañar, pues, encontrar a los jesuitas en diversos campos de lo social. En ese sentido, el P. Peter Hans Kolvenbach, anterior superior general de los jesuitas, explicó que el apostolado social de la Compañía de Jesús presenta en nuestros días algunos elementos notables y distintivos. Este apostolado afronta con entrega, energía y creatividad desafíos muy diversos en variadas situaciones y en insospechados rincones del mundo.
    Hoy se insiste en que el jesuita está llamado a vivir en las fronteras de los conflictos sociales, respondiendo a un llamado que hiciera Benedicto XVI a la Congregación General 35. En los últimos años, como para confirmar la misión que une promoción de la fe y lucha por la justicia, Dios ha otorgado a la Compañía la misteriosa dádiva del martirio. Limitándonos a América Latina, cabe recordar el aporte que hicieron varios jesuitas durante las dictaduras del Cono Sur arriesgando sus vidas; y, especialmente en América Central, los esfuerzos de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” del Salvador, que implicó el martirio de Ignacio Ellacuría, de sus compañeros jesuitas y de la señora que servía en la casa junto a su hija; este hecho doloroso ocurrió el 16 de noviembre de 1989, hace 25 años.
    3. Aprender a colaborar de manera dialógica con otros actores sociales
    Consonante con esta espiritualidad que busca a Dios en situaciones límite del mundo contemporáneo, los jesuitas comparten su misión con otras personas, sin que estas necesariamente sean católicas o creyentes. En colaboración y diálogo pluralista, las obras jesuitas se esfuerzan por traer a la sociedad una mayor justicia y caridad en muy diversos proyectos y movimientos sociales. En estos espacios se escucha la voz de personas que tienen críticas serias a las ambigüedades de la Iglesia en materia de derechos humanos. Pero dado su espíritu de inserción en el mundo, el apostolado social de la Compañía de Jesús sigue mostrando su capacidad para atraer colaboradores valiosos y generosos de diversos ámbitos de la sociedad aun cuando estos sectores conocen la identidad católica del apostolado social jesuita.
    Desde el punto de vista eclesial, esta capacidad de diálogo en la lucha por los derechos humanos puede tenerse como una concreción de lo dictaminado por el Concilio Vaticano II: “La Iglesia, en virtud de la misión que tiene de iluminar a todo el orbe con el mensaje evangélico y de reunir en un solo Espíritu a todos los hombres de cualquier nación, raza o cultura, se convierte en señal de la fraternidad que permite y consolida el diálogo sincero” (…) “Todos estamos llamados a ser hermanos” (…) “en consecuencia, con esta común vocación humana y divina, podemos y debemos cooperar, sin violencias, sin engaños, en verdadera paz, a la edificación del mundo” (Gaudium et Spes, n. 92). ADH 786

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