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    María de la Altagracia, esperanza de nuestros jóvenes

    Solidaridad / Fr. Miguel Ángel Gullón Pérez, O.P. 

    María de la Altagracia, esperanza de nuestros jóvenes

    La Carta Pastoral de la Conferencia del Episcopado Dominicano del día 21 de enero pasado titulada “Escuchar y acompañar a los jóvenes en un proceso de discernimiento. Claves para para la evangelización de los jóvenes” es un precioso documento que nuestros Pastores nos regalan para celebrar la solemnidad de Nuestra Señora de la Altagracia.
    Esta Carta Pastoral es fruto de una seria y serena reflexión sobre la realidad de nuestros jóvenes a los cuales siempre se les ha acompañado pues son el futuro de la Iglesia que peregrina en la construcción de un mundo más justo y fraterno. Ellos son portadores de sueños preñados de la mejor y genuina esperanza que nos anima a luchar por el Reino de Dios, utopía siempre presente para las personas.
    Quiero compartir dos números que me han llamado positivamente la atención al igual que a mis alumnos de Moral Social Cristiana del Centro de Teología Santo Domingo de Guzmán. Coincidimos en afirmar que son ideas y consejos clásicos, pero a la vez, tremendamente provocativos y progresistas.
    El nº 55 dice: “Sugerimos que nuestros centros educativos católicos, escuelas, institutos técnicos y universidades ofrezcan una formación que lleve al joven al diálogo con la fe y las preguntas fundamentales del mundo contemporáneo. Para esto promoveremos la creatividad juvenil en campos como la ciencia y el arte, la poesía y la literatura, la música y el deporte, el mundo digital y el de los medios de comunicación, para que puedan descubrir sus talentos y ponerlos al servicio del bien común. Al mismo tiempo, los acompañaremos en el discernimiento sobre un estilo de vida maduro, en un ambiente que les permita aprovechar las oportunidades. Les ofreceremos una formación con vistas a un compromiso sociopolítico a la luz de la doctrina social de la Iglesia que les lleven a luchar por un cambio real de las estructuras sociales injustas”. Estas palabras son oro para nuestros jóvenes y toda la sociedad dominicana pues, además de resaltar la importancia de la formación, invitan al fomento de la creatividad desde los dones singulares de cada uno en orden al bien común. El corazón de este número es la llamada al compromiso sociopolítico tantas veces ignorado o demonizado tachando a la política de ser una estructura pecaminosa y lejos del ideal evangélico. Nada más lejos de la realidad, es vital ser luz y sal en medio de la realidad en la que se vive donde los jóvenes son la savia que mantiene viva la sociedad. Más aún, nuestros Pastores ofrecen los escritos de la doctrina social de la Iglesia los cuales permanecen la mayoría de las veces en el olvido pero que son un oasis de paz en medio del desierto del mensaje único que el neoliberalismo económico nos quiere inyectar. A lo que se quiere llegar es al cambio de las estructuras injustas que absorben a la persona buena y solidaria hasta convertirla en eslabón de una cadena que destruye su propia dignidad.
    El nº 57: “Como pastores nos comprometemos a promover la vida social, económica y política orientada a la justicia, la solidaridad y la paz, siendo la voz de quienes no la tienen ante los líderes nacionales, denunciando la corrupción, el tráfico de armas, el narcotráfico y la explotación de los recursos naturales, e invitando a la conversión a quienes son responsables. Propiciaremos la inserción de los jóvenes en el mundo laboral, promoviendo iniciativas para jóvenes emprendedores” es un compromiso de la sociedad para garantizar la mejor acogida a nuestros jóvenes. En primer lugar, es vital ofrecerles los recursos necesarios para una educación primaria, media y universitaria de calidad que garantice la conclusión en fuentes de trabajo dignas. De otra forma seguiremos contemplando el éxodo hacia otros países de las formas más peligrosas como los viajes en yolas para asumir trabajos poco valorados y viviendo sujetos a la zozobra de la ilegalidad.
    Animo a leer, reflexionar y compartir esta preciosa Carta Pastoral en la familia, la Comunidad, el trabajo, la Universidad, etc., para así multiplicar el esfuerzo de Nuestros Pastores que siempre velan por los preferidos de Jesús de Nazaret. ADH 832

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