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    No moriste sólo partiste

    En Familia | Mariely Maxwell
    No moriste sólo partiste



    Hay personas que mueren en vida porque no tienen aspiraciones, sueños, esperanzas o deseos de vivir. Yo quiero compartirles una historia llena de aspiraciones, sueños, esperanzas y deseos de vivir. En esta navidad deseo llevar un mensaje de un milagro diferente. Un milagro de amor en medio del dolor.
    Cuando Jesús nació María sabía que algo diferente se aproximaba. Seguro creía al igual que todos los judíos que el mesías llegaría a llenar de gloria y libertad a su pueblo. Que su reinado se asemejaría al del Rey David y el Rey Salomón. Sin embargo, vivió la angustia de ver a su hijo menospreciado por los poderosos del pueblo judío hasta ser llevado a una muerte en cruz. El milagro de Jesús fue mantener viva sus aspiraciones de liberar a su pueblo de la verdadera esclavitud, la esclavitud espiritual. Mantener vivo el sueño de ser aceptado por el corazón de los humildes de corazón. Tener la esperanza de que su mensaje trascendería las fronteras del mundo conocido por los judíos.
    Mientras creció e inició su ministerio mantuvo el amor y el deseo de vivir. Conociendo que padecería la muerte en cruz para cumplir con la misión que le había sido encomendada, llevar la libertad a los cautivos, sanar a los enfermos y enseñar sobre el amor de Dios.
    Cuando pensamos en todo lo que Jesús logró podemos entender que sólo fue posible porque era el hijo de Dios. Olvidamos que él nos dijo “cosas más grandes que las que yo hago podrán ustedes hacerlas” si tan sólo tenemos fe seremos capaces de realizar grandes cosas.
    Puedo decirles que conocí una persona que me enseñó que se puede vivir a pesar de morir. Conocí a alguien que fue capaz de luchar para vivir durante 8 años cuando todos los diagnósticos le daban sólo seis meses de vida. Una persona que me enseñó a valorar la vida a plenitud. Podría escribir otro libro inspirada por ella, sin embargo en esta ocasión sólo quiero presentarles algunos valores que entiendo la hacen seguir viva a pesar de su partida.
    1.- Desear vivir a pesar de todo pronóstico. No importa lo difícil que sea la enfermedad que padezcas, siempre será menos grave si le restas importancia.
    2.- Siempre planifica lo que deseas hacer y exprésalo. Muchas veces tenemos miedo de querer soñar. Los sueños son metas con alas y no debemos temer a volar. Sí debemos ocuparnos en aprender cómo alcanzar esas metas.
    3.- Mantener las esperanzas de hacer realidad lo que pensamos.
    4.- Reír a pesar de que el corazón llore. No es ser hipócrita, cuando sonreímos y buscamos pensamientos que nos permiten olvidar la pena logramos tener momentos de alegría.
    5.- Huir de la autocompasión. Sentir pena por ti mismo no te ayudará. Cuando restas importancia a tu situación te das cuenta de que puedes realizar cosas mayores de lo que pensabas. El refrán, “lo que no te mata te hace más fuerte” se vuelve más real.
    6.- No querer ser mártir (aún cuando te martiricen).
    Mi hermana vivió toda su vida a un ritmo sumamente acelerado. Todo lo que su mente era capaz de concebir ella ponía todos sus músculos en acción para alcanzar sus objetivos. Recuerdo cuando fue diagnosticada y me dijo que ella no moriría de cáncer. Al final, murió por una anemia causada por la quimioterapia. Murió luchando, en el ring, como ella quería. Pero su mayor deseo era vivir, y un año después de su partida entiendo que no murió porque nos dejó todos sus sueños compartidos, las metas que tenía para cada persona. Ella con sus talentos supo cómo administrarlos y ponerlos a producir. Eso es lo que todos debemos aprender a hacer. Producir el doble de lo que se nos ha dado.
    En conclusión, esta navidad tratemos de ser agradecidos desde la vida que nos ha tocado vivir, agradecer lo bello que tenemos cada día y aprender de las cosas menos agradables que llegan sin ser llamadas. Pero lo más importante es aprender a amar y a dejarnos amar por los demás. Recordar que los muros sólo nos alejan, que al construir puentes buscamos estar cerca de personas que pueden necesitar el aliento de esperanza que podemos darle.
    Un cuento feliz de navidad es aquel que nos permite ver a Jesús en el niño descalzo que toca la puerta para limpiar zapatos. No permitamos que el temor al rechazo, la burla o el rencor nos haga permanecer apartados, busquemos la manejar de estar cerca y dejarnos abrazar por la paz que sobrepasa todo entendimiento. La paz que sólo Cristo es capaz de dar.
    ¡Felicidades en estas Navidades! ADH 818

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