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    Caminos para la Juventud Hoy

      Exhortación Apostólica | Papa Francisco


    Caminos para la Juventud Hoy
    ¿Cómo se vive la juventud cuando nos dejamos iluminar y transformar por el gran anuncio del Evangelio? Es importante hacerse esta pregunta, porque la juventud, más que un orgullo, es un regalo de Dios: “Ser joven es una gracia, una fortuna. Es un don que podemos malgastar inútilmente, o bien podemos recibirlo agradecidos y vivirlo con plenitud.
    Dios es el autor de la juventud y Él obra en cada joven. La juventud es un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo. Es una alegría, un canto de esperanza y una bienaventuranza. Apreciar la juventud implica ver este tiempo de la vida como un momento valioso y no como una etapa de paso donde la gente joven se siente empujada hacia la edad adulta.
    Tiempo de sueños y elecciones
    En la época de Jesús la salida de la niñez era un paso sumamente esperado en la vida, que se celebraba y se disfrutaba mucho. De ahí que Jesús, cuando devolvió la vida a una “niña (Mc 5,39), le hizo dar un paso s, la promovió y la convirtió en muchacha” (Mc 5,41). Al decirle “¡muchacha levántate!” (talitá kum) al mismo tiempo la hizo más responsable de su vida abriéndole las puertas a la juventud.
    La juventud, fase del desarrollo de la personalidad, está marcada por sueños que van tomando cuerpo, por relaciones que adquieren cada vez más consistencia y equilibrio, por intentos y experimentaciones, por elecciones que construyen gradualmente un proyecto de vida. En este período de la vida, los jóvenes están llamados a proyectarse hacia adelante sin cortar con sus raíces, a construir autonomía, pero no en solitario.
    El amor de Dios y nuestra relación con Cristo vivo no nos privan de soñar, no nos exigen que achiquemos nuestros horizontes. Al contrario, ese amor nos promueve, nos estimula, nos lanza hacia una vida mejor y s bella. La palabra “inquietudresume muchas de las búsquedas de los corazones de los venes. Como decía san Pablo VI, precisamente en las insatisfacciones que los atormentan hay un elemento de luz. La inquietud insatisfecha, junto con el asombro por lo nuevo que se presenta en el horizonte, abre paso a la osadía que los mueve a asumirse a sí mismos, a volverse responsables de una misión. Esta sana inquietud que se despierta especialmente en la juventud sigue siendo la característica de cualquier corazón que se mantiene joven, disponible, abierto. La verdadera paz interior convive con esa insatisfacción profunda. San Agustín decía: Señor, nos creaste para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti.
    Tiempo atrás un amigo me preguntó qué veo yo cuando pienso en un joven. Mi respuesta fue que veo un chico o una chica que busca su propio camino, que quiere volar con los pies, que se asoma al mundo y mira el horizonte con ojos llenos de esperanza, llenos de futuro y también de ilusiones. El joven camina con dos pies como los adultos, pero a diferencia de los adultos, que los tienen paralelos, pone uno delante del otro, dispuesto a irse, a partir. Siempre mirando hacia adelante. Hablar de venes significa hablar de promesas, y significa hablar de alegría. Los jóvenes tienen tanta fuerza, son capaces de mirar con tanta esperanza. Un joven es una promesa de vida que lleva incorporado un cierto grado de tenacidad; tiene la suficiente locura para poderse autoengañar y la suficiente capacidad para poder curarse de la desilusión que pueda derivar de ello.
    Algunos venes quizás rechazan esta etapa de la vida, porque quisieran seguir siendo niños, o desean una prolongación indefinida de la adolescencia y el aplazamiento de las decisiones; el miedo a lo definitivo genera así una especie de parálisis en la toma de decisiones. La juventud, sin embargo, no puede ser un tiempo en suspenso: es la edad de las decisiones y precisamente en esto consiste su atractivo y su mayor cometido. Los venes toman decisiones en el ámbito profesional, social, político, y otras s radicales que darán una configuración determinante a su existencia. También toman decisiones en lo que tiene que ver con el amor, en la elección de la pareja y en la opción de tener los primeros hijos.
    Pero en contra de los sueños que movilizan decisiones, siempre existe la amenaza del lamento, de la resignación. Esto lo dejamos para aquellos que siguen a la “diosa lamentación[…]. Es un engaño: te hace tomar la senda equivocada. Cuando todo parece paralizado y estancado, cuando los problemas personales nos inquietan, los malestares sociales no encuentran las debidas respuestas, no es bueno darse por vencido. El camino es Jesús: hacerle subir a nuestra barca y remar mar adentro con Él. ¡Él es el Señor! Él cambia la perspectiva de la vida. La fe en Jesús conduce a una esperanza que va s allá, a una certeza fundada no sólo en nuestras cualidades y habilidades, sino en la Palabra de Dios, en la invitación que viene de Él. Sin hacer demasiados cálculos humanos ni preocuparse por verificar si la realidad que los rodea coincide con sus seguridades. Remen mar adentro, salgan de ustedes mismos.
    Hay que perseverar en el camino de los sueños. Para ello hay que estar atentos a una tentación que suele jugarnos una mala pasada: la ansiedad. Puede ser una gran enemiga cuando nos lleva a bajar los brazos porque descubrimos que los resultados no son instantáneos. Los sueños s bellos se conquistan con esperanza, paciencia y empeño, renunciando a las prisas. Al mismo tiempo, no hay que detenerse por inseguridad, no hay que tener miedo de apostar y de cometer errores. Sí hay que tener miedo a vivir paralizados, como muertos en vida, convertidos en seres que no viven porque no quieren arriesgar, por- que no perseveran en sus empeños o porque tienen temor a equivocarse. n si te equivocas siempre podrás levantar la cabeza y volver a empezar, porque nadie tiene derecho a robarte la esperanza.
    venes, no renuncien a lo mejor de su juventud, no observen la vida desde un balcón. No confundan la felicidad con un din ni vivan toda su vida detrás de una pantalla. Tampoco se conviertan en el triste espectáculo de un vehículo abandonado. No sean autos estacionados, mejor dejen brotar los sueños y tomen decisiones. Arriesguen, aunque se equivoquen. No sobrevivan con el alma anestesiada ni miren el mundo como si fueran turistas. ¡Hagan lío! Echen fuera los miedos que los paralizan, para que no se conviertan en venes momificados. ¡Vivan! ¡Entréguense a lo mejor de la vida! ¡Abran la puerta de la jaula y salgan a volar! Por favor, no se jubilen antes de tiempo.
    Las ganas de vivir y experimentar
    Esta proyección hacia el futuro que se sueña, no significa que los venes estén completamente lanzados hacia adelante, porque al mismo tiempo hay en ellos un fuerte deseo de vivir el presente, de aprovechar al máximo las posibilidades que esta vida les regala. ¡Este mundo está repleto de belleza! ¿Cómo despreciar los regalos de Dios?
    Contrariamente a lo que muchos piensan, el Señor no quiere debilitar estas ganas de vivir. Es sano recordar lo que enseñaba un sabio del Antiguo Testamento: “Hijo, en la medida de tus posibilidades trátate bien […]. No te prives de pasar un buen día (Si 14,11.14). El verdadero Dios, el que te ama, te quiere feliz. Por eso en la Biblia encontramos también este consejo dirigido a los venes: “Disfruta, joven, en tu juventud, pásalo bien en tus años venes. Aparta el mal humor de tu pecho” (Qo 11,9-10). Porque es Dios quien “nos provee espléndidamente de todo para que lo disfrutemos (1 Tm 6,17).
    ¿Cómo podrá ser agradecido con Dios alguien que no es capaz de disfrutar de sus pequeños regalos de cada día, alguien que no sabe detenerse ante las cosas simples y agradables que encuentra a cada paso? Porque “nadie es peor del que se tortura a mismo (Si 14,6). No se trata de ser un insaciable que siempre está obsesionado por más y más placeres. Al contrario, porque eso te impedirá vivir el presente. La cuestión es saber abrir los ojos y detenerte para vivir plenamente y con gratitud cada pequeño don de la vida. ADH 835
    Tomado del Capítulo V de la Exhortación Apostólica Post sinodal “Christus Vivit” (Cristo Vive), nn. 134-146. Disponible en Amigo del Hogar y en las parroquias y librerías católicas.


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