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    Fortalecidos Por la Palabra

    Valor del Mes | P. Juan Tomás García, MSC 



    Fortalecidos Por la Palabra  
    ¿“No ardían nuestros corazones cuando nos explicaba las Escrituras”? Lc 24,32

    Septiembre es el mes de la Biblia, así se ha querido determinar para poner de relieve su importancia en la Iglesia y en la sociedad. Se le dedica un mes para aprovechar y realizar actividades encaminadas a su conocimiento y valoración. Coincidiendo con el mes de la Biblia, el Plan Nacional de Pastoral quiere resaltar La Palabra de Dios como algo sumamente valioso a asumir con alegría, para vivir la fe desde la memoria histórica reflejada en la Biblia. Al igual que los discípulos de Emaús, vamos andando y desandando la vida llenos de proyectos y esperanza, pero no siempre sentimos que avanzamos por el buen camino. Las grandes y pequeñas frustraciones pueden desanimarnos y sentir la tentación de retroceder, abandonando nuestras metas y poniendo en dudas nuestras utopías y aspiraciones.

    La Iglesia particular que peregrina en República Dominicana, y la Iglesia Católica en general ha sufrido diversos escándalos en las últimas décadas, que pueden haber desanimado a muchos de sus miembros, de los cuales, millones han pasado a otras iglesias y expresiones religiosas. Durante estos años, muchas personas han ido perdiendo su confianza en Jesús. Poco a poco, se les ha convertido en un personaje extraño e irreconocible. Todo lo que saben de él es lo que pueden reconstruir, de manera parcial y fragmentaria, a partir de lo que han escuchado a predicadores, animadores y catequistas. Sin duda, la intervención de los variados agentes de la pastoral cumple una tarea insustituible en la marcha de las comunidades, pero resulta claramente insuficiente para que las personas de hoy puedan encontrarse con Jesús, entrar en contacto directo y vivo con el Evangelio. Como nos recuerda insistentemente el Papa Francisco, hay que volver a las raíces, volver a las fuentes, volver al Evangelio, volver a Jesús.

    La experiencia vivida por los discípulos de Emaús puede ayudarnos a los seguidores de Jesús de hoy a enfrentar las debilidades de que padecemos. Jesús se acerca cuando los discípulos lo recuerdan y hablan de él. Se hace presente allí donde se comenta su evangelio, donde hay interés por su mensaje, donde se conversa sobre su estilo de vida y su proyecto. Por eso es importante hacer presente a Jesús en nuestras comunidades, en nuestras prácticas religiosas. Hagamos presente a Jesús en nuestras conversaciones, dejemos que Jesús sea parte de nuestra peregrinación por este mundo. Conversando con él, iremos descubriendo nuestras cegueras. Se nos abrirán los ojos cuando, guiados por su palabra, hagamos un recorrido interior. Los cristianos hemos de recordar más a Jesús: citar sus palabras, comentar su estilo de vida, ahondar en su proyecto. Hemos de abrir más los ojos de nuestra fe y descubrirlo lleno de vida en nuestras eucaristías. Nadie ha de estar más presente. Jesús camina junto a nosotros. También nosotros podremos decir, “¿No estaba ardiendo nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?”.

    Lo que despierta el interés de aquellos caminantes son las palabras de Jesús recordándoles los contenidos y promesas de la Sagrada Escritura. Llega un momento en que necesitan su compañía. No quieren dejarlo marchar: “Quédate con nosotros”. Durante la cena, se les abrirán los ojos y lo reconocerán. Este es el primer mensaje de esta experiencia: cuando acogemos a Jesús como compañero de camino, sus palabras pueden despertar en nosotros la esperanza perdida. Acoger la fuerza del Evangelio nos renovará por dentro y por fuera en el seguimiento de Jesús. Fundamentar nuestros planes pastorales, nuestras acciones comunitarias y nuestras misiones eclesiales en la Palabra de Dios, garantiza la permanencia en la lucha por llevar a término nuestras metas y objetivos inmediatos.

    Lo que nos fortalece personal y comunitariamente para avanzar en la ruta del Reino de Dios y su justicia, es la Palabra de Dios. “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Fuera de la vida litúrgica eclesial y comunitaria, tenemos la urgencia de crear y animar diferentes grupos y comunidades que lean, estudien, discutan y compartan los Evangelios en los que se nos comunica la vida y obra de Jesús. Reunirnos, los laicos, consagrados y consagradas, hombres y mujeres de nuestras comunidades para escuchar juntos a Jesús hablándonos en los evangelios, y poder discernir, a partir de La Palabra, nuestra misión en la realidad de hoy. Es tiempo de darle al Evangelio la oportunidad de entrar con toda su fuerza transformadora en contacto directo e inmediato con los problemas, crisis, miedos y esperanzas de la gente de hoy. Recuperemos entre nosotros la frescura original del Evangelio.

    En el Mes de La Biblia, valoremos de manera nueva la Palabra de Dios, citémosla en nuestras conversaciones, utilicémosla al preparar nuestras intervenciones en grupos y comunidades de fe, organicemos cursos, semanas, charlas y conferencias teniendo La Biblia como centro y protagonista de estas actividades. Jesús, en el Evangelio nos hará sentir que nuestro corazón arde al actualizar su mensaje, su actuación y su vida entera; nos hará sentir que, al celebrar la eucaristía, su persona nos alimenta, nos fortalece y nos consuela. Así crecerá en la Iglesia la fe en el Resucitado y renovaremos nuestra esperanza; daremos testimonio de Jesús resucitado, en medio de las dificultades, y, saldremos fortalecidos por La Palabra. ADH 826

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