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    Donde hay religiosos hay alegría

    Rincón de la Palabra | Ángela Cabrera, Misionera Dominica: ¡Donde hay religiosos/as hay alegría!
    (Papa Francisco)
     
    La frase que encabeza esta reflexión sintetiza la particularidad que busca nuestro Papa al convocar un año en torno de la Vida Consagrada: ¡alegría! ¿De qué alegría se trata? El libro del Cantar de los Cantares dinamiza el horizonte al afirmar: Encontré al amor de mi alma: lo abracé y no lo dejaré jamás (Cant 3,4).
    Cualquiera diría que el Papa Francisco no tiene problemas ¿Será? Sucede que la sonrisa dibujada en su rostro comunica la satisfacción de quien ha encontrado el amor de su alma. Cuando nos invita a vivir tal regocijo está convencido de su petición y nos señala el camino, la alegría está en el Evangelio:
    Al abrir estas páginas contemplamos el coloquio entre el ángel y María fundamentándonos la felicidad: ¡alégrate llena de gracia, el Señor está contigo! Participamos de la emoción del hombre que, al caminar en un campo, encontró un tesoro, lo escondió, vendió todo y luego lo compró. Caminamos con el mercader que no dudó en hacer un buen negocio al encontrar una perla de gran valor (Mt 13, 44-46). Celebramos con la mujer que, al perder una moneda, barre cuidadosamente la casa hasta encontrarla, convocando a sus vecinas para festejar (Lc 15,8-10)... Jesús invita abiertamente a vivir esta felicidad mediante el camino de la pobreza, el consuelo, la compasión, la paciencia, el hambre y la sed de justicia en el trabajo por el Reino (Mt 5,3-11).
    Este es el año de gracia, invitados a sacudirnos de las tontas distracciones, los falsos tesoros, las superficiales preocupaciones, los apegos seductores que restan fuerzas para abrazar al Espíritu, motor de alegría que renueva la fe y la Iglesia. Solo así, como señala Francisco citando Vita Consecrata, n.110: no solamente tendremos una gloriosa historia para recordar y contar, sino una gran historia que construir.
    En la Carta Apostólica el Papa nos pregunta: “Jesús ¿es el primero y único amor, como nos hemos propuesto cuando profesamos nuestros votos?” Una sencilla cuestión moviliza nuestro suelo. No, padre, reconocemos que hemos privatizado nuestra bondad y ternura, las que merecen ser desempolvadas. Se nos han distraído los ojos con anémicos amores que, como parásitos nos enflaquecen dejándonos totalmente vacíos. Pero, en la misericordia de Dios, también reconocemos la Verdad en lo íntimo de nuestro ser. En nuestro fondo nos identificamos con la cierva que corre hacia la fuente, porque nuestra alma está sedienta del Dios vivo (Sal 42). Nos encanta cuando sueles decir: “pidamos a María que nos lleve de la mano hasta su Hijo”. El secreto está en el encuentro, no podemos hablar ni promover las cosas de Dios sin antes haber hablado y conocido las cosas de Dios. ADH 788.

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