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    Gentrificación a la caribeña

    No es lo mismo ni es igual | Pablo Mella / Instituto Superior Bonó 


    Gentrificación a la caribeña  

    En los estudios urbanos, se conoce como gentrificación el proceso de renovación de vecindarios urbanos céntricos que, con el paso del tiempo, perdieron su valor comercial. El proceso de renovación se debe a que personas con más recursos económicos se comienzan a interesar en esas zonas céntricas e invierten para progresivamente convertir ese espacio en su lugar de residencia.
    En los últimos años, la economía dominicana ha experimentado un crecimiento importante. Como consecuencia, también entre nosotros se están dando procesos de gentrificación. Se puede esperar que, como ha sucedido en otros lugares, aparezcan problemas sociales que deberán de ser adecuadamente enfrentados.

    Problemas sociales de la gentrificación
    La gentrificación se ha convertido en uno de los temas más controversiales en la planificación urbana. Si se llevara con sentido de lo colectivo y de justicia social distributiva, la gentrificación podría servir para beneficiar económicamente a las personas que ya habitan las zonas céntricas empobrecidas de las ciudades. Pero si se deja al capital de bienes raíces actuar sin control, sucede que los pequeños negocios y las viviendas sencillas allí radicados se verán expulsados tarde o temprano, perdiendo el que ha sido su hábitat natural durante décadas.
    La razón de la expulsión por gentrificación es la siguiente. Como los precios inmobiliarios y de los servicios se disparan, los pequeños comerciantes y las familias pobres acabarán aceptando una suma de dinero por sus propiedades y buscarán zonas más económicas para residir o realizar sus actividades productivas. Y es esto lo que normalmente ha sucedido en las grandes ciudades del mundo.
    En muchos casos, el proceso de expulsión de residentes y pequeños comerciantes ha venido solapado además con un elemento racial. Quienes habitan las «cuarterías» de las grandes ciudades suelen ser minorías que han sido históricamente marginadas (como los indígenas y afrodescendientes en América) o grupos de reciente migración (como los árabes y los turcos en las grandes ciudades europeas). Así, a los problemas de exclusión socioeconómica, se suma el problema de la desintegración comunitaria.
    De todas maneras, cada proceso de gentrificación es diferente. Por tanto, no hay por qué restringir el significado de esta palabra a sus primeros usos para explicar los cambios de las grandes ciudades de los países ricos. Toda palabra evoluciona con el tiempo.  En este sentido, podemos hablar de una «gentrificación a la caribeña». Aquí nos interesa, por supuesto, el proceso de gentrificación que se lleva a cabo en República Dominicana.

    La gentrificación dominicana a la caribeña
    Distanciándose de su uso técnico actual, puede decirse que la gentrificación dominicana tiene dos versiones: gentrificación capitaleña y gentrificación comunera. Ambas están asociadas a la transformación de la economía dominicana hacia los servicios, sobre todo a las inversiones turísticas. La primera, como su adjetivo indica, se refiere a lo que está sucediendo en el centro histórico de la ciudad de Santo Domingo. La otra hace referencia a lo que está sucediendo en comunidades con terrenos que antiguamente eran de uso comunero y que ahora resultan valiosos para el turismo global. En este artículo solo nos ocupamos de señalar un desafío de la primera.
    Santo Domingo –o como solemos decir los dominicanos, La Capital– ha crecido enormemente en las últimas décadas, respondiendo a modelos incipientes de industrialización. De ese proceso surgió, por ejemplo, la Zona Industrial de Herrera. Respondiendo a los dinamismos de incipiente industrialización, el centro de La Capital se desplazó hacia lo que hoy se denomina el Polígono Central, que tiene como barrios emblemáticos a Piantini y a Naco.
    Sin embargo, con los llamados procesos de globalización neoliberal, la economía dominicana dio otro giro hacia los años 90 para convertirse en una economía de servicios, teniendo como ejes las zonas francas y el turismo. Cada vez más, por la especificidad que tiene el Caribe con respecto al resto del mundo, el turismo se afirma como el principal nicho de riqueza del país. Es natural que los grandes capitales fluyan hacia ese sector.
    En Santo Domingo, el giro de las inversiones hacia el turismo se está viendo en la Zona Colonial. En los últimos años, hemos visto la transformación de las calles más emblemáticas del centro histórico en espacios para los grupos de turistas. Estas inversiones cuentan con fondos internacionales y con el respaldo del gobierno. El grupo de empresas de la familia más rica del país, los Vicini, es el principal inversionista. No solo ha ido comprando muchas casas para convertirlas en los llamados «hoteles boutiques», caros y exclusivos, sino que controlan los cruceros que atracan en el río Ozama. Del otro lado del río, esperan el momento propicio para comenzar a desarrollar un gigantesco proyecto inmobiliario impulsado por su empresa «Grupo Inversiones Turísticas Sans Souci». Se trata, como su nombre claramente indica, de un proyecto que mira hacia el turismo, no hacia la construcción del tejido urbano.
    Se ha anunciado que este proyecto tendrá tres fases. Una primera, ya completada en 2009, es la portuaria. Se trataba de adaptar los antiguos muelles del Ozama para recibir los cruceros y de construir uno nuevo del lado oriental del río, conocido como Puerto Turístico Sans Souci. La segunda es la inmobiliaria. Se anunció y se desarrolla como de uso mixto. Se trata de ofrecer más espacios turísticos en la Zona Colonial; pero también de garantizar residencias y algunos negocios; y del otro lado de la desembocadura del río, en Villa Duarte, se construirán edificios de lujo en los que vivirían extranjeros o dominicanos de mucha solvencia. Se planea además desviar la avenida España y hacer de la zona un espacio abierto de la ciudad con un inmenso parque. Habrá que luchar para que este espacio no conozca los brazos de madera y guardianes que vemos en otros espacios de la ciudad o en espacios exclusivos y privatizados del país, como Casa de Campo.
    La tercera es el desarrollo de puertos deportivos o marinas. Esta tercera etapa, ya inminente, es la que podría preocupar más. Podría implicar que los barrios que siguen a la Zona Colonial por el río, la Ciénaga y Los Guandules, se conviertan en la nueva zona  de gentrificación. Por esta razón es que resulta especialmente delicado el proceso de renovación del Nuevo Domingo Savio.
    Si bien el proyecto del Nuevo Domingo Savio responde a la sensibilidad social del gobierno, corre el riesgo de preparar el terreno para ampliar la zona de gentrificación de la ciudad. Por eso, el gobierno, además de llevar a cabo el proyecto diseñado por la empresa del arquitecto argentino Jorge Jáuregui, debe pensar en otros aspectos no arquitectónicos. En realidad, conectar el barrio a la ciudad no es solo abrir calles y una avenida fluvial. Es también dar propiedad de los terrenos y garantizar la conexión socio-económica de la comunidad que allí habita, tomando en cuenta el tipo de actividad económica y social que desarrolla.
    Una vez más, la ciudad se convierte, como en los tiempos de desalojo balaguerista, en un terreno para luchar por la inclusión social y los derechos fundamentales de las mayorías dominicanas más pobres, también marcadas por estigmas raciales. ADH 821

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