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    Que no sea igual que el año pasado…

    Vocacionales | Osiris Núñez, MSC


    Que no sea igual que el año pasado… 
    Para iniciar este nuevo año 2018, he vuelto atrás y quiero compartirles un artículo compartido hace varios años, pero que ante las situaciones que cada día se dan, principalmente en muchos hogares, donde se generan muertes y sufrimientos, se hace necesario volver a tenerlo en cuenta.
    No hay semana que transcurra sin que leamos, escuchemos o nos enteremos de alguna tragedia en algún hogar dominicano. Parece que este tipo de noticia lamentablemente se ha hecho parte de nuestra cotidianidad. Es alarmante como en estos últimos meses se ha incrementado la violencia intrafamiliar, los feminicidios e infanticidios por los propios padres. Esta realidad debe de llevarnos a reflexionar, a cuestionarnos y preguntarnos ¿Qué está pasando? ¿Cuáles son las causas?
    Algunas causas generales que podemos enumerar pueden ser: la cultura machista, la creciente y caótica desintegración familiar, el analfabetismo real, la inmovilidad social, el desempleo y se puede agregar el abandono estatal de las comunidades y barrios más necesitados y también las variantes psicopatológicas que se dan. En una sociedad con estas deficiencias, la lucha por sobrevivir se torna salvaje, pues los peores instintos ocupan la línea de defensa, el sometimiento irracional de la hembra por el macho. El hombre sin el cultivo de valores superiores, y cuando el entorno le niega el sustento y la autoestima, recurre al sexo y a la agresividad extrema con lo cual intenta preservar su identidad y dar salidas a las tantas frustraciones. Mientras haya más ignorancia, pobreza, abandono y degradación social (que son las características de nuestra sociedad) mayor será la probabilidad de violencia intrafamiliar.
    Ante tantas limitaciones, que se reflejan en las causas de este problema, debemos de responder o tratar de buscar solución con las palabras de San Pablo a los Efesios, 5,23-6,4: “Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella” “Así deben también los maridos amar a sus esposas como aman a sus cuerpos: amar a las esposas es amarse a sí mismo” “y la mujer a su vez, respete a su marido” “Hijos obedezcan a sus padres, pues esto es un deber: honra a tu padre y a tu madre. Es además el primer mandamiento que va acompañado de una promesa: para que seas feliz y goce de larga vida en la tierra. Y ustedes, padres, no sean pesados con sus hijos, sino más bien, edúquenlos usando las correcciones y advertencias que pueda inspirar el Señor”.
    De estas palabras de San Pablo, podemos sacar dos conclusiones: Primero, al decidir formar, convivir y compartir la vida con otra persona, se debe de tener claro que es una decisión que se hace por amor y para el amor, para consagrarse a la otra persona y entregarse por completo a él o ella; para brindarle apoyo, respeto, y para que a través de la vivencia del amor mutuo, haya un encuentro con Dios, que es el Amor Supremo; y que este amor de frutos para sí mismo y para la sociedad.
    Y segundo, los frutos de este amor son los hijos, quizás hoy no se tenga esa conciencia, pero el procrear se hace por amor; los hijos son el fruto del amor vivido y consumado, son el más hermoso regalo que un matrimonio puede desear y a la vez, son un compromiso, una responsabilidad que debe ser asumida, pues deben ser criados, educados, y sobretodo enseñarles y ayudarles a desenvolverse en el mundo. La familia que tiene como fundamento el amor, va a vivir en la cercanía con Dios, en armonía con la sociedad. Pero en la familia que falta el amor, en la que este no se tenga como fundamento, entonces reinará el caos, y es muy posible que se den este tipo de situaciones violentas y lamentables que últimamente han azotado nuestra sociedad. Solo una persona en la que en su corazón no exista el amor, es capaz de levantar su mano contra su pareja y contra sus hijos.
    Que este nuevo año que estamos iniciando, sea un año de superación de estas situaciones de pecado que generan tantas muertes y tanto dolor en nuestra sociedad. ADH 820

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