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    Ser con y para los otros

    Vocacionales | P. Osiris Núñez, MSC 


    Ser con y para los otros
    Te pido que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado” Jn 17, 21. Esta es la oración que Jesús eleva al Padre por nosotros; es la oración por la unidad no sólo para los cristianos, sino para toda la humanidad. Todos somos hijos de Dios y por consiguiente todos somos hermanos: la invitación es vivir como hermanos. Podríamos decir que es difícil, porque nos cuesta entendernos y convivir incluso en nuestras familias. Pero no es imposible, podemos resaltar algunos testimonios.
    Testimonio de vida
    El testimonio más idóneo es el de la primera comunidad cristiana, narrada en Hch 2, 44-45: “Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno”. Es el modelo ideal de comunidad discípula de Jesús. Puede parecer un modelo utópico por la perfección de fraternidad que se busca. También en la historia de la Iglesia podemos resaltar las comunidades de Vida Religiosa, que haciendo una opción de seguimiento de Jesús, todos sus miembros tratan de vivir como esa primera comunidad cristiana y dar testimonio de unidad en el mundo.
    Cultura de vida
    La invitación a la unidad, o a la vida común, que nos hace Jesús, puede parecer desfasada en el mundo actual. ¿Por qué? Porque cuando se habla de unidad o vida común, se piensa que se anula la individualidad para favorecer el interés común. Es un pensamiento razonable para un mundo que resalta la persona como ser individual, que busca su propia realización personal. Lo importante para el pensamiento dominante de hoy, es que tú eres una persona, única, tu vida es solo tuya y solo tú debes preocuparte de realizarte plenamente. Es un pensamiento individualista y excluyente porque el otro no está en mi proyecto. Por eso vemos que una de las características de las generaciones recientes (25 años o menos), es la exaltación del Yo pero desconexión de la comunidad y de la realidad.
    Sin embargo, la realidad del ser humano es que es un ser social, no puede sobrevivir sólo, necesita a los demás. En esta necesidad de ser con los otros es que Jesús plantea el proyecto de “ser con los otros y para los otros”. La experiencia de compartir la vida con otros y compartir la vida para los otros, otorga una satisfacción plena a la persona. El ser con y para los otros no anula la personalidad propia, más bien la enriquece y enriquece a los demás. 
    Durante unos meses he estado compartiendo en un curso con un grupo de religiosos/as: ocho nacionalidades, diferentes culturas y edades, pertenecemos a diecisiete comunidades religiosa, etc. Muchas diferencias. Sin embargo, la fidelidad y el seguimiento a Jesús, nos hacen vivir unidos, aportando cada uno sus dones y enriqueciendo a la comunidad. Conociendo como tantas personas han optado por vivir con otros y para los otros, construyendo una comunidad de amor.
    Confrontación personal
    Esta realidad compartida ¿Qué te hace reflexionar? ¿Alguna vez había pensado en esas dos maneras de ser? Ser para ti mismo o ser con y para los demás.  ¿No crees que la vida es más plena cuando se vive en comunidad? Y que esa comunidad sea una comunidad fraterna donde todos vivan y trabajen por un mundo mejor.
    Propuesta misionera
    A ti, que lees estas líneas, te invito a que no temas ser curioso/a. Acércate y conoce el estilo de vida religiosa: masculina o femenina. Es una propuesta de vida común para ser con y para los demás, siguiendo plenamente a Jesús.
    Nuestra vocación es ser Misionero del Sagrado Corazón. ¿Y la tuya?
    ADH 825

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