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    Hospital, espacio de evangelización

    Pastoral de la Salud | Mons. Valentín Reynoso (Plinio), msc


    El Hospital, espacio privilegiado de Evangelización

    Volvamos a nuestra reflexión sobre el hospital como lugar de nueva evangelización.
    Hoy día ha crecido la conciencia de que en la nueva evangelización lo que debe ocupar el primer puesto es la persona de Jesucristo, primer evangelizador del Padre. En este sentido, Pablo VI escribía:
    En cada tiempo y lugar la evangelización siempre tiene como punto central y terminal a Jesucristo, el Hijo de Dios (Cf. Mc 1,1); el Crucificado es por excelencia el signo que distingue a quien anuncia el Evangelio: “La nueva evangelización está orientada principalmente a las personas que, aún siendo bautizadas, se han alejado de la Iglesia, y viven sin tener como referencia la práctica cristiana… para favorecer en estas personas un nuevo encuentro con el Señor, el único que llena de significado profundo y de paz nuestra existencia”.

    §  La Capilla del Hospital
    La Capilla del Hospital, Centros Médicos y Clínicas, entre los cristianos debe ser un lugar especial para los enfermos de los hospitales y de los centros de salud, para que los enfermos y el personal de salud encuentren un espacio para la oración y el encuentro con Dios. Por eso cuando se construyen los hospitales y Centros Médicos se recomienda que nunca falten estos espacios de apoyo, de consolación y de oración. La Capilla del Hospital o Clínica debe ser un lugar privilegiado para el encuentro con el Señor y la mejor señal de que se profesa la fe en Cristo, médico del alma y del cuerpo.
    §  El enfermo, protagonista de la Nueva Evangelización
    La nueva evangelización implica no sólo a los que están llamados a ser   evangelizadores a favor de las personas que sufren, sino, ante todo, hace que los enfermos sean los protagonistas de la nueva evangelización. La nueva evangelización ha de ser: “nueva en su ardor, nueva en el método y en el empeño, porque en la asistencia a los enfermos han cambiado y están cambiando muchas cosas. Los cuidados de la salud deberían ser disponibles como derecho básico para todos sin excepción alguna” (San Juan Pablo II).
    §  Enfermedad y miedo a la muerte
    -          El hospital permite realizar una primera experiencia fundamental: el temor por la pérdida de la salud, un bien que cada uno considera esencial. No es extraño en estos lugares – en los familiares- la experiencia del límite y de la impotencia que trae consigo una forma de incredulidad, que no puede aceptar que la ciencia y la técnica no tengan límites. Sin embargo, la enfermedad es una verdadera clave para encaminar la mente que vaga en busca del pensamiento mejor, cuando no está ahondada en el pesimismo más oscuro.
    -          La experiencia de la enfermedad obliga a fijar la mirada en lo esencial, ya que con frecuencia está eclipsada por lo efímero. En ese proceso es importante que a nadie se le deje solo, aquí es necesario el compromiso de la nueva evangelización, para que forme la conciencia de una acción pastoral animada por el entusiasmo que sabe dar la compañía necesaria de la fe. Por su misma condición el enfermo personifica una solicitud de ayuda, de cercanía, de sentido y asistencia. 
    -          El hospital se humaniza cuando se vuelve un lugar donde se experimenta la comunicación que supera la soledad, la acogida que aplasta el interés y la disponibilidad al servicio que aniquila el encerramiento en sí mismo. La comunicación nos abre al diálogo y a la escucha del otro en actitud de acogida, de cercanía, de confianza y de familiaridad.
    §  El hospital es también la iglesia del enfermo
    Retomando las palabras de Jesús a la samaritana: “Ni en este monte, ni en Jerusalén adorarán al Padre… los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4,21-22). El hospital es uno de estos lugares donde se adora al Padre en espíritu y en verdad.

    -          Celebrar el misterio de la enfermedad y de la salvación, de la debilidad del cuerpo y de la fuerza del amor hace que el hospital sea por sí mismo un lugar sagrado en el que domina el silencio y donde la oración personal e íntima invade en las palabras de la ciencia.
    -          Con la visita del sacerdote o del ministro, el enfermo recibe la visita de Cristo en la Eucaristía que le hace sentir el verdadero recorrido de la fe; no una conquista del hombre que va en búsqueda de Dios, sino de Dios que sale a su encuentro allí donde el enfermo vive, sufre, goza o espera  y siente necesidad de Dios en lo más profundo de su ser.
    -          En hospital recibe mayor significado la celebración del sacramento de la reconciliación como espacio real en que, en la debilidad del propio ser corporal, se quiere sentir la voz de la misericordia de Dios que perdona todo y que infunde el valor para mirar hacia adelante con una mirada serena, llena de paz y esperanza.
    -          También la Unción de los enfermos tiene su espacio privilegiado durante el internamiento, porque nos pone delante del valor de los signos sacramentales que son eficaces por la presencia de la gracia donada y de la fe que ve en ellos la respuesta necesaria.
    -          La Unción nos recuerda que hemos sido bautizados y confirmados en la fe y que nuestro cuerpo humano no es extraño al del Hijo de Dios que transformará nuestro cuerpo frágil en un cuerpo glorioso como el suyo.
    -          La fe nos ayuda a superar los inevitables temores que cada uno lleva consigo,  fortalece la debilidad humana que no puede ser quitada, porque todos estamos envueltos en ella desde la creación, pero será transformada en la luz pascual del misterio de la resurrección.  
    §  El hospital, una misión humana y espiritual
    El hospital como lugar de evangelización implica una misión humana y espiritual. Este fue el tema de la XXVII Conferencia Internacional que organiza el Pontificio Consejo para los Operadores Sanitarios y que se desarrolló del 15-17 de noviembre 2012 en el Aula Nueva del Sínodo, en la Ciudd del Vaticano.
    Al presentar el programa, de aquella gran jornada, el arzobispo Zigmund Zimowski destacó que la Iglesia, siguiendo el mandato de Jesús: "Vayan, proclamen el evangelio y curen a los enfermos", lo hizo desde su fundación. Basta pensar que en la actualidad hay más de 120.000 centros de salud católicos activos en todo el mundo, desde dispensarios en las más remotas áreas del planeta, hasta los grandes hospitales metropolitanos y universitarios, como se indica en el Anuario Estadístico de la Iglesia.
    Esta es una imponente red de caridad que está al servicio del amor y de la salud, porque como subrayó el santo padre Benedicto XVI en su carta encíclica Deus Caritas Est, "El amor siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa; no hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor”.
    Los trabajadores de la salud que se inspiran en la fe y la moral cristiana tienen que ser promotores y pioneros de una formación ética”, la cual “no puede delegar al moralista o al experto de problemas que en cambio lo llaman directamente en causa”.

    En la Arquidiócesis de Santo Domingo son más de cien los centros médicos, consultorios, farmacias y dispensarios que funcionan bajo la guía y el apoyo del Cardenal López Rodríguez, con la ayuda del Estado y otras instituciones. En las once diócesis, con sus obispos a la cabeza se están impulsando los servicios de la Pastoral de la Salud con responsabilidad, entusiasmo y ardor apostólico y están demostrando que “el ejercicio de la caridad es lo que hace creíble a la Iglesia”.  

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