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    La Sabiduría

    Valor del Mes | P. Juan Tomás García, msc


    La Sabiduría

    Lema: “Lámpara es tu palabra para mis pasos” (salmo 119, 105)

    Se nos propone el valor de la Sabiduría para este mes de julio. La sabiduría es una gracia que nos permite ver las cosas con los ojos de Dios, a sentir como Dios y a hablar con sus palabras. Hace un tiempo el Papa decía, “Nosotros tenemos dentro, en nuestro corazón, al Espíritu Santo; Le brindamos atención en nuestra conciencia o lo ignoramos. Si escuchamos al Espíritu Santo, Él nos enseña este camino de la sabiduría, nos regala la sabiduría que es ver con los ojos de Dios, sentir con los oídos de Dios, amar con el corazón de Dios, juzgar las cosas con el juicio de Dios. Esta sabiduría es un don del Espíritu, y todos nosotros podemos alcanzarla. Nos toca pedirla al Espíritu Santo”. La experiencia y la memoria juegan un rol muy importante en el ejercicio de la sabiduría.

    La sabiduría es lo que hace el Espíritu Santo en nosotros para que veamos todas las cosas con los ojos de Dios. Es éste el don de la sabiduría. “El corazón de una persona sabia tiene el gusto y el sabor de Dios. ¡Y cuán importante es que en nuestras comunidades haya cristianos así! Todo en los sabios habla de Dios y se convierte en signo vital de su presencia y de su amor. Y esta es una realidad que no podemos improvisar, que no podemos obtener de nosotros mismos: es un don que Dios da a los que se hacen dóciles al Espíritu Santo”.

    La sabiduría viene del Espíritu
    La Sabiduría no se obtiene, sino que se pide a Dios en nuestra oración personal y comunitaria. Pidiendo al Señor que nos dé el Espíritu Santo y que nos dé el don de la sabiduría, de aquella sabiduría de Dios que nos enseña a mirar con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios, a hablar con las palabras de Dios. Ella nos impulsa hacia adelante, nos acompaña en la construcción de la familia y de la Iglesia”. La Biblia nos enseña que Dios es la fuente primordial de toda sabiduría, pues sus enseñanzas “son la fuente de la sabiduría, y ella nos enseña a obedecer sus mandamientos eternos” (Eclesiástico, 1, 5). Muchos hombres y mujeres de ciencias e innumerables académicos piensan y enseñan que lo espiritual y lo religioso es propio de gente ignorante o desprovistos de capacidad para pensar. Nosotros creemos que, guiándonos por la persona, el mensaje y el estilo de Jesús, alcanzamos verdadera y eterna sabiduría.

    Quien actúa con sabiduría se preocupa por obrar bien: es prudente, sortea los problemas o los sabe resolver, evita situaciones riesgosas y valora el sentido de la existencia. Por esto, la sabiduría está dotada de un profundo sentido moral: su valor radica en que quien actúa con sabiduría estará siempre guiado por el bien, pues de lo contrario, deja de considerarse como tal. En este sentido, la sabiduría es característica de aquellos que observan una conducta prudente y sensata en su vida: en los negocios, el trabajo, la familia, las decisiones. Piensan con responsabilidad y asumen compromisos tendentes a superar los males que desfavorecen el bienestar integral de las comunidades.

    La sabiduría guía nuestra conducta cotidiana
    La sabiduría se vive, también, en comunidad. Las comunidades cristianas obtienen sabiduría leyendo, meditando y profundizando en ellas la palabra de Dios, buscando vivir el mandamiento del amor. En comunidad se aprende a reaccionar positivamente ante los contratiempos e inconvenientes que se presentan en nuestra convivencia. Frente a los enojos, conflictos, persecuciones, calumnias, los sabios recuerdan la actuación de Jesús: “Bendigan a los que los maldicen, y oren por los que los calumnian.” Lucas 6, 28. Así se practica la sabiduría, no buscando responder mal por mal.
    Crecer en sabiduría, significa irse liberando de la indiscreción, de las reacciones tontas, o de hacer las cosas “en el calor del momento” para más tarde lamentarlo. La sabiduría permite ver claramente, conocer la manera correcta de hablar y actuar, de conocer el consejo adecuado para dar cuando otros necesitan ayuda y amor; para ver la verdad de un asunto, y para juzgar entre el bien y el mal. Vuelve la vida diligente, significativa hace la vida clara, simple y directa. La sabiduría libera de la inutilidad, del sinsentido, de incompetencia, del vacío, de la vanidad, de la superficialidad y del vivir en vano. Nos permite apreciar lo que es verdadero y noble.

    Discernir y optar por el bien
    El valor de la sabiduría impulsa a reflexionar buscando conclusiones que ayuden en el discernimiento de la verdad, de lo bueno, y, luz para rechazar todo lo que nos puede perjudicar. La sabiduría prepara para acoger a Dios y cómo nos ama. Desarrolla conciencias fuertes, para convertirlas en personas que actúan con buen juicio ante las adversidades que la vida presenta. Nadie nace sabiendo, la sabiduría crece confiando en Dios, se acepta y se adquiere en el ejercicio de la vida, en la experiencia cotidiana. Investigando, trabajando, actuando; posibilita la toma de conciencia y de decisiones.

    El valor de la sabiduría nos arma de actitudes juiciosas para afrontar problemas, evitar o impedir peligros y alcanzar metas. Por eso es tan importante abrirnos al valor de la sabiduría que nos permite procesar lo que viene de nuestro entorno, rechazando los pensamientos y propuestas engañosas, falsas e inadecuadas. Al mismo tiempo, podemos plantear, de manera serena, todo lo que consideramos juicioso para el bien común sin descalificaciones pasionales ni ataques que hagan imposible la convivencia humana.

    En estos tiempos de tantas acciones contrarias al deseo más sensato de la humanidad, de tantas guerras de todo tipo; en esta época de conflictos, mentiras, homicidios y toda clase de luchas y discusiones, nos vendría muy bien preocuparnos un poco más por crecer en sabiduría. Ésta nos ayudaría a buscar soluciones más agradables y de menos consecuencias negativas para todos. No es lo mismo actuar motivados por el odio, los resentimientos, el rencor, las ganas de venganza y la desesperación, que detenerse, pensar y decidir vivir la paz de quienes tienen esperanza activa, en medio de las tormentas de este mundo. ADH 836.

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