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    Mons. Fabio Mamerto Rivas

    Ecología Integral | Jovanny Kranwinkel 


    Mons. Fabio Mamerto Rivas  
    Primer Obispo de la Pastoral Ecológica
    Cuando fui elegido Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Ecología y Medio Ambiente de la Conferencia del Episcopado Dominicano en el año 2004, acepté por pedido expreso de S. E. Mons. Favio Mamerto Rivas, primer presidente de la Pastoral Ecológica desde el año 2000.


    Esta comisión fue creada en el mismo año que el Estado Dominicano promulgó la Ley de Medio Ambiente y el Ministerio de Medio Ambiente, mostrando la Iglesia así su aporte a este tema tan importante para la vida en el planeta.
    Le tocó así nueva vez una misión fundante, como lo hizo al aceptar ser el primer obispo de la Diócesis de Barahona, con esta pastoral que los obispos vieron necesaria para la vida de la Iglesia. Le tocaría en ese momento motivar a las diócesis para buscar delegados que con el conocimiento y el compromiso necesarios, fueran desarrollando el trabajo para crear lo que San Juan Pablo II llamó la “conciencia ambiental”.
    Era un reto enorme crear una nueva comisión y aun estando como Obispo emérito que, al salir de la diócesis por motivos de salud, aceptó gustosamente desarrollar esta línea de trabajo pastoral, ya que él era un abanderado del cuidado de la naturaleza.
    Con esmero y motivación logró que muchos nos sumáramos a ese trabajo, enfrentando y acompañando grandes conflictos ambientales en los que concitó además el interés y diálogo con los diversos grupos ambientalistas y las instituciones que acompañaban el tema, buscando soluciones juntos e intentando dar las respuestas desde la Doctrina Católica a esos difíciles procesos.
    Fomentaba mucho el apego a la observación amorosa a la creación de Dios sobre la que nos decía siempre que: “si uno como cristiano, deja de observar la creación, los países, las flores, los ríos, los mares, hasta pierde la fe”. Siempre decía que lo primero que un cristiano nunca podía perder era ver a Dios a través de la naturaleza, que la mejor forma de cuidarla desde la fe, era contemplarla y agradecer al Creador por tan grande regalo.
    Mientras investigábamos con cuáles textos doctrinales podíamos trabajar, fuimos escribiendo mensajes especiales por las fechas ambientales que quedan como colección de la comisión para la vida pastoral dominicana.
    Nos envió a diversos congresos y talleres para que nos fuéramos capacitando en el trabajo pastoral y, con una visión de conjunto con la Iglesia Latinoamericana, poder colaborar en una línea de trabajo que hoy es sumamente importante.
    Su valentía y sencillez fueron virtudes que nos invitaban a imitarle, siempre nos decía: “amor a la Iglesia, amor a la Iglesia”. Resaltaba que él no era “la Iglesia” sino “Iglesia” porque todos la formamos como un cuerpo pero que él solo no lo era.
    Hasta los últimos momentos donde se fue apagando por la frágil salud seguía preocupado por la situación ambiental del país y cómo se podía crear conciencia en la sociedad para que no siguiéramos por ese rumbo equivocado y mientras pudo expresarse así lo hizo.
    Los que trabajamos con él desde los inicios de esta Comisión Nacional guardamos un gran legado y enseñanza de su actuar en pro del bien común. arriesgó su vida por la defensa del Medio Ambiente, no le importó distancia, vejez, estar jubilado ni enfermedad, se trasladaba en carro, en helicóptero, o en lo que fuera, pero llegaba a donde estuviera el problema, fue uno de los mejores amigos de la naturaleza.
    La gran labor realizada sobre todo en su amada diócesis de Barahona, es una muestra de como se ama a la Iglesia entregando la vida. Así lo resaltó el Obispo Titular en la homilía de la misa de cuerpo presente al colocarlo en su tumba dentro de la Catedral. Comparto algunas de las palabras de esa homilía:
    “¡Descanse en Paz Mons. Rivas! Cosecha ahora todo lo que has sembrado en esta Iglesia local y en esta región sur que te tocó pastorear durante 23 años. Tu palabra siga resonando en las conciencias de los hombres y mujeres. Tu testimonio de hombre de Dios y hombre del pueblo nos estimule a ser testigos vivos del evangelio de Cristo. Que intercedas ante el Padre que te hizo su hijo, sacerdote, obispo y pastor para que nuestro compromiso con las grandes tareas de la evangelización, promoción social, la familia, la catequesis y la promoción vocacional.
    Gracias por tu vida y tu ministerio entre nosotros. Pasaste por la vida de nuestra región sur como Jesús haciendo el bien a todos y ayudando a liberar a tantos oprimidos por el mal. Dios te premie y los pobres te recuerden siempre. Tu cuerpo cayó en tierra, cual grano de trigo, pero recogemos los frutos que nos has dado en esta hora de la misión de nuestra Diócesis de Barahona. ¡Descanse en Paz Apóstol y Profeta del Evangelio y de la Vida Digna! ¡Descansas en Paz luchador incansable de las mejores causas de la Región Sur!”
    Despedimos a un hombre de Dios que supo hacer realidad su vocación sacerdotal y episcopal al servicio de nuestra Iglesia Católica. Que Dios le acoja en su Santa Morada y en estos días oremos por su alma y agradezcamos haberlo tenido tantos años entre nosotros. ADH 826

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    Quien suscribe es el Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Pastoral de Ecología y Medio Ambiente de la Conferencia del Episcopado Dominicano.

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