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    Una vida con sentido

    Vocacionales | Osiris Núñez, MSC 


    Una vida con sentido
    1 Re 19, 4-8. “El caminó por el desierto una jornada de camino, y fue a sentarse bajo una retama. Se deseó la muerte y dijo: «¡Basta ya, Yahveh! ¡Toma mi vida, porque no soy mejor que mis padres!...; El ángel del Señor le dijo:«Levántate y come, porque el camino es demasiado largo para ti»”.
    La vida del ser humano es un don de Dios para realizar una misión. Por lo tanto, no se trata de nacer y morir, sino que hay que desarrollar la vida propia, buscando el sentido de la misma y que este sentido nos lleve a la satisfacción personal y al encuentro con nuestro creador. En la Sagradas Escrituras vemos como algunas personas salen en búsqueda del sentido de su vida, hasta que Dios les ilumina y le encomienda alguna misión. La cita bíblica que hemos colocado al principio nos presenta al profeta Elías, que un momento de vagar por el desierto, siente que ya basta, que ya no hay razón y sentido para seguir viviendo. Sin embargo, Dios le concede el alimento, la fuerza y sobre todo, clarifica su horizonte para que él pueda cumplir con su misión.
    Testimonio
    Ya hemos dicho que en la Biblia se nos presentan muchos personajes que poco a poco van encontrando el sentido de su vida. También en el transcurso de la historia son muchos los testimonios de personas que luego de procesos de reflexión y de vivencias logran encontrar un sentido a su existencia.
    Un ejemplo muy llamativo en la historia de la Iglesia es San Agustín de Hipona. Era un joven sumamente inteligente, que había estudiado y sobresalido bastante, pero no encontraba nada en lo que se sintiera realizado como persona, nada que le diera sentido a su existencia, hasta que luego de unas vivencias personales conoce el mensaje de Jesús, y transforma su vida al servicio de la Iglesia y de su comunidad entregándose por completo.
    Cultura de vida
    La búsqueda del sentido de la vida es un tema de sumo interés, principalmente para los jóvenes de hoy, porque está ausente. Es decir, no hay una búsqueda de realización personal, no hay una inquietud profunda por responder al sentido de la existencia propia. Contrario a esto, hay una cultura por las búsquedas de satisfacciones muy superficiales y pasajeras, que realmente no responden al sentido profundo de la existencia de la persona. Por eso vemos que para muchos la felicidad está en poseer cosas, mostrar en las redes la vida personal, estar al día en las tendencias de la sociedad, etc.; sin embargo, hay un vacío donde la persona buscará respuestas que no les responderán a sus inquietudes existenciales.
    Por eso se hace tan necesario hoy, que miremos la vida propia como un camino que tiene un horizonte y allá en el horizonte hay una meta que alcanzar. Esa meta le debe dar sentido a nuestra vida ordinaria, a nuestros esfuerzos y sacrificios, a luchar cada día para alcanzar aquello que nos llena de plenitud y satisfacción plena y nos realiza como persona. La búsqueda del sentido de la vida en valores sublimes debe llenarnos a ser personas plenamente realizadas.
    Confrontación personal
    Al leer estas líneas, deben surgirnos algunas inquietudes: ¿Qué me hace feliz? ¿Cuál es el sentido de mi existencia? ¿Cuál es la meta en el horizonte de mi vida? ¿Eso que quiero, realmente hace sentir realizado como persona? Te invito a que tomes un espacio y reflexione sobre estas líneas compartidas y responderte tantas preguntas que van surgiendo. Quizás Dios te está invitando a servirle al igual que el profeta Elías; a encontrar el sentido de la vida en el servicio y entrega a Dios en las demás personas. ADH 826

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